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Cestería sonorense: el arte de los seris

En la comunidad Desemboque se tejen piezas con la fibra del torote prieto

SÓLO MUJERES Patricia aprendió el oficio a los 12 años. (Foto: CORTESÍA LUTISUC )

Domingo 20 de noviembre de 2011 Jimena González Bernal | El Universal00:39
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jimena.gonzalez@eluniversal.com.mx  

Como manantial que deja correr agua, Patricia Moreno López deja fluir entre sus dedos la fibra que se extrae de un arbusto llamado torote prieto para crear las formas más bellas de la cestería que representa a la comunidad de los seris: "la gente que vive en la arena".

Patricia vive donde el mar y el desierto se entrelazan, en  la comunidad Desemboque, Sonora y forma parte de la tribu comca'ac ("la gente").

A partir de los 12 años comenzó a recorrer este camino, que por generaciones ha tejido su familia. Su madre enseñó la técnica a ella y a sus hermanas, pero la herencia proviene desde la abuela, cuyo linaje indígena antecede todo este conocimiento.

"La cestería se considera como un trabajo especialmente para la mujer. Nosotras tenemos que aprender lo que nuestros antepasados hacían, esto se enseña por tradición en toda la comunidad. Cuando eres niña siempre da curiosidad y, si te gusta, ¡te sirve hasta de terapia!", exclama con  picardía.

Primero bosqueja un modelo, que al final termina por sustituir porque en la práctica surgen ideas que manipulan nuevas formas. El material es difícil de usar y no se puede desbaratar.

La historia de una pieza de cestería comienza con la recolección de las ramas del arbusto que se conoce como torote prieto, el cual se encuentra en el desierto de Sonora. Continúa la selección de éstas; las que sirven se dejan reposar durante todo un día. Después hay que  "tatemarlas" o asarlas para quitarles fácilmente la cáscara, entonces se extrae la parte más fina y brillosa de la fibra, que es la que  se utiliza para tejer.

La maestra artesana explica que también se quedan con el centro o el corazón de la rama. Si se va a dar color a la pieza, todo el material se tiene que hervir previamente para se pueda teñir.

"Si deseas un color café tienes que obtenerlo de la raíz de cosahui que también se encuentra en el desierto; y el negro se extrae de la cáscara de granada. También usamos el amarillo, el cual sacamos de una flor pequeñita que parece enredadera que se da sólo en  lluvias, pero como es muy difícil de encontrar, no la utilizamos mucho".

Para dar comienzo al tejido de la artesanía se debe remojar con la mitad de agua simple y la otra mitad con agua de mar. Mientras se entrelaza la fibra se humedece hasta concluir la pieza. Una vez que está lista se debe lavar con agua salada para exterminar las plagas: Después se deja secar al sol.

Los adultos mayores tejen la fibra de manera rústica, es decir, más gruesa; mientras que los jóvenes le dan un estilo más  fino y hay personas como ella que lo hacen de forma regular.

"Trato de que mi trabajo sea bonito, que no se vea que lo hice sin ganas. Tienes que cuidar hasta el último detalle. Hay que saber el punto exacto al asar y hervir el material, sino corres el riesgo de que todo se eche a perder". Como manantial  desborda su destreza para hacer borregos cimarrones,  camaleones, serpientes y figuras humanas.

Piezas cotizadas

Su talento la ha hecho ganadora de premios nacionales y reconocimientos internacionales. El precio de su trabajo depende del tamaño de la pieza: una taza para café cuesta entre 250 y 300 pesos; una pieza de aproximadamente de 30 centímetros tiene un precio de 3 mil.  Piezas más detallas y elaboradas (de 70 centímetros) se han cotizado en 4 mil dólares.



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