Al agua con todo y llanta
Viridiana Ramírez
El Universal

Domingo 12 de octubre de 2008

Emoción que te arrastra por la corriente de un río turquesa

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Toma tu llanta y lánzate al agua. Sobre ella, boca abajo o sentado, déjate llevar por la corriente del río Santa María en la Huasteca potosina. Esta modalidad se llama tubing y puedes hacerla en aguas de color turquesa que de pronto se convierten en rápidos que hasta un niño puede atravesar sin ningún problema.

El lugar: en el kilómetro 29 de la carretera que lleva de Ciudad Valles a Río Verde, San Luis Potosí. La temporada cargada de adrenalina comienza ya en noviembre.

Un vehículo 4x4 pasa por ti y tus acompañantes a Ciudad Valles para internarte en la selva y llevarte a El Sauz, un pequeño hotel enfrente de la cascada de Tamul, donde pasarás la noche.

Para empezar

Elige entre rafting o un mega descenso por mil escalones que se encuentran pegados a la cascada para mirarla desde otro ángulo.

Después viene la hora de la comida con un buffet de platillos mexicanos e italianos.

 

 

Lo mejor está por comenzar

El río Santa María espera ansioso y caudaloso mientras te colocas el casco, los guantes y el imprescindible chaleco salvavidas (aunque sepas nadar). Luego toma una llanta inflable que durante dos horas te servirá de balsa.

El agua es amigable contigo , por eso deja que veas su color turquesa y sientas su temperatura que, según se presume, no baja de los 25 grados incluso en esta temporada.

Una vez sentado en la dona, te impulsas con las manos para ir avanzando hasta dejarte llevar por la corriente.

Es un paseo escénico. Verás volar muchas aves, entre ellos varios loros, sobre un cañón de 25 metros de altura.

A la orillas contemplas la tupida vegetación de un verde profundo moldeado por grandes hojas y árboles muy altos.

Aunque el río este calificado como categoría II por ser de aguas relativamente tranquilas, pasarás por tres rápidos seguidos, juntos los llaman "el triple". Son fáciles de librar hasta por un niño de cinco años.

 

 

Después de ocho kilómetros, el río te lleva a La Boquilla, una de las siete aldeas del tour operador que organiza este recorrido.

El paisaje es espectacular al ver 20 chorreras o mini cascadas de dos y tres metros de altura que han formado pozas naturales. Se aprovechan para echarse unos clavados y nadar, o simplemente reposar bajo la caída de agua para recibir un masaje de espalda por las manos de la naturaleza.

Los domingos, antes de regresar a casa, compartirás con tus compañeros de travesía de un brunch dominical, con mimosas incluidas (champaña y jugo de naranja). Nada mejor para decir adiós.

 

 

 



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