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| En 290 kilómetros de historia |
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Jessica Servín El Universal Lunes 22 de junio de 2009 |
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Desde el pueblo de Altar hasta Ímuris, se encuentra la huella
del Padre Kino
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El horizonte se llena de sahuaros, llevamos 20 minutos en la autopista desde que salimos de Hermosillo. Son las 8:30 de la mañana y según nuestro mapa vamos sobre la carretera 15, esa que nos llevará directo a la primera misión: Cocóspera.
Nos faltan más de 90 minutos para iniciar la herencia que el Padre Kino legó a los sonorenses
Rentamos un auto desde el aeropuerto. Llegamos a lo alto de un peñasco, en el valle de Nuestra Señora del Pilar. De la Misión de Cocóspera sólo observamos su fachada que está sostenida por vigas. Su estilo es barroco.
Continuamos a San Ignacio de Cabórica, un templo del siglo XVII. Dentro de la iglesia está San Francisco. La figura es de porcelana, de tamaño original, se dice que quien no pueda cargar al santo no tiene verdadera fe.
Aquí están los restos mortales del Padre Kino, quien falleció en 1711. Al término de la visita
El siguiente punto es Tubutama donde está la misión de San Pedro y San Pablo, ambas coloniales y blancas. Aquí vivió el referido Eusebio Kino. Hoy su casa es un museo que exhibe
Oquitoa es la quinta de las Misiones. La distancia entre una y otra es de no más de 15 minutos.
El itinerario dice que sigamos a Pitiquito donde está la iglesia de San Diego, construida en 1694. Su particularidad es que en ella hay una extraña serie de dibujos apocalípticos.
Finalmente está Caborca, una de las más hermosas y quizás la de mayor área. Su fachada
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