Estéticamente ofrece armonía en sus líneas, relieves muy discretos que le dan un aspecto deportivo, y convergen con una discreta parrilla con el emblema de la marca, y flanqueada por las luces perfectamente afiladas y empotradas a salpicaderas y cofre del nuevo sedán.
La parte trasera, en cambio, se ve simple, bien equilibrada pero sin crear emoción. En el interior la ergonomía y funcionalidad de su cuadro de instrumentos pone a nuestro alcance todas sus opciones, pero eso no podría estar completo sin un puesto de mando seguro y adaptable a cada conductor.
Sin duda, el espacio es uno de los elementos más sobresalientes, gracias a sus dimensiones de más de 4.5 metros de largo y 1.7 de ancho. Esta versión de entrada incluye aire acondicionado, equipo eléctrico, equipo de audio con CD MP3, vestidura en tela, rines de aluminio y doble bolsa de aire frontal.
La versión que probamos cuenta con el motor Boxer de cilindros opuestos, de 2.0 litros y 16 válvulas con doble árbol de levas en cada cabeza, que proporciona 150 caballos de fuerza (hp), acoplado con una transmisión manual de 5 velocidades, y cuenta con tracción integral que funciona mediante un diferencial central “viscoso”, ubicado entre cada eje, detecta qué rueda gira más rápido o con menor agarre para repartir la fuerza y poner al auto con la tracción sufi ciente al piso.
La suspensión es independiente en las 4 ruedas y los frenos son de disco también en las 4 ruedas, con sistemas ABS y reparto electrónico de fuerza como equipo de serie.
Todo este cúmulo de tecnología se ve refl ejado en la conducción.
Las curvas y cambios repentinos de carril son el hábitat natural de este auto, aunque por momentos, sobre todo en el arranque, nos dejó tibios con su respuesta. Puede ser una mala elección de la relaciones para la altura y calidad de gasolina de México, y también el peso adicional que supone el sistema de tracción en las 4 ruedas. Pero nos hace quedar un poco ansiosos por sentir más del Impreza.
Pero si queremos es llevarlo al límite hay que pisar a fondo el acelerador, llevarlo arriba de las 3,500 revoluciones por minuto(rpm) y la diversión comienza. Además transmite seguridad
en el manejo y gran calidad de marcha, absorbiendo a la perfección las irregularidades del camino por la calibración confortable de la suspensión.
El frenaje no es impresionante pero cumple con detenciones cortas y con un buen control del auto. El Impreza 2.0R es un auto muy equilibrado, ofrece un manejo muy seguro, buen espacio, buena cajuela y buen valor por precio.
Su desempeño nos parece pobre a la altura del altiplano y eso desperdicia el resto de sus cualidades dinámicas, pero es un auto confortable para el manejo diario y cuenta con una buena
tecnología que lo distingue del resto de sus competidores del segmento.