Jessica Servín
El Universal
Sábado 04 de julio de 2009
AJIJIC, Jal. — Llegar a un oasis es algo que se agradece al finalizar una semana de trabajo y éste es uno de esos sitios. El trayecto es de 30 minutos desde Guadalajara.
La primera vista se la dedico al mural del artista Javier Zaragoza, oriundo de ésta población y donde se explica la ceremonia de las “sangrías de mayo”, que se realizaban los primeros días del mes en el lago de Chapala.
En esas fechas los vecinos de las aldeas cercanas agradecían por la buena cosecha del año.
El detalle principal del mural es su parte inferior, que muestra a varios oferentes que representan a la población de la ribera y que sus rostros son de verdaderas personas de la comunidad. Para ello se inclinó por el realismo.
Después viene su plaza con un quiosco de estilo francés y muchos extranjeros, en su mayoría estadounidenses, que caminan y saludan a otros en español.
El 30% de los habitantes de Ajijic es extranjero. Y se puede comprobar al bajar por su calle principal. Ahí se concentran restaurantes italianos, franceses, cubanos y argentinos que hacen gala de su fama.
Muchas familias de Guadalajara vienen aquí los fines de semana a degustar sus platillos.
Lo mejor
Para gozar el lugar, cuenta Azucena, canadiense de 35 años de edad y 10 años de vivir aquí, lo mejor es llegar la noche del sábado y hospedarse en alguna de las casa que se alquila para fin de semana, y es que por la cercanía a la ciudad, los hoteles no abundan por la zona.
El viernes hay que levantarse temprano e ir a los pies de la parroquia de San Andrés para degustar unas quesadillas de huitlacoche y un café de olla.
La otra opción es hacer una caminata y subir el cerro que está a espaldas de la plaza y llegar hasta la cruz –una hora a paso normal– y hacer varias tomas fotográficas de la panorámica.
Después de cualquier opción, hay que caminar por sus calles, sobre todo por las que te llevan al lago. Las fachadas de las casas y tiendas de artesanías están pintadas de colores vivos o con murales que, dice Azucena, son de los extranjeros que quieren hacer del lugar su México particular.
Entre las pinturas de las paredes que se pueden observar se describe la vida de los jaliscienses, los juegos de los niños y hasta el tipo de flora.
Para contemplar
Comer aquí está muy fácil, por ello no tendrás que preocuparte. Pero después de eso hay que dar un paseo por su nuevo malecón, rodeado de banquitas y señores con globos que hacen felices a los niños. Como a eso de las seis de la tarde, una marimba pone a cantar a algunos que aprovechan los últimos rayos de sol para volver a casa bronceados. .
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