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Espuma, negocio y amor
Humberto Niño de Haro
El Universal

Miércoles 26 de julio de 2006

Jacobo Schwartzman y su esposa se unieron también para los negocios. Iniciaron la empresa Espuma de Luna que se especializa en jabones artesanales, los que se venden en diversos corporativos y módulos naturistas de plazas comerciales

10:41  Cuenta una leyenda maya que cuando la princesa Nicte-ha murió, su alma migró a la luna. Desde entonces su aspecto cambió y se convirtió en espuma.

Inspirado en esta historia y luego de batallar para dar con el nombre de su empresa, Jacobo Schwartzman decidió llamar Espuma de Luna a los jabones naturales que elabora junto a Leticia Abadi, su esposa.

Schwartzman supo que este artículo podría ser su alternativa de ingresos, luego de pasar más de un año sin empleo.

En enero del 2001, sin conocimientos -y menos práctica-, inició su negocio desde la fase de investigación.

Con un doctorado en sicología y más de 10 años dedicados a la iniciativa privada, este empresario recuerda que una tarde decidió renunciar a la compañía antes de participar en prácticas fraudulentas.

Su idea era reinsertarse como ejecutivo en alguna firma, pero su edad y la sobrecalificación de experiencia le impidieron consumar este propósito.

Sin perder el ánimo, se propuso fabricar jabones, para lo que acudió con expertos en la materia. Schwartzman asegura que -como él- hay decenas de pequeños productores de esta mercancía en Europa.

Fueron ellos quienes a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas lo instruyeron.

Con esta misma suerte, recibió la invitación de SunFeather, empresa líder en Estados Unidos en la elaboración y venta de jabones naturales, para participar en un curso para nuevos distribuidores.

Así fue como aprendió los secretos esenciales del negocio.

Cuatro meses después, Espuma de Luna logró su primera venta: se trató de un paquete de 15 jabones que facturó en 200 pesos.

"Después de pasar más de un año sin recibir un centavo, yo estaba encantado", recuerda el empresario.

A partir de entonces las ventas fueron en aumento.

En un principio, la comercialización se realizaba por consignación en pequeños establecimientos.

Hoy no cierra contratos si no es con el 100% de la compra cubierta.

Incluso, entre otros puntos, la distribución se lleva a cabo a través de la cadena de tiendas naturistas Green Corner y Botanicus, en provincia.

También, con la introducción de módulos naturistas, la marca se comercializa en Plaza Satélite, Galerías y Santa Fe.

Cinco años después, Espuma de Luna cuenta con una línea de productos que supera las 20 fragancias.

Entre ellas, limón, coco, canela, menta, vainilla, romero y anís, aunque también se pueden hacer combinaciones.

En el corto plazo, Schwartzman espera diversificar sus productos y lanzar una línea de cremas y otra de champú.

Respecto a la capacidad de respuesta, el empresario asegura que según el pedido y el adelanto para financiar la materia prima es como garantiza la fabricación.

En promedio, Espuma de Luna elabora ocho barras de jabón al día.

De éstas, resultan alrededor de 720 jabones de 100 gramos cada uno.

Explica que llegan a surtir pedidos de 30 mil jabones a Banamex, 60 mil a la empresa de zapatos Andrea y está próximo a cerrar un trato por 200 mil.

Por lo pronto, dice, las exportaciones se descartan.

No obstante, cuenta que en varias ocasiones a través de su página en internet recibió propuestas para comercializar sus productos en Europa y Asia.

"Cuando estamos por firmar los contratos, las negociaciones se caen porque el flete resulta muy caro", menciona.

Entre estos países están Canadá, Estados Unidos, Francia, Japón y Nueva Zelanda", destaca.

Schwartzman está convencido de que la mejor decisión que pudo tomar en su vida fue la de no depender económicamente de una empresa.

"Es un error pensar que al entrar a trabajar a una compañía se resuelven todos los problemas, lo mejor es emprender algo propio", asegura.

Y como anécdota cuenta que, después del nombre de su empresa, otro de los procesos que mayor problema le ocasionó fue el dar con la envoltura ideal para sus jabones.

Y terminó por convencerse por lo más sencillo: un lazo que rodea al jabón y que a la vez sujeta una etiqueta.



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