Tener
finanzas sanas es sin dunda uno de los requisitos indispensables para el éxito
de un negocio, esto implica una serie de decisiones que nos pueden hacer más
fácil la vida
Al
respecto, César Iván Díaz, ingeniero industrial de profesión, consultor en
temas de estrategia y mejora continua, elaboró siete sencillos principios que
aquí te presentamos:
La
buena mayordomía
El
dueño de una empresa debe verse a sí mismo solamente como el administrador o
"mayordomo" de la misma, o sea, alguien a quien se le encargó su cuidado y que
deberá entregar cuentas al verdadero dueño. La experiencia es que negocios
pequeños crecen rápidamente cuando los dueños verdaderamente aplican este
principio.
Por
ejemplo, si el sueldo delimitado es de 10 mil pesos no deberá disponer ni
siquiera de un peso más. No se debe precipitar con cosas muy lujosas
(especialmente automóviles de uso personal), sólo porque "hay que impresionar a
los clientes con una buena imagen".
Deben
ser pacientes y ya habrá tiempo de hacer esos gastos cuando el negocio lo
permita.
Debe
existir equilibrio entre las entradas y las salidas
Existen
solo dos formas importantes de que entre dinero a la empresa: por una
aportación de capital (que puede ser de un inversionista, del apoyo de alguna
institución o de un préstamo), o por ingresos derivados de las ventas. Dicho
sea de paso, estos últimos son los únicos que verdaderamente la hacen rentable
y saludable, pues si no hay ingresos por ventas, cualquier aportación de
capital será "echar dinero bueno al malo".
Por
otra parte, las salidas de dinero se catalogan en costos (compra de materias
primas o de los productos que la empresa revende, etc.), gastos de operación
(salarios, renta, etc.), inversiones (en maquinaria, en mobiliario, o en
publicidad), y por último, utilidades (lo que haya quedado después de todas las
demás salidas).
Es primordial respetar esta jerarquía en
cuanto a las salidas de dinero, si "tomamos" utilidades y quedamos a deber
costos o gastos de operación, solo nos estamos haciendo tontos, pues en
realidad no hay tales "utilidades".
La
ley de la siembra y la cosecha
Lo
que sembremos es lo que habremos de cosechar. Siembre escasamente y cosechará
escasamente, siembre con abundancia y cosechará con abundancia. Éste principio
guarda mucha relación con los dos anteriores. "Como dueño o administrador usted
es ejemplo para sus empleados, proveedores y clientes. Por eso, en la medida de
las posibilidades de la empresa, siembre en salarios decorosos; siembre al
contratar un empleado más, si la actividad así lo demanda, en vez de "negrear"
más al que ya tiene.
"siembre
en materias primas de buena calidad y en proveedores confiables (aunque no sean
los más baratos), siembre en darle un pequeño extra al cliente, siembre en
contratar al menos un poco de publicidad. Siembre en asesorarse por
profesionales para tomar decisiones de negocio importantes o mejorar su
negocio".
Adquiera
sólo aquello que sepa cómo lo va a vender o usar
Tristemente
me he encontrado con muchas empresas (principalmente aquellas con poco tiempo
de haber iniciado), que se echan a cuestas grandes gastos de operación e
invierten fuertemente en mobiliario y equipo, pero que no saben todavía cómo o
a través de quién van a vender sus productos.
En
un caso extremo es preferible empezar trabajando desde casa con un teléfono
celular, consultando la cuenta de correo gratis en un café Internet y con una
buena (y aterrizada) idea de negocios, pero enfocándose primero en conseguir
clientes y cerrar ventas, que enfocarse en comprometer el capital de la empresa
antes de conseguir el primer pedido.
A
menos que sea un negocio abierto al público, unas instalaciones bonitas ayudan,
pero por sí mismas no consiguen clientes
No adquiera cosas
innecesarias "sólo" porque son deducibles de impuestos y porque "tenemos IVA a
favor", eso puede que ayude fiscalmente en el corto plazo, pero a la larga es
una práctica muy perjudicial.
Una cosa más, evite también el socorrido "hágalo usted mismo" con tal de
ahorrar. Recuerde que el objetivo de una empresa es ganar dinero vendiendo sus
productos o servicios, no ahorrar en costos y gastos.
O bien vendido o
bien podrido
Este
es un dicho popular entre los comerciantes de frutas y verduras, y significa
que nunca debe "malbaratar" los productos o servicios de su empresa, sólo por
vender "aunque sea algo". Si usted no cree en el valor de lo que ofrece, sus
clientes tampoco lo harán. Recuerde que de su margen de ganancia es de donde
sale para pagar los gastos de operación, para las inversiones en el negocio, y
en última instancia, para las utilidades.
Nunca
fiar
Una
cosa es dar crédito, y otra muy diferente es fiar. Si tenemos la intención de
dar crédito a nuestros clientes, antes debemos ver qué tantas posibilidades hay
de que no nos paguen (y si la empresa está en posición de asumir ese riesgo).
También
se debe contar con alguien que se
encargue de la cobranza, dándole "armas" para hacer su trabajo, como pagarés
firmados, acuses de recibo, contratos, etcétera (porque es seguro que van a
hacer falta). Si no hacemos todo esto, simplemente estamos fiando, y fiar es lo
más parecido a regalar nuestro producto o servicio
Tener
siempre una reserva de efectivo
Los
imprevistos ocurren. Aunque esto varía dependiendo del giro y tamaño de la
empresa, en general recomiendo que se procure tener como mínimo el equivalente
a tres meses de gastos de operación como reserva de efectivo. "Y por favor, no
los guarde "debajo del colchón", pregunte a su banco por algún instrumento de
inversión acorde a sus necesidades".
Uno de los beneficios más importantes de aplicar estos siete principios es que
están enfocados a proteger el capital de trabajo del negocio, el cual es como
"el aceite" que permite al motor de su empresa funcionar bien y generar ingresos
por ventas.
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