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La ciudad que está de muy buen ver

Toronto, la ciudad más grande de Canadá, es un sitio multicultural
Martes 08 de septiembre de 2009 El Universal00:03
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TORONTO, Ontario.— El piloto anunció nuestra llegada al aeropuerto Pearson. Cinco horas de vuelo marcaban mi lejanía con México. Ya estaba en la capital de la provincia de Ontario y en la ciudad más grande de Canadá.

Miércoles. 8:30 horas

Abría el día con un licuado de pera, piña y naranja que me prepararon en la barra del Rooftop Lounge, la terraza del hotel Park Hyatt. El cielo abierto  me dejaba contemplar la CN Tower y algunos edificios de cristal en formas irregulares que contrastaban con las torres de los castillos ingleses del siglo XVIII y  que ahora son escuelas, casas u oficinas gubernamentales.

Hot cakes con maple, tocino, huevo y moras. Un nutrido desayuno para caminar y caminar por las calles.

10 horas

Toronto se caracteriza por sus buenos museos y galerías. El guía nos quiso enseñar primero el nuevo,   el que abrió en 2008.  AGO (1)   (www.ago.net) es un enorme recinto de arte abstracto, ubicado en Dundas Street West 317, una de las avenidas principales. De todo lo que se exhibe cuatro cosas llamaron mi atención: un tótem hecho con mochilas; un cuadro en acuarela de Elvis Presley a colores y en blanco y negro que, según mi interpretación, lo representa viviendo las dos épocas de la televisión; la maqueta que me recordaba la moneda que se maneja en cada país;  pero me quedé impactada al ver un rostro masculino, sumamente alargado y de casi dos metros de altura. Parecía real, con los vellos de su barba y nariz, con arrugas, unos labios que quise tocar pero está prohibido, lo grabé en mi memoria. No está permitido tomar fotos en cualquiera de los tres niveles del museo. Valieron la pena los 18 dólares canadienses  que invertí en la entrada. 

12 horas

Siguiendo con la jornada artística nos fuimos al Museo de Arte en Cerámica, Gardiner (2)  en Queen’s Park 111. Me sentí arqueóloga, antropóloga, escultora y hasta niña en el taller de barro, dónde hice mi figura maya, con sus orejeras, taparrabos y hasta su  cámara fotográfica colgada al  cuello. Para darle forma y textura primero tuve que entender la explicación en inglés de nuestra instructora Jane. Previamente ya habíamos visto su colección de más de 100 perfumeros en miniatura. El boleto de entrada cuesta 12 dólares. Incluye taller.  

14 horas

Teníamos clases de cocina a las cuatro, así que aprovechamos el tiempo para caminar por el China Town (3). Encontramos frutas, carne, ropa “según” de marca, inciensos con aroma a los perfumes de Dolce & Gabbana, Hugo Boss o Tommy Hilfiger, también localitos de comida, pubs y tiendas vintage. Seguimos por la avenida  St. Lawrence (4) que nos llevó al mercado del mismo nombre.

Cada uno de los pasillos tiene nombre, según lo que ahí se vende: res, puerco, pescado, quesos, vinos. Los letreros amarillos  fueron la señal de que habíamos encontrado los famosos sándwiches de tocino, los “pea-meal bacon”,  en el local Carousel Bakery. Sin decir más afirmo que me chupé los dedos y me comí sin remordimiento el carnudo tocino con una coca.

La mejor decisión que pudimos tomar  fue ir al centro de la ciudad. Caminamos 15 minutos hasta encontrarnos con la avenida principal, Younge Street. No había espacio para un local más, estaba repleta de tiendas de ropa, tecnología, sitios para tatuarse, para comprar motos, patinetas y patines. Gente iba y venía, sin pausa pero sin prisa.

 Toronto es multicultural, por sus calles andan  paquistaníes, españoles, italianos, chinos, mexicanos o  africanos. Todo mundo se viste como quiere sin  temor de que critiquen sus defectos físicos, por supuesto también lucen sus perfectos cuerpos, hombres y mujeres.



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