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Joven empresario se pone a la moda
Humberto Niño de Haro
El Universal

Miércoles 09 de agosto de 2006

Humberto Ricci inició en el negocio de la venta de ropa, pero como vigilante de un establecimiento; nunca se imaginó que al paso de los años su esfuerzo y tenacidad lo llevarían a fundar su propia cadena de establecimientos, y ahora su siguiente apuesta serán los restaurantes

16:20  Como estrategia para cerrar negocios, Humberto Ricci tramitó una chequera. Y ya con el poder y la seguridad que le brindó este instrumento bancario, aunque sin fondos y posfechado, este empresario logró el traspaso de un local en Plaza Outlet La Viga y, cinco años después de aquella osadía, hoy cuenta con una cadena de tiendas de ropa multimarca llamada HR.

Ricci inició en los negocios desde que cursaba secundaria. Recuerda que con la ropa que le regalaban hacía "trueques" o la vendía para comprarse más.

Pero su inicio formal en el comercio fue como cuidador de probadores en una tienda Zara ubicada en el centro comercial Perisur.

Después vino la gerencia de una sucursal de la firma Pepe Jeans en la misma plaza, el ascenso como supervisor de la marca en tiendas departamentales y un tiempo como trabajador en una tienda Diesel, también de ropa. Hasta entonces todo marchaba bien, recuerda Ricci.

Acostumbrado a trabajar de tiempo completo, la caída llegó cuando fue despedido de su último trabajo.

Gastó en tres meses sus ahorros y pasó cerca de un año sin empleo hasta que una tarde, sin pensarlo, 19 pesos cambiaron su vida.

Esa tarde Ricci comió sólo el arroz que su hija, entonces de 12 años, había dejado en el plato.

Argumentó con un dolor en el estómago el motivo por el que sólo ordenó comida para su hija, pero la realidad era que no tenía para más.

"Me sentí tan mal, con una impotencia tan fuerte, que dije en la vida me vuelve a pasar", confiesa el empresario de 34 años a un lustro de lo ocurrido.

A partir de entonces las cosas cambiaron para bien.

Buscó a una amiga que trabajaba para el corporativo de Caltex, empresa dedicada a la manufactura de productos derivados del petróleo y operadora de la firma Pepe Jeans, con la intención de una recomendación de empleo.

En cambio, su amiga le sugirió que comenzara un negocio propio.

Motivado por la ayuda prometida para hacerse de ropa a crédito, Ricci buscó préstamos con amigos y conocidos.

Con el ofrecimiento -casi mandato- de su madre para que empeñara sus joyas a cambio de que iniciara su proyecto, Ricci no tuvo más alternativa que empezar su propio negocio.

Así, con el préstamo de 13 mil pesos que el Nacional Monte de Piedad le dio, comienza el sueño de la empresa que lleva las iniciales del fundador.

Fueron cuatro cajas de pantalones de la marca Pepe Jeans que, en un principio, se negaron a surtir bajo el argumento de un adeudo con la empresa para la que Ricci trabajaba y que al no existir representante alguno se le responsabilizó.

Sin desanimarse, insitió -por teléfono- entre cinco y seis veces al día en el departamento de Crédito y Cobranza de la empresa para que le entregaran la ropa solicitada.

Hasta que una tarde, el responsable del departamento atendió su llamada.

Entonces conoció al que tiempo después sería su "padrino", como Ricci suele llamar a Alfredo Calach, y lo convenció de que liberara su pedido porque necesitaba las prendas para empezar a venderlas. "Si me das la oportunidad en un mes te pago", le dijo, y en 15 días vendió la ropa y fue por más.

Con ese antecedente, Humberto Ricci solicitó un préstamo por 10 mil pesos, suma con la que contaba y pensaba doblar para incrementar sus ventas.

Pero para su sorpresa, Calach le ofreció 50 mil pesos en mercancía. "Se me apareció Dios", relata el empresario como si volviera a vivir ese momento, que fue clave para que el emprendedor iniciara su negocio de venta de ropa y accesorios.

Bueno, bonito y barato

El tiempo transcurrió y, al año, la casa de su madre era insuficiente para almacenar las cajas de ropa.

Adaptó una pequeña bodega en la azotea y al poco tiempo también sobrepasó su capacidad.

"Vendía la ropa en la calle, en el camellón que da al frente de la casa de mi mamá en San Juan de Aragón, porque no pude entrar a los tianguis", relata.

Aunque ya no depende de la mercancía de la empresa Caltex, sí recibe consejos de su amigo Calach para los negocios.

Llegaron las ventas al mayoreo y la oportunidad para participar en una exposición de ropa.

Sin dinero para contratar un stand, aplicó por vez primera la estrategia de emitir un cheque sin fondos.

"No me gastaba tres pesos, porque pensaba que el negocio se caía", relata.

Contrató a dos amigos también con experiencia en tiendas de ropa para la aventura y en cinco días vendió alrededor de 15 mil prendas, de 150 pesos en promedio por pieza.

Enrachado adquirió con otro cheque el compromiso del traspaso del local en La Viga y en 20 días lo liquidó.

Abrió dos tiendas en Puebla, que tiempo después cerró por una establecer una en Guadalajara, y de un día para otro, cuenta Ricci, ya eran 40 empleados y siete tiendas.

El mayor de los negocios, asegura el empresario, fue la apertura de una tienda de 500 metros cuadrados en Lerma, estado de México.

Registró ventas equivalentes de entre 40 y 50 mil prendas a la semana, que implicó una inversión para exhibir al menos 20 mil piezas en la tienda.

Ricci se muestra cauteloso y asegura que desconoce el monto del capital invertido en mercancía y del valor al que ascienden sus tiendas.

Aunque sí sabe que en el futuro incursionará como empresario en el sector de los alimentos, abrirá un restaurante, porque esa es otra de las pasiones del empresario mexicano.



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