Para ir a Cancún hemos tenido que invertir varias horas de nuestro tiempo desde que salimos de la ciudad de México, llegamos a Toluca para al fin aterrizar en el estado de Quintana Roo. Pedimos a gritos un descanso.
Al llegar somos recibidos con una toallita fría impregnada con loción de naranjo, sentimos un alivio, pues la humedad hace que sudemos a chorros.
Nuestro hotel es Le Blanc Spa & Resort, ubicado en pleno corazón de la zona hotelera. Mientras hacemos el check in nos ofrecen una mimosa. Esperamos nuestro turno en los sillones de color chocolate que son envueltos por largos y blancos velos.
En mi habitación lo que resalta es un jacuzzi para dos personas frente a un ventanal por el cual contemplo los diferentes tonos de azul del mar.
Destapo una cerveza de las 12 que hay en el servibar, incluidas junto con los alimentos, tours y espectáculos que ofrece el hotel.
Me decido y bajo a la alberca de borde infinito con camastros en la orilla y a unos cuantos pasos un jacuzzi. Nos ofrecen bebidas y algo de comida, no sin antes advertir que las pizzas a la leña son su especialidad. Tiene cuatro restaurantes: de cocina oriental, francesa, italiana y por supuesto uno de gastronomía mexicana.
La noche ha caído y nos vamos a la terraza a tomar un martini de coco, desde ese lugar podemos observar un espectáculo de fuego. Cuatro personas se encargan de hacer malabares con herrería ardiendo en llamas.
Mientras subo a mi habitación para al fin dormir respiro el aroma a lavanda que se filtra por el aire acondicionado.
No se escuchan risas ni gritos de los niños. Es un hotel de 260 habitaciones sólo para adultos.
Elijo del menú de almohadas la que está impregnada con manzanilla para dormir relajada. Me pierdo en mi sueño, mañana será otro día en el que pueda visitar el spa y también caminar por su extensa playa, sin un rastro de basura, por donde se pasean y toman el sol algunas celebridades o jugadores de futbol soccer.