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Dieta que previene la ceguera

El Universal

Lunes 16 de julio de 2007

El incremento en el consumo de alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 reduce el crecimiento anormal de vasos sanguíneos oculares

La ceguera causada por el crecimiento anormal de los vasos sanguíneos del ojo podría evitarse mediante el aumento en el consumo de alimentos ricos en ácidos grasos Omega-3, como pescado y nueces, según investigaciones realizadas en el Hospital Infantil de Boston (HIB), donde ya realizan pruebas acerca de los efectos de estos lípidos en bebés prematuros, quienes se encuentran en riesgo de perder la vista.

El crecimiento anormal de los vasos sanguíneos es causado por nacimiento prematuro, retinopatía y rinopatía diabética en adultos, así como por degeneración macular. Estas causas ocupan el primer lugar en la producción de ceguera que, en conjunto, afectan a millones de personas en el mundo.

En el caso de los bebés que nacen de manera prematura, los especialistas señalan que se trata de una enfermedad de dos etapas que comienza con la pérdida de vasos sanguíneos en la retina (el tejido nervioso de la parte posterior del ojo que envía las señales visuales al cerebro). Debido a este problema, la retina sufre una carencia de oxígeno y por ello envía una señal de alarma para acelerar el crecimiento de nuevos vasos.

Sin embargo, los nuevos vasos sanguíneos crecen de manera anormal, con “fugas” en gran abundancia y con malformaciones. Debido a la presión que ejercen dichos vasos, la retina se desprende de la capa que la soporta trayendo como consecuencia la ceguera.

Con el apoyo de John Paul SanGiovanni y Kip Connor, Lois Smith, directora de la investigación, estudió la retinopatía en un modelo animal de laboratorio. El experimento consistió en alimentar un grupo de roedores con dietas ricas en ácidos grasos Omega-3 y a otro con una enfatizada en Omega-6 (comparables a las dietas japonesa y occidental, respectivamente).

Los ratones del grupo Omega-3 presentaron una pérdida menor de vasos sanguíneos en la retina, en relación con el grupo Omega-6. Asimismo, se encontró un porcentaje entre 40% y 50% más bajo de crecimiento anormal en dichos vasos en el primer grupo de animales.

“Nuestros estudios sugieren que tras la pérdida inicial de las vascularidades, éstas volvieron a crecer de manera más rápida y eficiente en los ratones alimentados con la dieta Omega-3”, señaló Connor. “El aumento de la provisión de oxígeno al tejido retinal trajo como consecuencia que la alarma de las señales enviadas al cerebro que ocasionan el crecimiento anormal de los vasos cesara”, agregó.

Debido a que los ácidos grasos Omega-3 presentan concentraciones elevadas en la retina, un incremento mínimo de 2% de los mismos en la dieta diaria de los roedores fue suficiente para reducir la severidad del mal hasta en 50%, apunta el informe de los especialistas.

Estudios previos sugieren que los ácidos Omega-3 inhiben la inflamación en el organismo; sin embargo, también se sabe que las dietas occidentales son muy pobres en los mismos, y en cambio son ricas en ácidos Omega-6. La proporción ideal entre ambos debería oscilar entre dos a uno y cinco a uno; sin embargo el radio de proporción en el mundo occidental va de 10 a uno hasta 30 a uno.

En el caso de los infantes prematuros, la falta de Omega-3 se debe a que pierden la oportunidad de seguir obteniendo de la madre los nutrientes que requiere su organismo para su completo y correcto desarrollo, misma que ocurre a partir del tercer trimestre de gestación.

Los científicos demostraron que una dieta rica en Omega-3 suprime la producción de una proteína conocida como TNF-alfa, reduciendo así la respuesta inflamatoria de la retina, en tanto que los ácidos Omega-6 la incrementan.

Las retinas del grupo de ratones Omega-3 incrementaron además la producción de otros tres componentes antiinflamatorios conocidos como neuroprotectinaD1, resolvinaD1 y resolvina E1, mismos que potencialmente protegen al ojo contra el crecimiento anormal de los vasos sanguíneos. Dichos compuestos no se detectaron en el grupo Omega-6.

Dado que los costos personales, sicológicos, sociales y económicos de la ceguera son muy elevados, “si los ácidos grasos Omega-3, así como los componentes antiinflamatorios con los que se han asociado son igualmente efectivos en los humanos, un simple suplemento alimenticio beneficiaría a millones de personas en el mundo”, dijo Smith.

Además de los suplementos existentes en el mercado, mayoritariamente eleborados a partir de algas y otras materias ajenas al pescado, según los expertos las mejores fuentes naturales de Omega-3 se encuentran en el salmón, la macarela, las anchoas y sardinas.

En este momento se llevan a cabo pruebas con bebés prematuros, consistentes en agregar Omega-3 a las soluciones intravenosas con las que se les alimenta. Los investigadores esperan que el complemento permita a los infantes desarrollar sus retinas y vasos sanguíneos de las mismas de manera normal, pues “una vez que la retina se ha desprendido es poco lo que se puede hacer”, dijo Smith. (Hospital Infantil de Boston)



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