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| Bodegas catalanas extienden sus vides a México |
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Rubén Hernández y Alejandra Ramírez/enviados
El Universal Jueves 30 de octubre de 2008 |
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Productores impulsan acercamientos e intercambios con nuestro país
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VILA FRANCA DEL PENEDÉS, España.- "Es de bien nacidos ser agradecidos. México siempre ha sido muy generoso con los catalanes, especialmente en tiempos difíciles. Hay un lazo afectivo que nos une y que es tiempo de fortalecerlo a través de nuestras relaciones culturales, en las que, por supuesto, la gastronomía y el vino juegan un papel preponderante", advierte Josep Baeta, presidente de la Asociación de Sommeliers de Barcelona y organizador de la II Muestra de Vinos de Catalanes en México, que se realizará en la capital mexicana el jueves 6 de noviembre, en las instalaciones del Centro Culinario Ambrosía. Esta muestra está en sintonía con las actividades realizadas el Gobierno de la Generalitat de Cataluña, presidida por José Montilla, así como por el Instituto Catalán de la Viña y el Vino (INCAVI), que en días recientes invitó, bajo la coordinación de Baeta, a una delegación de sommeliers mexicanos para conocer más a fondo las condiciones de las áreas vitivinícolas de la región. Los invitados fueron Luis Cárdenas, presidente de la Asociación Mexicana de Sommeliers; Sergio César Ibarra, Mejor sommelier mexicano 2008; Claudia Juárez, Mejor joven sommelier 2008; y Ricardo Espíndola, sommelier de Freixenet México. Por su parte el Consorcio para la Promoción Comercial de Cataluña (COPCA) y la Promotora de Exportaciones Catalanas (PRODECA) recibieron asimismo a representantes de empresas mexicanas como El Palacio de Hierro, La Castellana y La Naval, entre otras, con el fin de abrir o reafirmar, según el caso, los lazos comerciales. Universo propio Con 11 denominaciones de origen (D.O.) y una diversidad de suelos y microclimas donde los sistemas de cultivo por terrazas predominó durante siglos, la industria vinícola catalana es un mosaico de expresiones donde a la par de los grandes consorcios como Freixenet, Torres y Codorniu, trabajan afanosamente una serie de pequeñas y medianas bodegas, varias de ellas con presencia en México, que producen vinos con identidad propia. Los contrastes de historias y procesos no dejan de ser significativos, como el caso de Parxet, bodega situada en la D.O. de Alella, donde la producción está enmarcada por un perímetro urbanístico en el que, como dice Mont Valera, directora de Exportaciones, "conviene más sembrar residencias que vides". En un sentido casi opuesto están los vinos del Priorat, donde casas como Pinord, en un contexto más rural, desarrollan cultivos biodinámicos de las vides, haciendo incluso de los ciclos lunares un factor esencial en la labranza, a la manera de las culturas antiguas. "Es algo más allá de la ecología, es adentrarse en los secretos de la naturaleza y buscar la armonía con la tierra. Hay que mantener y ayudar a la naturaleza", dice Joseph Ma. Feitas, directivo de la bodega. Cataluña comprende asimismo la D.O. genérica de Cava, siendo productor del 98% del total que se produce en España de esta bebida. Sin embargo la pasión vinícola va más allá del espumoso, y de un lado a otro de las D.O. rebulle el interés por la búsqueda y la experimentación con uvas locales, como la Samsó y la Trepat, en tintos; así como la Xarel-lo y la Picapoll, en blancos. Delfí Sanahuja, enólogo de Castillo de Perelada, en Empordá, es ejemplo de esta generación de renovadores; al igual que Joan Soler, de Masies d’ Avinyó, en la de D.O. de Plan de Bages, quien después de acontecimientos históricos como la filoxera, y más recientemente la crisis textil, piensa que "hay que dejarse llevar por la sabiduría de la tierra y confiar en la respuesta que las distintas variedades de uvas van dándonos". Hasta el corazón La vinicultura no es sólo una labor económica para los catalanes, es un enlace con la naturaleza y con los hombres, como indica Xavier Pié, presidente de la D.O. Cataluña. "Hemos aprendido a ser innovadores, modernos y flexibles; pero no perdemos de vista la tradición de nuestros abuelos, y que detrás de una botella no hay sólo una viña, sino personas. De ahí nuestro interés por mejorar los precios de la uva, siempre en la sintonía de obtener mejor producto". "La calidad se distingue como una de las preocupaciones actuales de los vinicultores; si tienes una estupenda uva tienes resuelto mucho más del 50% del reto. Pero lo más delicado viene después. Te das cuenta que incluso ya no sólo es cuestión de elegir barrica de roble francés. Tienes que adentrarte incluso en quién hace la barrica, de que bosque proviene la madera, cuándo se hizo. Son detalles que marcan en definitiva el resultado final", precisa la enóloga Isabel Marza, de Castell del Remei y Cérvoles, en Costers del Segre. "El vino de Cataluña no va solo", resalta Antoni Casablancas, director general de Clos-Montblanc, en Conca de Barberá, una D.O. de clima severo y contrastante. "Queda claro que metemos el paisaje en cada botella de vino. No sólo vendemos vino, ponemos el espíritu de una bodega. Eso es lo que proyectamos internacionalmente". Por su parte Josep Baeta destaca: "Trabajamos muy duro a favor de nuestros vinos. Es un camino en el que hay mucho que hacer para abrir mercados y creo que en ese sentido podemos hacer mucho con México en una relación de ida y vuelta, donde ambos obtengamos buenos resultados. Es lamentable que por razones culturales España sea un mercado difícil para los catalanes". Factores como éste han determinado como Piñol, en la D.O. Tarragona, hayan expandido increíblemente su mercado a ultramar, teniendo prácticamente el 90% de su mercado en países como Finlandia, Hong Kong, EU, Japón y Alemania. "Han pasado los tiempos de las bodegas donde se despachaba vino a granel. Nosotros mismos somos ejemplo de una empresa familiar que ha tenido que modernizarse y adquirir tecnología. En nuestro inmueble aún pueden distinguirse las huellas de los pequeños negocios que existía hace una veintena de años", dice Josefina Piñol, cuyo L’Avi Arrufí 2005 Tinto goza de 91 puntos en la Guía Peñín. El interés por redimensionar la actividad toma diversos frentes. Terra Alta, una D.O. surgida a inicios de los 80, trabaja no sólo en la optimización de sus vinos, sino también en consolidar su concepto de ecoturismo, a través del establecimiento de un museo del vino y la definición de La Ruta del Vino, que quedará cimentada en 2009, como advierte Jaime Martí, secretario del Consejo Regulador. "Hay una inmensa tradición, pero no podemos pasar por alto la necesidad de estar actualizados. Empresas como Freixenet y Torres cuentan con sus propios centros de investigación; pero hay otras bodegas que no pueden hacerlo. De ahí la importancia del INCAVI en la difusión de tecnología, la investigación y el desarrollo de acciones estratégicas que permitan la sustentabilidad y nos lleven, como lo esperamos, a una verdadera definición de una viticultura ecológica", precisa Marcel Gabarró i Casanovas, del INCAVI.
Vinos con historia Aspectos relevantes en torno al surgimiento y el desarrollo de la vitivinicultura en Cataluña
El vino forma parte de la cultura, la tradición y el paisaje de Cataluña desde hace más de 2 mil 300 años. La vid llegó por el Mediterráneo de la mano de las civilizaciones griega y romana a través de Empúries y Tarraco. El vino catalán alcanzó una gran notoriedad durante la época del Imperio Romano y su producción llegó a ser muy apreciada. Desde entonces, las cepas, las viñas, las bodegas y el vino han configurado el entorno, convirtiéndose en protagonistas de nuevas formas de comercio, desarrollo cultural y cohesión social. Los siglos XII y XIII fueron testimonio del resurgir de la viticultura y la enología gracias a monasterios como el benedictino de Sant Pere de Rodes, los cistercienses de Poblet y Santes Creus y el cartujano de Escala Dei, que contribuyeron a la aclimatación de algunas variedades de cepas, que actualmente son la madre de grandes vinos, y al desarrollo de una cultura que no ha cesado de prosperar. En los siglos XVIII y XIX el cultivo de la viña se convierte en uno de los principales motores de la economía del país, con una fuerte demanda de los vinos y aguardientes catalanes en América y el resto de Europa. Tras el desastre que significó la plaga de la filoxera, Cataluña experimentó un nuevo despertar vitivinícola durante el primer tercio del siglo XX a través del cooperativismo agrario. Los arquitectos modernistas construyeron la imagen monumental que necesitaban las bodegas cooperativas, denominadas "catedrales del vino", para simbolizar el renacimiento de la agricultura. En la actualidad, la viticultura catalana se encuentra en el mejor momento de su historia, con un poderoso sector vitivinícola, líder en la producción de vinos de calidad en todo el Estado español, cuya experiencia, maestría y buen hacer sitúan a los vinos catalanes entre los mejores del mundo. Una forma de vida El vino y el cava representan el tercer sector más importante de la industria agroalimentaria catalana, con unas ventas netas que superan los 1.100 millones de euros anuales. Por lo que se refiere al comercio exterior, Cataluña exporta por valor de 450 millones de euros, fundamentalmente a los países del resto de Europa, Estados Unidos y Japón. El sector del vino en Cataluña tiene una estructura muy sólida y competitiva, con 17 mil 221 viticultores, 545 bodegas embotelladoras, y para el que trabajan un conjunto de más de 22 mil personas, ya sea en los viñedos, las bodegas o en el sector servicios. Es preciso destacar el incremento de la superficie de viñedos inscrita en las denominaciones de origen, que responde al incremento de la calidad de la uva producida en estas zonas. La superficie inscrita es de 77 mil 257 ha. La producción de vino calificado es de 1,450,179 hl. En este sentido, también se debe tener en cuenta la producción de 1,609,020 hl. de vino para cava, por lo que la producción total de vino calificado en Cataluña es de más de 3 millones de hl.
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