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| Fractal: El regreso de EU a la Luna |
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Andrés Eloy Martínez Rojas
El Universal Miércoles 21 de diciembre del 2005 |
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Estados Unidos podrían correr con la misma suerte de los portugueses del siglo XIV, que abrieron muchas de las grandes rutas de exploración del Renacimiento, pero cuyos ganadores finales resultaron ser otros países
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El anuncio hecho por la Nasa, en el sentido de volver a enviar seres humanos a la Luna en el año 2018, constituye después de varias décadas, el primer gran objetivo espacial de los Estados Unidos, si consideramos que desde 1972, cuando el último astronauta norteamericano piso la Luna, el programa de vuelos tripulados únicamente se enfocó en diseñar una nave híbrida cuya única función era la de llevar seres humanos hacia ¡ninguna parte¡.
El sistema de transporte espacial o taxi espacial como optimistamente se le llamo demostró ser caro e inseguro; 14 astronautas muertos dan fe de ello.
El más grande numero en cualesquiera de los programas tripulados en la historia espacial norteamericana y del mundo.
Muertes provocadas por fallas humanas originadas en cortes presupuestales y el relajamiento de los sistemas de seguridad. Sumado a ello, la construcción de la Estación Espacial Internacional, nacida en las postrimerías de la guerra fría, sólo vino ha agregar otro pesado lastre.
A más de 20 años de haber sido propuesta por primera vez la NASA, la estación espacial es una responsabilidad ahora compartida con varias naciones y que significará una erogación mayor a la mitad del presupuesto planteado para el regreso a la Luna, y cuyas cifras se elevan mas allá de los 100 mil millones de dólares.
Estados Unidos se embarcó en este programa durante la administración de Ronald Reagan con una prácticamente nula experiencia en estaciones espaciales, si tomamos en cuenta que únicamente el programa Skylab había sido la única plataforma orbital operada por este país.
Al final se tuvo que recurrir a los Rusos que con varios programas exitosos había roto récords de permanencia humana en el espacio. El gran elefante blanco que ha significado la estación espacial internacional Alfa , junto a los inseguros transbordadores espaciales han retrasado la exploración humana más allá de la órbita terrestre.
El anuncio hecho por Michael D. Griffin, administrador de la NASA, es el resultado de alguna forma de las políticas erróneas del pasado, del callejón sin salida en que se había metido la NASA.
El vehículo de exploración tripulado respondió a las constantes fallas de los transbordadores y al apremio por terminar la construcción de la estación espacial y cuyos últimos módulos tendrán aun que se ensamblados por los transbordadores antes del año 2011, pues la flota entera será jubilada un año antes.
Otro factor tomado en cuenta por el gobierno estadounidense para volver a la Luna es, sin duda, el gran empeño y éxito de los chinos en sus vuelos tripulados.
Los taikonautas , como llaman en ese país a los astronautas, están siendo entrenados para en un mediano plazo viajar a la luna. No seria extraño, que estuviéramos en la víspera de una nueva carrera espacial, donde los norteamericanos quieran regresar a la luna por la gran oportunidad que desperdiciaron en el siglo pasado de ser los pioneros de una nueva era, en una Luna donde, ahora sabemos, existe la materia prima necesaria para construir colonias lunares y hacia donde podrían enviarse en un futuro no muy lejano una mayor cantidad de seres humanos gracias al desarrollo en tecnologías de nanotubos de carbono.
Estos impulsaran el desarrollo de los llamados elevadores espaciales, que con una pequeña fracción del costo de enviarlos por métodos tradicionales abrirá de par en par la puertas del cielo hacia la luna y Marte.
Por lo pronto esta nueva propuesta de la NASA, que toma elementos tecnológicos de los programas Apolo y de los transbordadores tendrá que permear en la conciencia de los contribuyentes norteamericanos, los que decidieron, en su momento, el fin del programa Apolo, poco después de la llegada del hombre a la Luna.
En esta ocasión los Estados Unidos podrían correr con la misma suerte de los portugueses del siglo XIV, que abrieron muchas de las grandes rutas de exploración del Renacimiento, pero cuyos ganadores finales resultaron ser otros países.
La nueva tecnología digital y el empleo híbrido de tecnologías de propulsión ya probadas, además de la fabricación de nuevos materiales, parecen garantizar el éxito del nuevo programa a la Luna.
A lo largo de los años hemos aprendido que en el trayecto hacia la Luna y en su misma superficie existen riesgos que durante el programa Apolo fueron soslayados, como el hecho de enfrentar grandes e inesperadas tormentas solares que podrían matar o enfermar gravemente a los astronautas, así como el evitar el polvo lunar, altamente adherente y letal para la salud humana.
Seguramente y como en todo proceso de exploración, surgirán nuevos peligros y retos, pero éso es algo que tendremos que averiguar.
El autor de esta columna recibe comentarios en: andsul2005@gmail.com
dm
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