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Con mucha hambre
Es cierto, Guadalajara ha cambiado, tanto, que además de ser favorita por los viajeros de negocios, también lo está siendo entre los amantes del buen comer
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Jessica Servín
El Universal
Domingo 05 de julio de 2009
GUADALAJARA. — Decidimos viajar en el primer vuelo desde la ciudad de México y aterrizar para la hora del desayuno en Guadalajara, la futura sede de los Juegos Panamericanos en 2011.
Mi acompañante, quien ya ha venido más de cinco veces a esta ciudad, hace notar la evolución de la ciudad.
Pero como bien dicen, el encanto inicia por lo viejo, lo perdurable y sí, por el estómago. Así que antes de dejar la maleta vamos al barrio Mexicaltzingo, a cinco minutos del centro histórico y en cuyo mercado están los mejores tamales estilo Tuxpan, de toda Guadalajara.
Es don Jaime Coba, quien desde hace más de 10 años vende los de elote, piña y carne; 300 diariamente. Está abierto de las cinco a las 17 horas. Su precio es de 17 pesos y más vale acompañarlos con un atolito de masa.
La otra opción irreprochable es la de la torta ahogada (22 pesos): un birote que se rellena con carnitas de puerco y se cubre con una salsa de chile de árbol con cebolla morada.
Para quienes no tengan entrenado su paladar, pueden pedirla sólo con un caldillo de jitomate.
Las más famosas están en la calle Las 9 Esquinas, donde anteriormente se unían nueve ríos y hoy lo que corre son cientos de familias hambrientas y muchos visitantes deseosos de curtir su paladar y llenar su estómago.
Y ya que estamos en esto, el picor de la torta se debe aminorar con un agua fresca de jamaica o mejor todavía, con un tradicional tejuino, bebida hecha de masa fermentada, jugo de limón, hielo y piloncillo, de venta en una de las esquinas de este barrio. Hay de varios tamaños, el chico es de seis pesos.
Lástima que no se tenga un estómago más grande, y es que otra de las cosas que se puede comer aquí es la birria. El local con más años es la de El Paisa, aunque quien atiende no es muy sonriente, así que mejor vamos a El Compadre, al fin que está a un lado. Aquí puedes comer un plato especial desde 40 pesos y rematar con una jericalla, el postre jalisciense por excelencia hecho con gelatina de huevo y leche, dicen que se inventó en el Hospicio Cabañas y que con eso las monjas alimentaban a los niños. Un vaso te vale nueve pesos.
Todavía nos falta la comida y la cena. Algunos otros imprescindibles de la gastronomía en Guadalajara son: el estofado de tripa de res cocinado con gelatina de pata de res o cerdo, de color rojo – mejor conocido como menudo–, carne en su jugo y mariscos (en el local La Barra de Moron I). Los tres deben degustarse en el mercado de San Juan de Dios, en el centro de la ciudad.
Para abrir el apetito visitamos otro de los clásicos de la ciudad, la cantina La Fuente, abierta desde 1921.
La bicicleta abandonada por un borrachito se exhibe en una de sus paredes “por si un día regresa por ella”, dice don Rogelio.
El lugar está abierto de 9 a 13 horas, menos los domingos y es amenizado con música de piano. La cerveza cuesta 15 pesos.
El siguiente punto es la Fonda de San Miguel Arcángel, abierta desde 1996. Aquí te puedes quedar hasta que el día termine. Su especialidad es la alta cocina mexicana, además de sus leyendas de fantasmas y .
Está dentro del primer convento la ciudad y su decoración es 100% arte mexicano. De entrada pide un pan de plátano con mantequilla.
Luego debe venir la sopa de tortilla y finalmente los camarones al tequila o una pechuga San Francisco.
El costo por comensal va desde los 120 pesos.
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