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Vinos de mucha etiqueta
Aía Ulloa / El Universal
El Universal

Jueves 16 de noviembre de 2006

Un grupo de jóvenes decidió apostar al negocio de las bebidas alcohólicas que se obtiene de las uvas, al ofrecerle al consumidor la oportunidad de personalizar los envases e incluso participar en el proceso de elaboración. Los primeros resultados son alentadores y ahora buscan consolidar su modelo de negocio

En México, aunque el consumo de vino per cápita está en aumento paulatino, en el mercado hay gran cantidad de competidores y cada vez son más los vinos importados que llegan a nuestro país a bajo costo (desde 30 pesos), de acuerdo con Daniela Miranda, encargada de la dirección comercial y operativa de Carafe en México, un negocio que le apuesta a la elaboración y personalización de vinos de mesa por el propio cliente como diferenciador clave para ganar participación en el mercado.

Miranda relata que ella y dos socios más querían tener un negocio propio, por lo que empezaron a buscar franquicias en internet y encontraron la de Carafe, originaria de Canadá.

Aunque establecieron la empresa en febrero de 2005, la tienda y fábrica de vinos abrió sus puertas en julio de este año.

La entrevistada asegura que fue difícil iniciar operaciones, ya que tardaron aproximadamente un año y cinco meses en todos los trámites y permisos necesarios, como la licencia de funcionamiento y los marbetes (etiquetas que lleva cada botella) que son un control del gobierno sobre bebidas alcohólicas y que indican el tipo de vino, tiempo que duró su elaboración, fecha en que se embotelló y su presentación en mililitros o litros.

La ejecutiva detalla que tienen cinco categorías de vinos que dan un total de 42 variedades entre blancos, tintos, rosados y afrutados. "Hay tres categorías de vino de mesa: casa, premium y specialty; la diferencia es el tipo de uva y la cantidad de concentrado o de jugo que puedan tener; otra categoría es mist, es un grupo de vinos derivados de una uva con el mismo nombre, mezclados con diferentes frutas, y por último esta la categoría de ice wine, que son vinos digestivos hechos de uvas congeladas".

Miranda explica el proceso para crear los vinos: "De Canadá nos envían los jugos que son de distintos tipos de uvas y de varias partes del mundo, nosotros hacemos todo el proceso de vinificación a partir de la fermentación. Son cinco pasos: el primero es la preparación, mezclamos el jugo con levadura; el segundo es la fermentación, que es cuando el azúcar del jugo se convierte en alcohol -todos nuestros vinos tardan 15 días en fermentar-, el cuarto es la clarificación, ponemos el vino en un lugar donde no se mueva para que todos los sedimentos se vayan al fondo, después lo filtramos por si acaso quedó algo en el vino como partículas de levadura o semillas de uva. Posteriormente lo embotellamos y etiquetamos".

Refiere que los vinos tardan de cuatro hasta ocho semanas en todo el proceso de elaboración, por lo que su capacidad de producción aproximada de 10 mil botellas cada dos meses.

En Carafe los clientes pueden escoger o crear sus propias etiquetas para personalizar el vino. Miranda dice que lo más común es que coloquen invitaciones, recuerdos, felicitaciones y agradecimientos de días especiales como bodas, despedidas de soltera, bautizos, día del padre o de la madre, cumpleaños, baby shower, Navidad o regalos para concursos, torneos deportivos, eventos corporativos y publicidad para empresas. "Además, siempre llevan el grado de alcohol, la cantidad y tipo de uva, pero eso se acomoda según el diseño", acota Miranda.

Además, quienes lo deseen pueden participar en el proceso de elaboración de su vino, mezclando la levadura con el jugo, "los otros pasos son más delicados, los hace alguien capacitado, pero pueden ver el proceso; cuando el vino ya está listo vienen a embotellarlo, le ponen el corcho, participan en el diseño de la etiqueta y las pegan".

Miranda refiere que esta práctica es poco común entre sus clientes, debido a sus actividades cotidianas. "En Canadá la mayor parte de los clientes son adultos, entre 50 y 70 años, que ya están retirados, no tienen nada que hacer, les gusta ir y hacer su vino; en México nuestros clientes son gente joven, entre 28 y 40 años".

Carafe maneja dos tamaños diferentes de botellas: 750 y 375 mililitros (ml). Los vinos varían en precio, de 90 a 150 pesos en la presentación de 750 ml y de 50 a 80 pesos en las de 375 ml, sin contar el costo de las etiquetas.

Si las escogen de un catálogo son cinco pesos por cada una, si son diferentes cuestan 10 pesos cada una.

El pedido mínimo son 30 botellas, si la etiqueta es la misma para todas las botellas, a partir de esa misma cantidad baja el costo de las etiquetas a 5 pesos cada una y a partir de 100 botellas el costo baja a 2.50 pesos.

Actualmente los socios cuentan con la franquicia maestra para México, y de acuerdo con la directiva, para el próximo año planean vender franquicias en todo el país.

Sin embargo, la encargada de los asuntos comerciales no dio información de cuál será el costo de este esquema, ya que cuenta que primero quieren consolidar su negocio para después abrirlo a inversionistas y darles la capacitación necesaria, con base en sus experiencias.



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