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| Escenarios de élite |
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Juan José Rodríguez
El Universal Domingo 19 de octubre de 2008 |
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La capital estadounidense tiene su propio encanto. No es el glamour wannabe de Los Ángeles ni la opulencia de Nueva York
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juan.rodriguez@eluniversal.com.mx La capital estadounidense tiene su propio encanto. No es el glamour wannabe de Los Ángeles ni la opulencia de Nueva York. Pero es una urbe cosmopolita donde están representadas todas las nacionalidades del planeta. Es una distrito independiente entre los estados de Virginia y Maryland, aunque para efectos de convivencia, la población del área metropolitana incluye también las regiones circunvecinas y suman poco más de cinco millones de personas. La ciudad está dividida en cuatro sectores, cual un rombo cortado por el río Potomac a partir del edificio del congreso. La parte que todos conocemos –gracias al cine- es el sector noroeste, con un gran corredor de edificios públicos que van del río al congreso y es conocido como el "National Mall". Ahí podemos encontrar los distintos museos del Instituto Smithsoniano, el edificio de la OEA, la Cruz Roja, el Departamento de Estado o –como parte de la historia estadounidense aún no cerrada- los monumentos a los veteranos de Corea, Vietnam, y la II guerra mundial, De la Casa Blanca al Capitolio corre la famosa avenida Pensylvannia donde se encuentran la Galería Nacional, el Departamento de Justicia o el siempre polémico FBI, lo cual ya constituye un atractivo turístico por sí mismo.
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