Las cámaras actuales pueden ser totalmente manuales –tú decides todos los parámetros de la foto-, totalmente automáticas –su pequeña computadora hace todo y tú solo “apuntas y disparas”, o cualquier paso entre estos dos extremos.
Uno de esos parámetros es el enfoque, aunque una máquina no puede discernir sobre cuál es el objeto o sujeto importante, simplemente enfoca lo que “cree” que se debe enfocar.
Lo puedes ver como pequeños puntos que parpadean en rojo en el visor de la cámara. Las cámaras más simples tienen tres puntos de enfoque, las más complejas pueden llegar a tener nueve o hasta 14.
El problema es cuando la máquina enfoca justo lo que tú no querías.
Problema y solución
En las fotos que acompañan estas líneas la cámara “decidió” que el letrero era su plano a enfocar y dejó fuera a la espalda de la mujer que caminaba hacia el barco, quien era en realidad el sujeto de mi fotografía.
El truco para compensarlo es muy fácil y funciona tanto con cámaras sencillas como con las más sofisticadas.
Primero ajusta el cuadro centrando lo que quieres en foco, en este caso a ella. Sé obvio para no dejar a la cámara ninguna duda sobre tu plano de importancia.
Presiona ligeramente el botón de disparo para lograr el enfoque y sin soltarlo, reencuadra para tener de nuevo los elementos como los querías (la mujer cargada al lado derecho). Ahora sí, dispara a fondo.
No es una técnica difícil, con un poco de práctica lo harás de manera casi automática y corregirás en décimas de segundo.
Experimenta, la vida siempre da un pretexto para retratarla.