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Los misterios de Monte Albán

Fue una metrópolis mesoamericana y ciudad sagrada que rigió durante siglos los destinos del estado mexicano de Oaxaca

La presencia humana en los valles de Oaxaca se remonta a diez siglos antes de Cristo. (Foto: EFE )

Viernes 02 de octubre de 2009 EFE | El Universal00:15
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La arqueología es una profesión agridulce, compleja y fascinante. El reto de recrear el pasado a partir de objetos cuyo análisis permite esbozar un mapa de cómo vivían nuestros ancestros exige recursos, metodologías rigurosas y una dedicación no siempre feliz. A menudo faltan piezas para armar el rompecabezas y las que hay no encajan con unanimidad. En el caso de las sofisticadas ruinas arqueológicas de Monte Albán, una de las grandes metrópolis mesoamericanas y ciudad sagrada zapoteca que rigió durante siglos los destinos de los Valles Centrales del estado mexicano de Oaxaca, la incógnita sobre su ocaso aún perdura entre los investigadores.

Monte Albán surgió medio siglo antes de Cristo en la cima de un cerro solitario que domina los brazos de tres valles majestuosos: Etla, Tlacolula y Zimatlán. Su nacimiento coincidió con el declive de San José Mogote, el principal centro urbano de la región entonces. Tuvo un crecimiento paulatino de expansionismo militar tutelado por una religión estatal y su poderío abarcó todo el estado de Oaxaca, el sur de Puebla y el este de Guerrero. La escritura zapoteca fue una de las primeras en Mesoamérica y su legado arquitectónico, orfebre y ceramista muestra una asombrosa riqueza cultural. Sin embargo, a partir del año 800 de la era cristiana, este espectacular enclave y centro ceremonial a 300 metros sobre el valle comenzó a despoblarse y los especialistas aún debaten el porqué.

COLAPSO INCIERTO.
¿Se produjo el colapso por la presión del pueblo mixteca, el segundo grupo étnico de la región, o tuvo que ver con problemas internos?, se pregunta Bernd Fahmed Beyer, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. El estudio del periodo Clásico Tardío (600-850 d C) y su transición al Posclásico Temprano (850-1200 d C) arroja resultados poco concluyentes. Bernd Fahmed Beyer rechaza la teoría de la balcanización de la zona, pues en el Clásico Tardío todo el mosaico plural de sus pueblos compartía lengua y cultura.

Arthur Joyce, profesor asociado en antropología de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, opina que el declive pudo deberse a "la exclusión de la gente común de las ceremonias públicas por parte de la nobleza hereditaria del Valle de Oaxaca, al debilitamiento de la lealtad de los plebeyos hacia sus gobernantes". Eso, unido al avance mixteca condujo lentamente al fin. El aislamiento de la élite colapsó las instituciones gobernantes, pero se sabe que tras el ocaso los cambios en la cultura zapoteca fueron pocos, y que ésta pervivió con bajo perfil hasta la llegada española en el siglo XVI.

Para despejar el atractivo lapsus temporal de transición del Clásico al Posclásico, el estudio por radiocarbono de la cerámica oaxaqueña está permitiendo establecer una cronología evolutiva más firme de Monte Albán. Robert Markens, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, aclara que la extrema sencillez y poca calidad de la cerámica del Posclásico Temprano, más la escasez de construcción de edificios, son síntomas del ocaso: "Cuando se abandonan los símbolos es que se aproxima el fin", apunta.

MIGRACIÓN DE HOY, ECO DEL AYER.
Resulta curioso que el fenómeno migratorio hoy se pueda interpretar como un eslabón más de un proceso que se repite durante siglos. Cada vez que un mexicano emigra a Estados Unidos abandona su cultura pero a su vez la inserta en otro territorio y la transforma. Es un ejemplo que ayuda a comprender lo que ya ocurría "hace cientos de años en Mesoamérica", asegura la arqueóloga mexicana Berenice Villanueva, adscrita a la zona arqueológica de Monte Albán. No es exagerado decir que a través de un oaxaqueño en Los Ángeles se puede escuchar el eco zapoteca.

Así, mientras los zapotecos emergían, la fabulosa civilización olmeca moría; mientras Monte Albán y Teotihuacan florecían contemporáneos, otros pueblos desaparecían. A la caída de Teotihuacan siguió la de Monte Albán, que a su vez fue reemplazada por la ciudad de Yagul y ésta por la de Mitla, ya mixteca. Entre medias, los zapotecos contactaron con los mayas de Chiapas y Guatemala, como prueba que adoptaran su culto al murciélago, y las influencias de unos con otros fueron ensamblando, en definitiva, los auténticos tesoros del pasado.

El arqueólogo mexicano Roberto Gallegos, cuyo descubrimiento en 1962 de las famosas tumbas I y II de Zaahila probó la reutilización de tumbas zapotecas por los mixtecos, dice: "Los Valles Centrales de Oaxaca son un crisol en el que los hombres se fundieron para edificar el centro urbano de Monte Albán, un prodigio arquitectónico".

Este prodigio, de color esmeralda en época de lluvias y dorado en temporada seca, ha impulsado por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la creación de un laboratorio para el estudio de los petrograbados zapotecas, cuyas estelas de piedra resultan para el turista un gran atractivo. Se trata de lápidas monolito con representaciones de personajes en sus victorias militares y ritos de sacrificio. Por sus posturas excéntricas, estas figuras se conocen como Los Danzantes, el mismo nombre que recibe el edificio que cubrían, uno de los más antiguos de Monte Albán.

ATZOMPA, BARRIO NUEVO.
Las autoridades del INAH han anunciado también que en 2010 se abrirá al público el sitio arqueológico de Atzompa, en la cima de un cerro a cuatro kilómetros al norte de Monte Albán. Se trata de un barrio satélite noble de esta ciudad, y las excavaciones de los últimos dos años han liberado y consolidado 21 estructuras de gran finura que incluyen tres juegos de pelota -Monte Albán sólo tiene uno-.

La arquitectura zapoteca siguió un patrón conocido como TPA (Templo, Patio y Adoratorio). Por razones militares, se buscaba la cima de los cerros con vistas a todo el valle y sobre ésta comenzaba una construcción magistral integrada en un entorno de espacios abiertos y recintos cerrados. Se estudiaba la iluminación para que el contraste del claroscuro creara volumen tridimensional, y la ubicación de cada edificio era decisiva: los templos al norte conectaban con el cielo y los del sur con el inframundo.

Los zapotecos aplanaban primero las superficies de las cimas, trabajo de por sí asombroso en aquel tiempo sin máquinas, y una vez liso el suelo se creaba una gran plaza pública rodeada de edificios de poca altura por el peligro sísmico. Hubo un uso muy fino de la piedra local con características propias como los taludes amplificados con tableros doble escapulario y adornos de grecas esculpidos en la piedra dorada.

Las plazas a su vez contaban con un adoratorio en el centro, y aunque en las cimas sólo vivía la clase sacerdotal gobernante, pues el pueblo se alojaba en las laderas y el valle, dichas plazas servían de punto de encuentro entre unos y otros durante ceremonias, rituales y sesiones informativas.

CULTO A LOS MUERTOS
El culto a los muertos es una característica muy marcada en dos culturas de Mesoamérica: la maya y la oaxaqueña. Tumbas y recintos funerarios constituyeron para ambas espacios sagrados de gran simbolismo. Las pinturas murales, el uso del estuco y los colores rojo, verde, amarillo y blanco de las paredes completan la imagen de una civilización jerárquica, planificada y con un profundo sentido artístico. Los dos grandes dioses de la cosmogonía zapoteca, Cocijo, dios de la lluvia, y Pitao, diosa del maíz, dotaron de significado sus vidas, igual que los calendarios solares y adivinatorios. Las urnas mortuorias de cerámica gris conforman auténticas maravillas y en las casi 200 tumbas encontradas se han hallado piezas memorables. De hecho, el mayor depósito de orfebrería mesoamericana de oro apareció en la tumba 7 y es mixteco.

La presencia humana en los valles de Oaxaca se remonta a diez siglos antes de Cristo. Los trabajos de campo en las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla, enclavadas en un recorrido de cien kilómetros cuadrados, podría ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Se trata de un área llena de cuevas y abrigos rocosos que fue ocupada por bandas nómadas y en donde se han encontrado pinturas murales, vestigios líticos y los primeros granos de maíz carbonizado, es decir, domesticado. El INAH considera que esta zona fue decisiva en la evolución de todos los pueblos mesoamericanos. Como explica Fahmed Beyer, "los objetos no hablan por sí solos sino que los arqueólogos les ponemos voz". Aunque la voz de Monte Albán se estudia con minuciosidad desde hace sesenta años, los avances durante esta última década permiten que se escuchen palabras mayores.

 

 

cvtp




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