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| Un italiano muy coqueto |
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Rubén Hernández y Alejandra R. Barragán
El Universal Jueves 02 de julio de 2009 |
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Entrevista con Paolo Paoloni, de la bodega Villa Montefiori en Baja California, donde cultiva cepas ítalas autóctonas
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"Villa Montefiori tiene vinos bien definidos, con taninos muy redondos, fáciles de tomar. Suelo llamarlos ‘vinos coquetos’, dueños de una estructura y fortalecidos por la propuesta en las variedades de uvas. Añadamos a ello un control de los minerales, a partir del uso de agua de estupenda calidad", advierte en entrevista Paolo Paoloni, director y enólogo de la bodega bajacaliforniana, durante la presentación en Dumas Gourmet de Nerone, el primer vino de la línea Premium Paoloni. Pionero en el cultivo de cepas italianas en México, el especialista oriundo de Le Marché, región del centro de Italia, cerca de la Toscana, continúa de este modo un esfuerzo que ha cobrado reconocimiento y adeptos con productos como su Montepulciano y su Sangiovese Rosado; además del Cabernet Sauvignon y el Shiraz Merlot. "Manejamos un amplio espectro de productos. Tenemos propuestas en precio y calidad tanto para un segmento joven, que se está iniciando en el mundo del vino, como para conocedores que buscan expresiones complejas, conceptos más desarrollados en términos de estructura y evolución de sabores y aromas", precisa el especialista que llegó a México en 1985, contratado por Feruccio Cetto, para dirigir la vinícola Valle Redondo en Aguascalientes. Recuerda que a raíz de una invitación de Camilo Magoni, enólogo de L.A. Cetto, visitó el Valle de Guadalupe, quedando tan entusiasmado por el lugar que adquirió tierras en la zona de Toros Pintos, del mismo valle. TRABAJO LLENO DE FE Dedicado inicialmente a la producción de uva para la venta a otras bodegas, en 1998 comenzó la plantación de variedades traídas de Italia, como Sangiovese, Montepulciano, Nebbiolo, Aglianico y Brunello. "Ahora me siento más que nada mexicano. Cuando estoy en Italia hay cosas que ya me resultan lejanas. Nadie me dijo que invirtiera en México. Recordemos que hace poco más de 10 años nadie hablaba de la promesa del vino nacional. Fue un entusiasmo propio, una intuición, hasta mi esposa, que siempre me ha apoyado, me reclamó cuando le plantee la posibilidad de vivir en el Valle de Guadalupe. "No sé si he sido el primero el sembrar cepas italianas, ni creo que tampoco importe, no me voy a pelear por esas cosas. En todo caso lo que importan son los resultados. Lo que sí puedo decir es traje los sarmientos directamente desde Italia, por avión, dándoles todos los cuidados necesarios para su conservación. Muchas de las uvas producidas han sido utilizadas por otras bodegas, como LA Cetto, por supuesto", resalta. Carlo Paoloni, padre de Paolo, se dedicó por muchos años a la crianza de caballos nobles. En los años 50 del siglo XX adquirió una propiedad en Chiarino Recanati, iniciándose, junto con su familia, en la actividad vinícola. "Llevo cerca de 45 años involucrado en el mundo del vino. Crecí aprendiendo sobre él y los secretos de su producción. Eso mismo me llevó a estudiar Agronomía y a especializarme en enología, en la Universidad de Perugia. "Estoy seguro de que tenía un destino en este país. Nunca me he arrepentido de establecerme en este país y empezar un concepto propio en torno del vino. Italia tiene miles de bodegas, creo que hay mucho que decir en un país que despunta en ese sentido, como es el caso de México", destaca. La tradición familiar italiana, junto con los conocimientos profesionales y la experimentación en la tierra bajacaliforniana fue la base para el lanzamiento de los primeros vinos de la bodega, en 2005. TIERRA DE PROMESAS Convencido de que la crónica del vino se escribe con oficio, pero sin olvidar que la naturaleza tiene la última palabra, Paolo comenta que la evolución del Valle de Guadalupe ha sido muy rápida y definitiva en el plano económico. "La tierra ha incrementado de forma drástica su valor y prácticamente es imposible conseguir más terrenos, sobre todo tomando en cuenta la limitada extensión del área. No estamos hablando de zonas como Napa, por ejemplo. Sin embargo existen otros valles en los que puede extenderse la actividad vinícola bajacaliforniana. "Lo importante es pensar en las posibilidades que puede plantear este crecimiento. Pienso sobre todo en el caso de la actividad turística. Creo que se está trabajando seriamente en hacer del Valle un polo de atracción y de desarrollo. Se ha definido el concepto de rutas del vino, añadiendo a ello el soporte de infraestructura hotelera y de estupenda oferta gastronómica", dice. Desde su punto de vista hay un importante avance, sin olvidar la necesidad de que los mexicanos se acerquen más a la cultura del vino, así como de que en el extranjero dejen de pensar en que el vino mexicano es caro: "A lo mejor también tenemos que convencerlos de que nuestro vino vale lo que cuesta". Agrega que lo importante es que la gente siga volteando la vista a los viñedos bajacalifornianos: "El interés de nacionales y extranjeros por asistir a nuestras fiestas, a nuestras vendimias, es un estupendo síntoma. La gente debe seguir convenciéndose de que no hay reunión más amena, sea de familia, de amigos, y aún de extraños, que la que se logra en torno a una botella de vino. Es una magia que no se puede explicar, pero que tampoco se repite en torno a cualquier otra bebida". Precisa que la historia del vino se basa en una aventura anual en la que influyen múltiples factores. Es un ciclo en el que cuando las cosas no salen tan bien, no sólo es responsabilidad del vinicultor. Hay que considerar la mano de la naturaleza. "Frente a lo bueno y lo malo, siempre hay que esperar lo que venga en el siguiente ciclo. México tiene una historia vinícola muy reciente, pero vamos por muy buen camino. Puntos como el Valle de Guadalupe son parte esencial de esa promesa", puntualiza Paolo. mjgj |
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