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Algunas diferencias entre géneros se ensanchan

Cuando mujeres y hombres son sometidos a pruebas de personalidad, algunos de los viejos estereotipos de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus siguen apareciendo
Viernes 12 de septiembre de 2008 Redacción | El Universal10:13

Cuando mujeres y hombres son sometidos a pruebas de personalidad, algunos de los viejos estereotipos de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus siguen apareciendo.

En promedio, las mujeres son más cooperativas, protectoras, cautelosas y sensibles emocionalmente. Los varones, por su parte, tienden a ser más competitivos, autoritarios, temerarios y emocionalmente insulsos. Las diferencias aparecen claramente en la niñez y nunca desaparecen.

Lo que aún no está claro es el origen de estas diferencias.
Psicólogos evolucionistas sostienen que estos son rasgos innatos heredados de cazadores y recolectores antiguos.

Otra escuela de psicólogos afirma que la personalidad de ambos sexos se ha ido conformando por los roles sociales y que las diferencias de personalidad irán disminuyendo al tiempo que las mujeres pasan menos tiempo cuidando a los hijos y más tiempo fuera de casa debido a su empleo.

Para probar estas hipótesis, varios equipos de investigación han analizado repetidamente pruebas de personalidad aplicadas a hombres y mujeres en más de 60 de todo el mundo.

Para los psicólogos evolucionistas, la mala noticia es que el tamaño de la brecha de géneros en materia de personalidad varía mucho entre las diferentes culturas. Para los psicólogos que creen en el rol social, la mala noticia es que la variación no es la esperada.

Al parecer, las diferencias de personalidad entre hombres y mujeres son menos significativas en culturas tradicionales como las de India o Zimbabwe, que en Holanda o Estados Unidos.

Un esposo y una esposa que se queda en casa de un clan patriarcal de Botswana son más parecidos que una pareja trabajadora en Dinamarca o Francia; entre más equitativos son los derechos y los empleos entre hombres y mujeres, más parecen divergir sus personalidades.

Estos hallazgos resultan tan contrarios a la intuición que algunos investigadores afirman que seguramente se deben a diferencias transculturales con las pruebas de personalidad. Sin embargo, después de analizar detenidamente información reciente de 40 mil hombres y mujeres en los seis continentes, David P. Schmitt y sus colegas concluyen que la tendencia es real.

El doctor Schmitt, psicólogo de la Universidad de Bradley en Illinois y director del Proyecto Internacional de Descripción de la Sexualidad, sugiere que al tiempo que las sociedades modernas y prósperas nivelan las barreras externas contra hombres y mujeres, están resurgiendo algunas diferencias internas antiguas.

Los cambios más significativos registrados por los investigadores tienen que ver con la personalidad de los hombres, no de las mujeres. Los varones en sociedades agrícolas tradicionales y en países más pobres parecen estar más cautelosos y ansiosos, menos enérgicos y competitivos que los hombres de los países más ricos y progresistas de Europa y Norteamérica.

Para explicar las diferencias, el doctor Schmitt y sus colaboradores de Austria y Estonia hacen énfasis en las privaciones cotidianas que se sufren en países pobres. Los investigadores señalan que en otras especies, el estrés ambiental tiende a afectar de manera desproporcionada al género más grande y en ciertos casos elimina características sexuales secundarias (como el despliegue de plumaje en los pájaros machos).

Existen ejemplos, señalan, de cómo el estrés ha anulado diferencias de género entre los humanos. Por ejemplo, la diferencia de altura promedio entre hombres y mujeres no es tan pronunciada en los países pobres como en los países ricos, debido a que el crecimiento en varones se ve desproporcionadamente afectado por problemas como la mala nutrición y las enfermedades.

Por supuesto, el tema de la personalidad es mucho más complicado que la altura, y el doctor Schmitt sugiere que ésta se ve afectada no sólo por los problemas físicos sino las tensiones sociales que existen en las sociedades agrícolas tradicionales.

Esos habitantes tuvieron que adaptar sus personalidades a reglas, jerarquías y roles de género más imperativos que en los de los modernos países occidentales o en clanes de cazadores y recolectores.

"El paso de la humanidad a economías basadas en la agricultura y el monoteísmo y la monopolización del poder y los recursos por unos cuantos, es ‘poco natural' en muchos sentidos", indicó el doctor Schmitt, refiriéndose a las evidencias de que cazadores y recolectores eran relativamente igualitarios.

"En cierta forma las culturas progresistas modernas nos están regresando sicológicamente a nuestras raíces de cazador-recolector", sostiene. "Eso implica una alta igualdad de género sociopolítica en general, pero con hombres y mujeres manifestando intereses predispuestos en distintos dominios.

Eliminar las tensiones de las sociedades agrícolas tradicionales podría permitir que surjan los rasgos de personalidad más ‘naturales' de los hombres, y en menor grado de las mujeres".

Algunos críticos de la hipótesis señalan que las variaciones internacionales de personalidad podrían tener más que ver con la forma en que la gente de distintas culturas interpretan las preguntas de las pruebas de personalidad. A los críticos les gustaría ver más medidas directas de los rasgos de personalidad, lo mismo que al doctor Schmitt.

Sin embargo, una de éstas, la competitividad, ya ha sido estudiada en el campo de las carreras atléticas. Este deporte ha ofrecido un terreno de juego parejo en las últimas dos décadas en Estados Unidos. Las mujeres compiten por premios iguales a los de los hombres, y reciben casi 50% más becas que los hombres de ciertas universidades.

Pero los corredores hombres que se mantienen cerca de la mejor marca de su categoría, normalmente son entre dos y cuatro veces más que las mujeres que hacen proporcionalmente lo mismo en su categoría.

Robert Deaner, psicólogo de la Universidad Estatal de Grand Valley en Michigan, señaló que esta duradera "diferencia sexual en competitividad debe ser considerada un genuino fracaso para la hipótesis de las condiciones socioculturales" de que la brecha de personalidad se reducirá al tiempo que se abren nuevos roles para las mujeres.

Si él y el doctor Schmitt tienen razón, entonces hombres y mujeres no deben esperar entenderse mucho mejor en el corto plazo. Las cosas podrían ponerse confusas si la brecha de personalidad se ensancha al tiempo que los géneros se vuelven cada vez más iguales.

Pero quizá ese fue el atractivo del misterioso otro que mantuvo a Venus y Marte juntos por tanto tiempo en la sabana. (Traducción: Gabriela Cornejo).

 



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