Muy pocos afortunados de las generaciones actuales vieron a Gardel o lo escucharon en su momento de fama, pero todos sabemos quién es.
Mucho le debe el tango a este cantante, pues lo popularizó y extendió sus fronteras hasta lugares insospechados.
Polémica leyenda
Su lugar de nacimiento sigue cuestionado, los uruguayos lo proclaman de Tacuarembó y los franceses de la ciudad rosa, Toulouse, cosa inaceptable para un argentino, pues es tan duro como si a los mexicanos nos dijeran que Pedro Infante nació en Miami.
Lo cierto es que uruguayo, francés o quizá porteño, Gardel es quizá el más fuerte icono argentino, su imagen identifica no sólo un ritmo musical, sino una época y una forma de vida.
Nacido cerca del año 1890, los datos son poco claros pues Argentina recibió oleadas de inmigrantes europeos sin papeles que huían de la pobreza y las guerras. La tesis francesa afirma que su nombre verdadero era Charles Gardés.
Para 1920 ya destacaba su voz en el mundo del tango, poco después grabó discos en Nueva York, cobró fama en toda Latinoamérica y se volvió una leyenda al morir en un accidente de aviación en Medellín, Colombia, en una gira.
A seguir sus huellas
La infancia de Gardel corrió en la zona comercial de El Abasto, eso le valió el sobrenombre de El morocho (moreno) del Abasto. Hoy, ese viejo mercado estaría demolido, pero la fama gardeliana le valió una remodelación, gracias a la cual es un centro comercial y un lugar de peregrinación al que acuden personas de todas las generaciones para imaginar la vida del “Zorzal criollo”.
En el 735 de la calle Jean Jaures, está el Museo Gardel, hace 100 años era la casa de Berta Gardés, la madre del cantante. El lugar se conserva tal como lo conoció el Morocho del Abasto.
Aquí se presentan de manera regular artistas de tango e investigadores que dan pláticas sobre el contexto y la repercusión de Gardel y música. Puedes encontrar la cartelera de actividades en su página web: www.museocasacarlosgardel.buenosaires.gob.ar
La Casa del Teatro (Santa Fe 1243, teléfono: 4811 7678) tiene una sala dedicada al cantante. Cuenta con una buena cantidad de objetos donados por la viuda del apoderado de Gardel, como su guitarra, retratos al óleo, trajes, sombreros, documentos y grabaciones originales. Ofrece visitas guiadas.
Quizá el lugar más visitado es el cementerio de La Chacarita. Los mausoleos del lugar serían suficiente razón para ir ahí, amén de otros personajes célebres que “moran” en la necrópolis.
Un “pucho” por el milagro
Pero la tumba de Gardel avasalla al resto. Muchos visitantes llegan de todas partes del globo para llorarle, cantar un tango, rezarle cual si fuera un santo y pedir o agradecerle favores en que supuestamente intercede el tanguero. La tumba está llena de placas que han traído sus fans, igual el Club Gardel de Toulouse, los amigos del tango de México o los seguidores de Olavi Virta, el máximo exponente del tang en Finlandia, país que le tiene devoción al género pese a su lejanía geográfica y cultural.
La mano derecha del busto que se encuentra en la tumba está en posición de sostener un cigarrillo, lo cual da pie a los fans al ritual de ponerle un cigarro encendido, es muy común hallarle un “pucho” (cigarro en lunfardo) a medio consumir o una colilla muy reciente.