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| Juntos hacia la meta |
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Luisa Miranda
El Universal Viernes 25 de abril de 2008 |
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El objetivo de los niños desde el nacimiento hasta los cuatro años de edad, es experimentar el movimiento de su cuerpo, alcanzar los objetos llamativos y saciar su curiosidad
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luisa.miranda@eluniversal.com.mx Sigmund Freud decía que infancia es destino, ya que es en esta etapa cuando se forma la personalidad del niño, gracias a los obstáculos que desde pequeño debe vencer. Para los adultos parecen situaciones sencillas, pero para los pequeños alcanzar esas metas influirá en un futuro en su éxito o fracaso como persona, aunque a su corta edad lo desconozcan. De acuerdo con la sicóloga Caandly Hernández Galán, "las metas de los niños recién nacidos hasta los cuatro años son experimentar el movimiento de sus cuerpos, alcanzar objetos llamativos, saciar su curiosidad, sobre todo en actividades que los padres señalan como prohibidas (bajarse de la cuna, querer caminar cuando todavía gatean, tomar un cuchillo, tocar el fuego, jugar con la tierra, llevarse objetos a la boca)," en una frase, explorar el mundo. Sus metas son muy instintivas, pues a esta edad no tienen una estructura que les indique que deben tener objetivos. Caminar a la par Los padres deben ser guías y acompañantes en esta etapa y "dejar que los niños exploren por sí mismos, siempre y cuando no vaya en contra de su integridad física. Deben hacer uso de su sentido común e intuición para poder saber qué pueden permitirles experimentar y que no", señala la también especialista en el tema de niños índigo. En algunas situaciones los mismos padres pueden ayudarle a experimentarlo, "por ejemplo: tomar juntos un cuchillo y enseñarles el peligro que corre ante éste; que el niño perciba la sensación de precaución, de alerta, lo mismo cuando intenta bajarse de la cuna, dejar que experimente la sensación de que puede caerse, como posibilidad, y no indicar que va a lastimarse como una realidad. Juntos deben explorar el mundo, formando un mismo equipo, no en bandos contrarios", afirma la también experta en neurolingüística. Lo básico es comprender que los niños tienen inquietudes, "esto disminuirá los berrinches (que se presentan sobre todo entre los dos y tres años) ya que no se pueden evitar, pero sí aminorar, porque existe mayor comprensión por parte de los padres", dice Hernández Galán. Hay de padres a padres Hay algunos muy permisivos y otros muy aprehensivos, pero "deben encontrar un equilibrio para que dejen que los pequeños descubran, toquen y hagan, pues cuando le prohibimos algo a alguien, sobre todo a un niño pequeño, estamos indicando de alguna manera que mienta, fomentando la deshonestidad y la hipocresía, porque de todas maneras lo van a hacer. "También sucede que al indicar a un hijo que no haga tal cosa, por ejemplo, 'cuando subas las escaleras no brinques, no corras, no bajes por el pasamanos', le estamos dando ideas de todo lo que puede hacer", señala. Antes de ir a la escuela En muchos casos, "las madres debe prepararse primero, pues se acostumbran a estar con sus hijos y les cuesta trabajo separarse de ellos", y este temor se lo transmiten a los niños. El paso de ir a la escuela es una cuestión de adaptación. Los padres deben explicarles para qué es la escuela, lo que van a aprender (números, letras, libros, imágenes), entrenarlos a través del juego con los vecinitos o primitos, para que vayan apren diendo a socializar con sus amigos. Las madres deben saber que cada niño se adapta de manera diferente, el proceso puede durar de una semana hasta un mes. En conclusión Aprender a caminar, a hablar, a comer solo, a ir al baño, a vencer el miedo a la oscuridad, y un largo etcétera, son pequeñas metas que obstaculizan el camino del niño, pero sólo con la ayuda de unos padres comprometidos con esta etapa del pequeño las puede lograr, pues aprenderá a confiar en ellos. "Si juntos experimentan, sabrá que cuando papá o mamá le permite que haga algo, es porque puede hacerlo, y cuando le dice no, es porque realmente puede causarle daño". La manera en que los padres permiten a los niños explorar el mundo y relacionarse es lo que va a definir su personalidad (aprensivo, perfeccionista, rígido, obsesivo, dominante, seguro, miedoso), por eso lo idóneo es brindarles un ambiente armonioso.
Aunque los niños de 1 a 4 años son mayormente kinestésicos (aprenden a través del movimiento), los padres deben saber estimular sus sentidos:
VISUAL: enseñando imágenes relajantes como el mar o a través de los colores de su misma ropa, que deben ser cálidos. Una estimulación equivocada sería por medio de cuadros con personas o figuras llamativas que se tengan en casa, pues van guiando al niño hacia un camino que a lo mejor los padres no desean y que lo hacen inconscientemente. AUDITIVO: hablarles continuamente, incluso desde antes de nacer, con un tono suave, lento, pausado. Que escuchen música relajante como Mozart o Bach. Las melodías que escuchan actualmente (cumbia, norteña) podrían acelerar la conducta de los hijos, estresarlos y hacerlos más inquietos, no sólo por el ritmo, sino también por las frases de los temas.
TÁCTIL: un abrazo les permite relacionarse con el medio, con la gente que lo rodea y mejora su sicomotricidad. La gimnasia para niños estimula sus reflejos |
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