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Noche de muertos en Michoacán

Toda una cosmogonía atrapada en la región purépecha se vive antes de que la muerte venga a visitarnos

PANTEÓN DE OROCUTIN. En este camposanto se percibió un ambiente festivo durante la convivencia de las ánimas. (Foto: Yadin Xolalpa / EL UNIVERSAL )

Jueves 03 de noviembre de 2011 Jimena González / Enviada | El Universal00:39
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El viaje nocturno por el lago de Pátzcuaro es relajante. A pesar de escuchar el motor de la lancha, es increíble disfrutar a la luz de la luna un recorrido que nos llevará al encuentro con varias comunidades indígenas de esta zona lacustre.

Salimos de Uranden hacia Ucasanáztacua. En el trayecto pasamos frente a Janitzio, la isla más popular de la región. Alumbrada en su totalidad y con su imponente estatua de Morelos. Pero nuestro destino es otro pedazo de tierra, y todavía nos falta camino.

Después de 40 minutos de completa relajación, nos adentramos en la comunidad indígena de Ucasanáztacua, donde se puede disfrutar de bailes folklóricos como la danza de los viejitos y la danza de la mariposa, en ellas participan adultos, pero la sensación son los niños ataviados con sus trajes típicos.

La indumentaria más vistosa es la de las niñas, quienes portan blusas bordadas, faldas o rollos rojos para indicar que son solteras y vírgenes. El delantal indica estatus social y civil. Todo luce con el calor de las pirékuas, música que desde el año pasado es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El panteón es muy pequeñito, pero en esta Noche de Muertos engrandece su belleza con los altares de cempasúchitl, las velas y las ofrendas que se colocan sobre la tumba del que se espera llegará entrada la media noche de este 2 de noviembre.

Nos despedimos del lago de Pátzcuaro y tomamos la carretera durante 20 minutos para visitar uno de los panteones más hermosos de la región lacustre. Al entrar al camposanto de Arócutin todos los forasteros quedamos impactados. Es un refugio que acoge cálidamente, de inmediato uno se siente en confianza para caminar entre las tumbas bañadas de luces.

Es fácil llegar a donde culmina, una vez ahí, hay que voltear para admirar de frente un monumento discreto, pero hermoso, el Templo de Nuestra Señora de la Natividad, de finales del siglo XVI. El de Arócutin es el único cementerio de todo Michocacán que está dentro del atrio de una iglesia.

Aquí la comunidad purépecha le gusta compartir su tradición de Noche de Muertos con los visitantes. Los niños curiosos te interrogan de todo, que de dónde vienes, que qué haces aquí.

El olor de cempasúchitl o tiringuinï, como se le conoce en toda esta zona lacustre, se esparce por el lugar. Hay centenares flores en los altares, hechos castillos o coronas. Algunos están adornados con una "A" que significa que ahí yace una mujer y una "H" para identificar que se trata de un hombre, costumbre que poco a poco va desapareciendo.

La comida que se coloca en la ofrendas está dentro de una canasta, cubierta por un tipo de servilleta de tela finamente bordada a mano con flores, animales y otras figuras.

Noche de excesos

Nunca imaginé que los dos panteones de Tzintzuntzan fueran tan grandes. Se atiborran de gente y de humo, no por las velas, sino por las fogatas que arden al lado de varias tumbas para amortigua el frío.

Los altares, las velaciones y las ofrendas son imposibles de disfrutar a pesar de que existen varias que son tradicionales y hermosas, como la bicicleta dedicada a la memoria de un ciclista o la del caballito, también formado por cempasúchilt. La culpa la tiene la oleada de curiosos y borrachos que recorren este cementerio.

Aquí los excesos están a la orden de la noche. Demasiados turistas, jóvenes, alcohol y puestos de comida que apagan el verdadero simbolismo de la Noche de Muertos. Y como reza el dicho: "si lo vieran los santos difuntos, se vuelven a morir". Pero si se tiene paciencia, vale la pena recorrer los panteones. 

Ayer 2 de noviembre, después de una larga jornada de velaciones, conversaciones y fiestas amenizadas por música, comida y bebida que se gozaron en la zona lacustre, todo vuelve a la calma, como quien dice, todo comienza a morir.

lae

 



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