Exportan la afición por la lucha libre
Ana María Rosas / El Universal
El Universal

Lunes 16 de junio de 2008

En 1933 don Antonio Martínez diseñó en piel de cabra la primera máscara de lucha libre; hoy su hijo y su nieto han llevado su invento a todo el mundo y buscan industrializar el negocio

Aquel que no haya visto una película de luchadores que lance la primera piedra. Y es que la lucha libre se ha convertido en parte de la idiosincrasia del mexicano, incluso en esta época acudir a la arena y ver a rudos contra técnicos es moda entre jóvenes de todos los estratos sociales y hasta en las bodas reparten máscaras cuando tocan aquella canción de El santo El Cavernario, Blu Demon y el Bull Dog, que interpreta La Sonora Santanera.

El espectáculo de la lucha libre inició en Estados Unidos, pero desde que llegó a México se hizo muy popular. En aquel tiempo se peleaba sin máscaras y fue hasta 1933 que un luchador norteamericano llamado el Ciclón McCaine se acercó a don Antonio Martínez, un moldeador de calzado de Guanajuato, que ya empezaba a diseñar botas especiales para la lucha libre, y le solicitó que le diseñara una "capucha" que no le pudieran quitar mientras luchaba.

Así nació la primer máscara de piel de cabra, pero fue in intento fallido, "porque no lograba embonar bien en la cabeza de McCaine, incluso le jalaba la piel del rostro y el cabello", narra Mauricio Martínez, nieto de don Antonio, quien le dijo al luchador que mejor fuera a otra parte a que le hicieran la máscara.

Sin embargo pasaron algunos meses y la "capucha" poco a poco fue tomando forma y amoldándose al rostro de McCaine, que pronto vino a México a pedirle otras máscaras a don Antonio. Poco a poco don Antonio perfeccionó la técnica hasta lograr un método con 17 medidas basadas en diferentes definiciones del rostro (que se mantiene en secreto).

Actualmente las máscaras se hacen de un material muy diferente, a fin de que la persona no sude y esté lo más cómoda posible.

Del Charro Aguayo al Místico

En entrevista con ELUNIVERSAL.com.mx, Mauricio cuenta que su abuelo era un gran aficionado a la lucha libre, en aquél tiempo conoció al Charro Aguayo quién le pidió que diseñara una zapatilla especial para la lucha libre (pues en ese tiempo usaban zapatos de box).

Posteriormente vino la historia del Ciclón McCaine que dio inicio a la magia que representa portar una máscara de lucha libre.

"Nosotros hacemos juguetes para niños grandes", dice Mauricio Martínez, y precisa que en este momento su padre, Víctor Martínez, es el principal diseñador de las máscaras.

Deportes Martínez tiene la patente de la máscara y la licencia para elaborarlas, que otorga el Consejo Mundial de Lucha Libre, mientras que Time Warner Enterneinmet cuenta con los derechos de los personajes.

Aunque sólo tienen una tienda (Ubicada en Río de la Loza, justo frente a la Arena México) cuentan con distribuidores de su marca que la llevan a diferentes partes del mundo. Venden en Alemania, Japón, Suiza, Bélgica y muchos otros países.

A través de su página de Internet pueden llegar a cualquier parte del mundo.

Tienen tres talleres con los que trabajan a través de oursourcing, en los que laboran aproximadamente 40 personas.

Las máscaras representan 60% de sus ventas, pero ofrecen todo lo que tenga que ver con la lucha libre: botas, máscaras, camisetas, muñecos, cinturones, etc.

El precio por confeccionar una máscara varía entre 675 y mil 500 pesos.

En el corto plazo su objetivo es buscar nuevos canales de distribución y buscan la industrialización de la empresa.

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