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Hidden Worlds, Riviera Maya. Ruedas en el aire
Deslízate por una tirolesa montado en una bicicleta
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Viridiana Ramírez
El Universal
Sábado 04 de julio de 2009
Las piernas ya no van colgadas mientras te deslizas por una tirolesa, tampoco te sujetas con las manos del arnés. Ahora estás sentado en una bicicleta y suspendido en el aire.
Un jeep recoge a los visitantes en la entrada y los interna entre la selva por 15 minutos.
La bici se engancha al cable y a uno al vehículo.
Para avanzar e ir admirando la grandeza de la selva hay que pedalear, no se puede correr, porque la velocidad máxima que alcanzan las bicicletas es de 5 km/hr, lo que sí está permitido es frenar y retroceder las veces que sea, por si no se alcanzó a ver a los monos araña que se columpian entre los árboles. Hay testimonios incluso de que se puede ver al jaguar.
Los demás no tienen que esperar a que la otra persona llegue a la otra plataforma. Entre bici y bici hay de 100 metros de distancia y el avance es fluido.
Se termina el cable y alguien del staff espera al pasajero para bajarlo con todo y transporte a La Iglesia, un cenote que acredita su nombre porque las estalactitas y las estalagmitas le dan un aspecto de fachada gótica.
La bici se estaciona y el conductor se coloca el chaleco y el esnórquel para echarse al agua, a una temperatura de 22° C. El gusto dura unos 35 minutos. Y entre brazada y brazada el guía no para de contar la historia de cómo se formó este lugar.
De nuevo hay que subir a la bici y a otro cable, el que lleva de regreso, pero por un camino diferente y algo oscuro.
Ahora se pasa por tres cavernas habitadas por murciélagos, que a diferencia de lo que se piensa, no saldrán volando en cuanto perciban a seres extraños . Todavía no les toca salir a buscar
comida.
Queda una última caverna, Tak Be Luum, el último cenote y la última tirolesa, pero ahora sin dos ruedas. Aquí se deja la bici.
El cable mide 180 metros y finaliza en un acuatizaje. Hay quien te recibe abajo para que que no te estampes contra las rocas. Otra mojadita más. Hay que nadar a la orilla. Se vale repetir la ruta las veces que uno quiera.
También hay un rapel de 30 metros en el último cenote.
Todo esto se hace dentro del parque Hidden Worlds, que se localiza en en el kilómetro 245 de la carretera Cancún-Tulum.
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