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Por el extremo meridional de África
Aunque quisiera que fueran más, dos días son suficientes para hacer cuatro safaris y llevarse en la mente el mejor recuerdo de esta sabana africana

Por el extremo meridional de África
  Esta tierra está llena de magia y de encanto natural (Foto: El Tiempo/GDA )
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    El Tiempo/GDA
    El Universal
    Martes 27 de octubre de 2009
    00:43

    Basta mirar el cielo desde la ventanilla del avión al amanecer para saber que se está en África. Un firmamento purpurino le da la bienvenida al sol sobre las 5:30 de la mañana y con él se despereza esta tierra llena de magia y de encanto natural... muy natural.

    Nos esperan 10 días en esta tierra, en este reino animal, en este país que se prepara para el mundial 2010, en esta nación bañada por el Índico y el Pacífico, en este lugar de culturas y costumbres, de gran hotelería y de mucho sabor.

    Comenzaremos por el noreste, dos días en el Parque Nacional Kruger, haremos una extensión a Zambia, el país de las cascadas Victoria y las travesías en elefante, y terminaremos en el extremo sur, en la ruta Jardín, que nos llevará por el litoral del océano Índico para luego empatar con el Atlántico hasta llevarnos a la Península del Cabo.

    Kruger, el reino animal

    Dos días en el parque nacional Kruger, cuatro safaris, dos hoteles, cinco grandes, miles de animales.

    Sobrevolar Suráfrica desde Johannesburgo hasta la reserva de Lebombo, en la zona central del Parque Kruger, es recorrer buena parte de la geografía del noreste de este país, que se extiende en una sabana, bastante amarilla y sedienta durante los primeros días de septiembre.

    Viajamos en avionetas con capacidad para 8 y 12 pasajeros, de esos que no toman mucha altura y que dan la oportunidad de apreciar el terreno a plenitud. Sabanas agrícolas, ríos y montañas acompañan este periplo para luego aterrizar en la pradera africana, tapizada de árboles baobabs, espinos y arbustos.

    La llegada es al Aeródromo Setara, una pista y un salón con techo dan la bienvenida. Allí nos esperan los jeeps de safari y los rangers que conducirán esta travesía.

    Primero, una parada en el lodge Singita Lebombo. Un conjunto de cabañas muy cómodas, elaboradas bajo un concepto arquitectónico de alto respeto por la naturaleza pero con todas las comodidades de los mejores hoteles citadinos. Un breve receso y, en la tarde, listos para enfrentarnos al primer safari.

    La meta es observar a los cinco grandes: elefantes, búfalos, leones, leopardos y rinocerontes. Antes de partir, las recomendaciones del caso. El recorrido es superseguro, pero en buena parte depende del comportamiento de los viajeros: es clave no bajarse del jeep, no sacar las manos por las ventanas ni ponerse de pie durante el recorrido.

    Emoción, adrenalina y expectativa. Una buena tripleta para arrancar. No pasan muchos minutos para que hagan su aparición los jocosamente llamados 'McDonalds' de la pradera: los hay por todas partes. Ellos son los impalas y conforman la población animal más abundante de esta región: 140 mil de ellos deambulan por la zona, siendo una importante fuente de alimento para otras especies.

    El safari transcurre entre interesantes lecciones de geografía y vida animal. Sólo recorreremos una mínima parte de los 19 mil kilómetros cuadrados que tiene el Parque Nacional Kruger (un tamaño similar al departamento del Huila), pero serán suficientes para llevarnos un completo panorama de lo que se vive en esta maravilla natural.

    Jirafas, cebras y elefantes comienzan su desfile. Uno a uno aparecen en escena, mientras los asombrados viajeros disparan sus cámaras para llevarlos consigo para siempre.

    La noche comienza a caer y los rangers estacionan el vehículo en una planicie. Es hora de brindar por uno de los más impactantes atardeceres que se puedan ver sobre la faz de la tierra. La bola roja incandescente cae y se pierde sobre el horizonte, en un juego de colores que muere en la oscuridad.

    Al regreso, nuestra avezada guía hace una parada. Silencio, algo de frío, cielo totalmente despejado en la noche africana. El escenario es perfecto para una lección de astronomía... ¿Y dónde está Casiopea? ¡Sorpresa! "En esta época del año, por acá no se ve...", responde. Pero, en cambio Virgo, Escorpión, Orión y cientos de constelaciones y cuerpos celestes tapizan el firmamento. Con un rayo láser nos va señalando una a una las constelaciones zodiacales.

    Hora de volver al lodge, pero no sin que antes se nos atraviesen un gigantesco puercoespín y una jirafa (es fácil verlas deambular de noche, ya que poco duermen).

    Una exquisita y reconfortante cena caliente (con carpaccio de springbok o gacela saltarina), un brindis con vino surafricano y unos minutos para oír los sonidos de la jungla marcan el final de un día que más ha parecido un sueño.

    Segunda jornada

    Lo recomendable es estar en el Parque Kruger al menos dos días y hacer mínimo cuatro safaris, dos en la mañana y dos en la noche. Aunque al final todo es cuestión de suerte, será muy probable que al finalizar nuestra visita hallamos avistado los cinco grandes y muchos animales más.

    Para dejarnos claro que allí todo es cuestión de suerte nuestra guía y compañera de viaje, Patricia Osler, de la empresa Kobo, recuerda aún la enorme decepción de un grupo de viajeros que debieron regresar a sus casas sólo con imágenes de los impalas que abundan en esta región. "Los demás nunca salieron durante sus recorridos. Pero una vez se fueron los viajeros, al día siguiente, los cincos grande en pleno salieron a recorrer sus tierras".

    Por eso es clave asesorarse bien de expertos. No en todas las regiones ni todos los meses del año hay la misma afluencia de animales.

    Luego, también deberá elegir si lo que quiere es ver cantidad, variedad o si prefiere hacer la selección por clase de hotel (que también los hay para todo tipo de bolsillos).

    A primera hora de la mañana, después de tomar un suave té africano, con frutas y panecillos, partimos al segundo safari fotográfico.

    Los ojos vigilantes quisieran no parpadear para no perderse ningún indicio de vida en la inmensa llanura. El menor movimiento nos puede ayudar a detectar a cualquiera de los habitantes. La calma es el primer requisito en este universo de vida salvaje que se pierde en las fronteras con Zimbabue y Mozambique.

    Un ranger experto y un conductor curtido en las caminos de esta selva nos llevan en silencio y vigilantes por este territorio. La naturaleza agreste se va abriendo ante nuestros ojos con mesura. Ella guarda a sus criaturas con recelo, pues sabe que en más de una ocasión el hombre ha atacado a sus animales, motivado por la caza y el comercio de cuernos de marfil y pieles.

    Descendemos de los vehículos y, guiados por los rangers, nos dirigimos hacia una laguna. Decenas de hipopótamos camuflados van asomando sus enormes cabezotas, y de vez en cuando resoplan, mientras los curiosos viajeros están pasmados con la escena.

    Retornamos al vehículo, emprendemos la marcha y el desfile animal no se hace esperar. Esbeltas jirafas, lentos elefantes, rinocerontes, búfalos, impalas. ¡Qué placer para la vista!
    Al mediodía abordamos nuevamente nuestras avionetas, que nos llevan a la reserva de Sabi Bush Lodge, también dentro del parque. En esta zona conocemos otros conceptos de alojamiento, algunos más para familia, otros para parejas.

    Y en la tarde nos despedimos con un último safari. La noche cae y en la oscuridad el guía detecta en la copa de un árbol un leopardo con su presa, un pequeño venado que atrae, además, la atención de una hiena que espera su parte con impaciencia.

    La jornada termina. Hemos logrado ver cebras, jabalíes, rinocerontes, leones, hipopótamos, búfalos, algunas de las 517 especies de aves y más de 1.982 especies de plantas que imperan en esta tierra.

    Cifra

    En sus 19 mil kilómetros cuadrados se estima que habitan 8 mil 500 elefantes, 3 mil rinocerontes blancos y 300 negros, 20 mil búfalos, 2 mil leones,  mil 500 leopardos y 250 guepardos, además de 4 mil jirafas, 13 mil ñus, 100 mil impalas o 30 mil cebras.

    Datos vitales

    Habitantes: en Suráfrica el 79.6 % de la población es de raza negra, el 9.2 son blancos, de origen holandés (boers) o británico, y un 8.8 % son mestizos. El restante 3 por ciento se lo reparten asiáticos y otros grupos étnicos.

    Algo de historia. En 1884, el presidente Paulus Kruger propuso la creación de una reserva natural y logró fundar la pequeña reserva de Sabi, en el sur del parque actual. Durante la guerra anglo-boer la reserva fue olvidada. En 1902 se reanudó el proyecto bajo la autoridad británica y se transformó de reserva en parque nacional.

    Safaris. Debe programar 2 o 3 (mínimo uno en la noche). En uno solo no verá muchos animales. Disponga en lo posible de dos días para visitar la reserva.

    Debe aplicarse la vacuna de la fiebre amarilla y consultar a su médico para tomar precauciones sobre la malaria antes del viaje. Lleve repelente.

    Antes de viajar averigüe sobre el clima que hará en su viaje, de eso depende su equipaje.

    Hay variedad de alojamientos en tamaño, comodidades y precios. Es clave hacer las reservas con anticipación.

    Los hoteles que recomendados están catalogados entre los mejores de Suráfrica. En ellos los animales deambulan libremente y las instalaciones cuentan con piscinas integradas al paisaje, cocina excelente, jacuzzis, bungalós de lujo y spas.

    Singita Lebombo Sweni

    es una cadena de hoteles, pertenece a Relais Chateau, la marca que distingue a las propiedades por el lujo, el servicio y el confort. Está catalogado como uno de los mejores del mundo. Se caracteriza por su arquitectura mimetizada con la naturaleza y el contacto directo con los animales, que andan libremente por la zona. Cuenta con quince habitaciones.

    Está dentro del parque en la frontera con Mozambique.
    Tarifa de  mil 100 dólares por persona por noche.

    Sabi Sabi Bush Lodge: Precio por persona, 800 dólares, en acomodación doble.

    Otros: Little Bush Lodge; Earth Lodge; Selati Camp
    La tarifas incluyen alojamiento, alimentación, safaris y desplazamientos en avioneta.

    48 horas en el centro surafricano

    Zambia, extrema y natural

    Cuando se está en este continente africano vale la pena dedicarle dos días este país, que esconde, cerca de Livingstone y en la frontera con Zimbabwe, unas impresionantes cataratas.

    Es como los buenos secretos: interesante y enigmática. Zambia, no es el destino más común de las guías de viaje, pero sus cataratas Victoria, su amplia oferta de deportes extremos y sus viajes a lomo de elefante son una disculpa suficiente para hacer una extensión del viaje hasta esta nación.

    Un vuelo de dos horas conecta a Johannesburgo (Suráfrica) con Livingstone, ubicada en la parte sur centro de África. La ciudad, que tomó su nombre del explorador escocés David Livingstone, es semejante en su paisaje y gente a las capitales de la costa caribe colombiana.

    De aquí viajamos en un bus de turismo hasta un puerto en el río Zambezi y en lancha rápida lo atravesamos para llegar a la zona de los hoteles Royal Livingstone y Zambezi Sun Hotel.

    El atardecer transcurre a bordo de un gran barco de aspas que recorre un buen tramo del Zambezi, mientras el sol africano se oculta en la orilla del río que limita con Zimbabue, dejando ver sólo siluetas de palmeras y elefantes.

    En busca de las cataratas

    La expectativa de la jornada ayuda a despertar. Muy temprano en la mañana partimos rumbo a las cataratas Victoria. La primera impresión la da el bramido del agua del río Zambezi, que cae con fuerza sobre las rocas.

    Y basta un vistazo para maravillarse con la primera imagen, pero unos pasos más se abre ante los ojos, pasmados, un espectáculo natural de gran dimensión.

    El tamaño de las Victoria es casi el doble que el de las cataratas del Niágara y, según los expertos, sólo rivaliza con las de Iguazú en Suramérica. Miden aproximadamente 1,7 kilómetros de ancho y tiene 108 metros de alto.

    Es impresionante el gigantesco y estrecho cañón que se abre en tierra para permitir esta caída natural. Dos, tres y más arcoiris tiñen el paisaje a cada paso. Debo confesar que nunca había visto tantos juntos. Estando allí, vale la pena mojarse con el vapor de agua que sube como lluvia invertida, producto de la fuerza misma con que cae el agua contra las piedras.

    Los guías que acompañan el recorrido se detienen para contar un poco de historia: fue el mismo explorador escocés, Livingstone, quien visitó la cascada en 1885 y las bautizó con el nombre de la reina Victoria, aunque allí son conocidas como Mosi-oa-Tunya, el humo que truena. Fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1989.

    Los más intrépidos o quienes cuentan con más tiempo pueden atreverse a aventurarse en ultralivianos por la zona de las cataratas, mientras al fondo del cañón se divisan los botes de colores en los que otros practican canotaje o rafting, y algunos escalan las rocas o hacen rappel.

    A lomo de elefante

    No hemos acabado de digerir este espectáculo de la naturaleza y debemos marchar, pues una fila de elefantes nos espera a pocos kilómetros del lugar. Recorremos 20 minutos por la sabana zambiana para llegar al lugar desde donde parten las travesías en elefante.

    Los enormes mamíferos de piel gruesa y rugosa nos esperan. Una breve explicación y recomendaciones de seguridad anteceden esta experiencia. Es hora de subirnos, algunos se arrodillan noblemente para recoger a sus pasajeros, otros se acercan a una escalera diseñada para que los viajeros se sientan cómodos.

    "Arriba, 'Marula' (es el elefante que nos correspondió), es hora de marchar..." Compartimos elefante con María Daza, una mujer que con entusiasmo y convencimiento se ha convertido en la agente de viajes colombiana más avezada en este destino.

    A paso de paquidermo, lento pero seguro, irrumpimos por la sabana de árboles medianos y buscamos el río Zambezi. La manada atraviesa el río en fila india. Es una aventura que no queremos terminar.

    Buen día, buen sol. Los ánimos perfectos. Confiamos en la buena memoria de 'Marula' y en las acertadas órdenes de nuestro guía zambiano. Risas, fotos, emoción. El momento quedará para siempre en nuestra memoria. Son casi dos horas de travesía y al final, como exclamaría una de las viajeras: "Sentimos músculos que no sabíamos que teníamos"...

    Cómo llegar:
    Vuelo Johannesburgo - Livinsgtone: Varía entre 400 y 500 dólares, con Southafrican Airways.
    Documentación: Pasaporte. Al llegar se llena un formulario y se pagan 50 dólares.

    Dónde alojarse
    Conocimos dos hoteles en la región:
    Zambezi Sun: informal, con muy buena áreas comunes y una piscina de gran tamaño. Buena opción para familias. Las habitaciones son pequeñas.

    Royal Livingstone: Con el ambiente de los hoteles británicos, muy elegante y confortable, un lugar tranquilo y placentero. Justo al frente pasa el río Zambezi. Por allí pasean libres jirafas, cebras y monos. Su restaurante es excelente y la atención, inmejorable. Piscina, spa. Precio por persona, 320 dólares, en acomodación doble.

    Ruta Jardín, Ciudad del Cabo y la Península

    La otra cara de Suráfrica. La verde, la florecida, la que está llena de montañas.
    Del reino animal al norte saltar a la costa sur es descubrir otra Sudáfrica. Un país de lagos, montañas, colinas, bosques autóctonos, ríos y extensas playas de arenas blancas que se encadenan en la Ruta Jardín.

    Esta travesía por el litoral índico la iniciamos en el aeropuerto de la ciudad de George y de allí por tierra hasta Knysna, hacia el oeste, muy cerca está el Parque Nacional Wilderness, donde se encuentran seis lagunas litorales separadas del mar por inmensos médanos, unas explanadas de arena.

    Allí hacemos un alto en el camino y un breve crucero en la laguna Knysna, que se comunica con el mar Índico. Tenemos suerte de ver focas en esta agua que rompen contra los acantilados rocosos.
    Si dispone de tiempo deberá ir al Parque Nacional Tsitsikamma, una franja costera con serranías boscosas, ríos torrentosos, imponentes acantilados y playas amplias, en donde podrá hacer trekking y buceo.

    La noche nos sorprende en el hotel Pezula, que es más un santuario de lujo en medio de la naturaleza del Cabo Occidental. Playas solitarias, paisajes y bosques nativos hacen de la estadía allí todo un placer que se complementa con una excelente gastronomía, buen vino y una maravillosa arquitectura.

    Al día siguiente, por tierra, emprendemos rumbo al oeste entre abruptas montañas y una infinita variedad de flores. Estamos en la zona de Oudtshoorn, famosa por sus granjas de avestruces, en las que se puede ver el proceso de cría de estas aves enormes. La primera parada es en las cuevas Cango, una maravilla de la naturaleza que sorprende con sus cavernas de gran tamaño y sus estalactitas y estalagmitas de mil formas.

    Es un día para recorrer mucha tierra. Quizá siete horas de comino entre lagos, montañas, colinas, bosques y extensas playas. Todo un paraíso para los amantes de los deportes acuáticos o de la observación ornitológica. Nuestro destino final es Ciudad del Cabo. Una gran recompensa, así que pacientemente soportamos el largo camino.

    Una ciudad mundialista

    Ciudad del Cabo, como todo el país, esta muy lista para descrestar en el mundial de Fútbol del 2010.

    Habitación 511. Hotel Table Bay. Sin duda tengo una de las mejores vistas que alojamiento alguno pueda ofrecer en Ciudad del Cabo (Suráfrica). Puedo quedarme todo el día a contemplar al fondo la montaña Mesa, en primer plano el puerto invadido de veleros, escuchar el graznido de las gaviotas y el pasar de la gente que visita la moderna zona del Waterfront.

    Pero sería un grave error. Ciudad del Cabo hay que vivirla en sus calles, con su gente, en su paisaje. Una ciudad con tanta vida y tanto movimiento se tiene que vivir a plenitud.

    Seis de la mañana. Ciudad del Cabo ha amanecido despejada, es un buen indicio. El día anterior las nubes se posaron sobre ella. Pero hoy tenemos la fortuna de una mañana despejada, ni siquiera está el "mantel de nubes" que suele cubrir a la montaña Mesa. Más vale correr para poder subir y tener desde allí la mejor panorámica de esta metrópoli.

    Un teleférico nos lleva hasta la cima, a 1.086 m.s.n.m., mientras las nubes amenazan con tapar la vista. En cinco minutos estamos arriba y el viento fuerte y helado congela los huesos.

    Desde la cima es fácil ver porque esta ciudad fue la puerta de entrada para la colonización de este país. Aunque los portugueses pasaron de largo, los holandeses no lo dudaron y se detuvieron allí para entrar por este punto al resto de esta interesante nación. Desde allí se ven el Pico del Diablo y la Cabeza de León, otras formaciones rocosas de la zona.

    Allí, Patricia Osler, nuestra compañera y guía de viaje, representante de la empresa Kobo Safaris, nos explica en medio de la bruma la estratégica ubicación de esta ciudad catalogada por muchos expertos viajeros como una de las más hermosas del mundo.

    No lo dudo. Ciudad del Cabo es toda una aventura urbana. Es la sofisticada, la vibrante, la que se goza hoy preparándose para descrestar a sus visitantes en el Mundial de fútbol del 2010.
    Su estadio está listo, tanto como su zona más moderna, el Victoria y Alfred Waterfront, que son un deleite para caminar. Su puerto activo se ha desarrollado un importante centro comercial y de entretenimiento, convirtiéndose en una de las zonas más visitadas.

    Tiene restaurantes para todos los gustos y bolsillos y 250 almacenes, desde tiendas hasta boutiques de renombre.
    Otros lugares para visitar son el Telcom Exploratorium, el Museo Marítimo, el teatro Imax y el Acuario Two Oceans.
    Su área antigua no se quedará atrás. Recibirá a los viajeros ávidos de historia y cultura. Vale la pena darse un paseo por sus edificios históricos, como el Parlamento, la Catedral de St. George, la Gran Iglesia, el City Hall, el Gran Parade y el Castillo de Buena Esperanza.

    Allí se podrá ver cómo la península sobre la que se asienta fue el hogar original del pueblo nómada de los khoi durante al menos 30 mil años hasta la llegada de Jan van Riebeek y sus marineros de La Compañía Holandesa de Las Indias Orientales, que colonizaron la ciudad actual el 6 de abril de 1652.

    Entre las calles del pasado y del presente es fácil ver cómo sus habitantes están orgullosos del carácter relajado y despreocupado de la ciudad. En ellas se habla variedad de idiomas y los puestos de artesanía, comida y telas se levantan junto a modernos centros comerciales, boutiques, galerías de arte y hoteles de lujo.
    Todos muy listos y preparados para meter un tremendo gol turístico en el Mundial del 2010.

    Una península de pingüinos y focas

    Vale la pena dedicar mínimo un día a recorrer la península del Cabo. Es una ruta que va entre una abrupta cadena montañosa y el océano Atlántico para terminar en Punta del Cabo.

    Muy temprano tomamos rumbo al sur entre impresionantes acantilados que se funden en el Atlántico. Nuestro primer destino es el puerto pesquero de Hout Bay y allí nos embarcamos hacia la isla de Duiker, un santuario de aves y focas.

    El viaje se hace emocionante por el fuerte oleaje que mueve la nave mientras los viajeros buscan el mejor puesto para el avistamiento de focas. Y de pronto, en medio del mar borrascoso, cientos de focas bajan y suben de las rocas en un espectáculo emocionante y muy natural.
    Al finalizar el recorrido el barco nos deja en un mercado artesanal que ofrece cientos de productos en madera, hueso y cerámica, chaquiras y bisutería.

    De allí salimos rumbo al sur y la siguiente parada es en Boulders, una playa que ser ha convertido en el hogar de cientos de pingüinos africanos que han hecho de este recodo marino su casa. Playas, rocas y arena dan un toque especial a este recorrido.

    La carretera serpentea entre montañas y mar, buscando el último rincón de tierra: la Punta del Cabo, en el Cabo de Buena Esperanza, un paraíso con más de 1.200 especies de plantas y 160 especies de aves, santuario de varias clases de antílopes, cebras de monte y las numerosas familias de monos babuinos.

    La Punta del Cabo es el lugar más meridional de la península. Allí tomamos un funicular que nos lleva hasta la cima, una vista impresionante nos deja ver uno de los acantilados marinos más alto del mundo, justo el punto en donde se enfrentan los océanos Índico y Atlántico en un impresionante juego de aguas color esmeralda.


    De vuelta la vía se interna en una región de viñedos y antiguas fincas de estilo holandés. La península es el sexto reino floral del mundo, con gran variedad de fynbos, una formación vegetal típica del lugar, y una vasta muestra de proteas (la flor nacional).

    Si usted va

    Documentación

    Los colombianos requieren visa: Debe tramitarse en Caracas (Venezuela) o en Sao Paulo (Brasil). La gestión dura 15 días hábiles y tiene un costo de 60 dólares, en promedio (honorarios de agencia). Adicionalmente, hay que pagar 200.000 pesos del servicio de correo. Se debe llenar un formulario y enviar la documentación requerida.

    Por lo menos 10 días antes de viajar debe aplicarse la vacuna de la fiebre amarilla, pues seguramente viajará a zonas donde hay malaria. Lleve repelente. Antes de viajar averigüe sobre el clima que hará en su viaje, de eso depende su equipaje.

    Cómo llegar

    Se recomienda viajar por Sao Paulo (Brasil) o por Buenos Aires (Argentina). Southafrican Airways tiene vuelo diario desde Sao Paulo, y los miércoles y domingos desde Buenos Aires. Tarifa del tiquete: Bogotá - Johannesburgo- Ciudad del Cabo - Johannesburgo- Bogotá, con Southafrican Airways, entre 1.700 y 2.000 dólares, según la temporada (incluye extensión a Zambia).

    Dónde alojarse

    Hay variedad de alojamientos en tamaño, comodidades y precios. Es clave hacer las reservas con anticipación. En el Parque Kruger recomendamos los hoteles que están en las reservas de Singita y Sabi Sabi, catalogados entre los mejores de Suráfrica. En ellos los animales deambulan libremente. Cuentan con piscinas integradas al paisaje, cocina excelente, jacuzzis, bungalós de lujo y spas.

    La moneda es el rand: el cambio es 7 por un dólar.

    Qué comprar

    Artesanías: Se consiguen interesantes trabajos en madera, como máscaras, figuras humanas y animales. Trabajan muy bien el hueso y tienen una gran oferta de joyerías artesanales a muy buenos precios. Es recomendable, por precio, comprar en los mercados artesanales.

    Qué comer:

    La gastronomía de Suráfrica se basa en carnes y mariscos de la zona costera del país. En restaurantes especializados y en las reservas y parques nacionales podrá probar carnes de avestruz, búfalo, kudu, impala, cocodrilo y otros animales. Su gastronomía tiene raíces en la cocina inglesa, que se fusionó con platillos e ingredientes autóctonos de la región.

    El país se caracteriza por tener una cerveza rica y suave y muy buenos vinos dulces, blancos y rojos. El amarula es otra bebida dulce que no se puede perder. Un almuerzo o cena para dos (entrada, plato principal y postre, con una botella de exquisito vino surafricano) cuesta entre R100 y R 500 (según la categoría del restaurante). Una pizza con gaseosas para dos personas, R80.

    Plan Mundial de Fútbol 2010

    Para Colombia hay tres planes: Mundial a su medida, para aficionados y VIP. Las tarifas van desde 6.950 hasta 18.990 dólares, de acuerdo con la fase del torneo, el número de partidos y la cantidad de días. Incluyen alojamiento (15 noches) y desayuno diario, traslados a los estadios y entre ciudades, boletas garantizadas, tiquetes para uso del metro en la ciudad sede; safari fotográfico en vehículo 4x4, city tour de medio día en la ciudad sede y tarjeta de asistencia integral.

    Actividades opcionales: Safaris en el Parque Kruger, excursiones en Ciudad del Cabo, buceo con tiburones blancos, cataratas Victoria (Zambia), safari en globo, safari en elefante y safaris en Kenia y Tanzania.

    Las tarifas están cotizadas en dólares estadounidenses, por persona y en acomodación doble. Los precios están sujetos a cambio sin previo aviso. No incluyen tiquetes aéreos, trámites de visas, propinas ni gastos no especificados en el programa.
    Consulte a su agencia de viajes o www.kiboko.com.co, teléfono 6295465.

    Informes: www.kiboko.com.co

    Vista del puerto de Ciudad del Cabo, desde la habitación 511 del Hotel Table Bay. Al fondo, la Montaña Mesa, todo un ícono de esta metrópoli, destacada por expertos viajeros entre las más bellas del mundo.

    Antiguas construcciones se conservan a la perfección en el centro histórico de la ciudad.

    En sólo cinco minutos el funicular lleva a sus pasajeros a la cima de la Montaña Mesa (1.086 metros de altura). Desde allí es posible tener un espectacular panorámica de esta ciudad. Deberá estar muy atento, pues el viento lleva y trae las nubes y en segundos estará todo nubado.

    En el Green Market, ubicado en pleno centro de ciudad del Cabo, las artesanas llevan sus productos y es posible comprarlos a muy bueno precios. Hay que regatear.

    En Kruger habitan más de 4.000 jirafas, 3.000 rinocerontes blancos y 300 que son negros, además 20.000 búfalos, y 2.000 leones.

    Hout Bay es una bahía en el sur de la costa atlántica de Ciudad el Cabo. Este puerto es el punto de partida de los barcos que, en un corto recorrido por la bahía, llegan a la isla Duiker, famosa por alojar a una numerosa colonia de Focas del Cabo. El viaje es muy emocionante y el mar es turbulento en esta zona, pero el espectáculo amerita atreverse.

    En la laguna Knysna, en la Ruta Jardín, es posible tomar un pequeño crucero para ver cómo se comunica con el mar Índico.

    A lo largo de las cascadas hay senderos demarcados para hacer un recorrido y poder apreciar a plenitud la magnitud de esta maravilla de la naturaleza.

    El safari en elefantes tiene un costo de 150 dólares y una duración de casi dos horas. Los animales son conducidos por expertos guías que los llevan a través de la sabana y del río Zambezi. Al final es posible comprar, por 40 dólares, un divertido video con la travesía. Antes de iniciar dan las recomendaciones necesarias. No olvide el bloqueador y un buen sombrero... !Ah!, y la propina.



    cvtp

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