aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




El Caribe brasileño

Arenas blancas, aguas cálidas y buen clima todo el año. Es la región de Alter do Chao situada en la Amazonia

Todavía es posible encontrar playas solitarias y rincones apartados . (Foto: EFE )

Viernes 15 de enero de 2010 EFE | El Universal00:08
Comenta la Nota

Ubicada en el estado de Pará, en el norte de Brasil, y a 1.500 kilómetros de su capital, Belem, la pequeña villa de Alter do Chao surge ante los ojos de los turistas como un paraíso en toda regla, un escenario cambiante formado por islas que aparecen y desaparecen a lo largo del año al capricho de las mareas del río Tapajos, afluente de ese gigante que es el Amazonas.

De agosto a diciembre las aguas del Tapajos permanecen bajas, lo que permite disfrutar de las islas con las playas más bonitas y una mayor autonomía de movimiento para el turista. Al contrario, el resto del año muchos de estos parajes permanecen ocultos por el agua, por lo que es recomendable escoger bien la época de visita.

También el número de visitantes que se acercan a la región varía mucho a lo largo del año y hace que en las épocas de mayor afluencia como el fin de año y los meses de julio a septiembre hasta 60 mil turistas abarroten los alrededores de esta tranquila villa, donde apenas cerca de mil personas son habitantes permanentes.

Aún así, Alter do Chao es una región que recién comienza a abrirse al turismo, por lo que todavía es posible encontrar playas solitarias y rincones apartados en los que el visitante se puede desconectar del bullicio y las prisas de las grandes ciudades. Y es que esta villa, al igual que ocurre con muchas otras ciudades del estado de Pará, comparte una historia común ligada a la explotación y al comercio del caucho de la Amazonía y a un nombre, el del empresario Henry Ford, precursor de la industria automovilística.

Sin embargo, los días de prosperidad en la región se vieron truncados en la década de los setenta cuando la industria vinculada a la Ford pasó a comprar el caucho en el mercado asiático, lo que sumió a todos estos pueblos en una depresión de la que ahora intentan salir incentivando sus indudables posibilidades turísticas.

Para ello, los municipios comienzan a reforzar una infraestructura hotelera que por el momento está bastante limitada y con una oferta poco variada, lo que no permite un crecimiento muy significativo en el número de turistas.

Asimismo, localidades como Alter do Chao buscan ampliar su oferta de sol y playa completándola con otras atracciones como la gastronomía o las propuestas culturales.
En este sentido se enmarca la Fiesta de Sairé, que con más de 300 años está considerada la manifestación religiosa más antigua de la Amazonía brasileña y que cada mes de septiembre recrea los rituales que los indios oriundos celebraban para dar la bienvenida a los colonizadores portugueses.

Cuatro días en los que el folclore, los ritos religiosos, las danzas tradicionales y la música devuelven a estas villas y a sus habitantes a sus orígenes y atrapan a turistas y curiosos con el embrujo de los rituales de la cultura amazónica.

Y después de festejar o de un intenso día de playa, nada mejor que disfrutar de una oferta gastronómica con fuerte influencia indígena y basada en pescados locales, entre los que destacan los sabrosos "tucunaré" y "pirarucú" combinados con otros alimentos típicamente brasileños como el arroz, los fríjoles o la harina de mandioca.

Pero la cosa no acaba aquí, ya que, si hay algo que destaca de Alter do Chao, además de sus propios encantos, es su inigualable enclave, que convierte la villa en el punto de partida perfecto para una incursión más profunda en los misterios de la Amazonía brasileña.

A tan sólo 32 kilómetros, por ejemplo, se encuentra "la perla del Tapajós", como se conoce a la ciudad de Santarem, que con cerca de 276.000 habitantes es la tercera más populosa del estado de Pará, que a su vez es el segundo más grande de todo Brasil.

Mezcla de sangre indígena y portuguesa, en el centro de Santarem es todavía posible encontrar bellos edificios coloniales que comparten protagonismo con los vendedores callejeros que ofrecen lo mejor de las artesanías tradicionales de la región.

Aunque sin duda, el principal atractivo de esta ciudad amazónica lo encontramos al acercarnos al puerto, desde donde se puede tomar uno de los muchos barcos que se adentran para que los visitantes puedan a observar el "encuentro de las aguas".

A lo largo de varios kilómetros, el verde oscuro del río Tapajos y el amarillo del imponente Amazonas discurren juntos sin llegar nunca a mezclarse, un efecto logrado por las diferencias de temperatura, densidad y sedimentación de las aguas que atrae cada año a miles de visitantes, algunos de ellos tan célebres como el príncipe Carlos de Inglaterra, que pasó por allí en marzo de este año.

Esta y otras atracciones han despertado un mercado turístico de transatlánticos en la zona que para la temporada entre 2009 y 2010 espera hasta 37 embarcaciones con entre 400 y  mil 100 personas para recorrer las llamadas rutas amazónicas, tal y como explica la secretaria municipal de turismo de Santarem, Mariane Vianna.

Aunque no existen todavía estadísticas consolidadas sobre el número de visitantes que recibe la región, Vianna reconoce que hace poco que comenzó a abrirse al turismo de masas y sobre todo al internacional. "Las personas viajan aquí para disfrutar de los atractivos naturales pero sobre todo porque se puede encontrar toda la diversidad en un solo lugar", apunta la secretaria.

Para Vianna, esta situación abre nuevas oportunidades para la región pero también supone un gran reto y una importante labor en favor de la preservación a largo plazo de estos parajes tan importantes para su desarrollo futuro.

Un reto que se extiende a cientos de comunidades indígenas asentadas a las orillas del río Tapajos, que tratan de mantener su identidad amazónica al tiempo que buscan su integración y aprovechar los beneficios que la llegada del turismo puede aportar.
Es indudable que la Amazonía, por todos sus atractivos, está llamada a convertirse en uno de los polos turísticos de los próximos años, especialmente de aquel tipo de turismo que apuesta por el desarrollo sostenible y las propuestas ecológicas.

En este contexto, lugares como Alter do Chao suponen todo un salto cualitativo en la tradicional oferta de sol y playa y abren todo un universo de posibilidades relacionadas con la diversidad y el ecoturismo. Un oasis para descansar y una excusa para adentrarse de lleno en uno de los lugares más fascinantes del planeta.

 

cvtp




Comenta la Nota.
PUBLICIDAD