Con cerca de 50 años de permanencia, Galerías Mariscal inició como un pequeño negocio familiar que tenía como objetivo satisfacer el gusto de coleccionistas; ahora que ofrece miles de antigüedades, muchas de ellas dignas de un museo.
A 45 años de su fundación, Lorena Mariscal, dueña del lugar, aseguró que en México hay un fuerte mercado de compradores de esas piezas. "Entran muchos jóvenes que les gusta lo que vendemos y se asombran al ver ciertos objetos".
En la galería de ofrece lo inimaginable. Hay artículos desde 300 pesos y otros que pueden superar 250 mil pesos por pieza.
Los mejores meses para el negocio son diciembre, enero y febrero; en ese periodo se pueden alcanzar ventas de 80 mil pesos.
La tienda que inició Jorge Mariscal con 15 o 20 cosas como licuadoras, máquinas de escribir y de coser, hoy cuenta con más de 100 mil que van desde tazas, cubiertos, plumas o relojes de bolsillo, hasta candiles, pianos, salas o guerreros de terracota de tamaño natural.
Ante el crecimiento del negocio, se vieron en la necesidad de dejar su pequeño local con el que iniciaron en el centro histórico para trasladarse a su nueva dirección desde hace cinco años en la colonia Roma, donde además de vender, rentan sus productos para cine y telenovelas por 5 % del valor de la pieza durante un mes.
Cada antigüedad, para considerarse como tal, cuenta con un certificado que acredita su arcaísmo mínimo de 100 años y aumenta su valor en el mercado dependiendo su estado físico, materiales y tamaño.
La familia de anticuarios no se dedica a la importación, aunque muchas piezas tienen procedencia europea.
"Todo lo que vendemos viene de personas que se quieren deshacer de determinados objetos o cambian de domicilio... casi siempre son herencias y a los hijos o nietos que no les interesan las obras de arte, optan por venderlas", aclaró.
Para cerrar las compras, los encargados de la tienda van al domicilio de los interesados si se trata de un gran lote y eligen lo que les interesa para llevarlo al establecimiento, siendo más de 100 mil pesos los que han adquirido en una sola visita.
Para evitar el lucro con mercancías de procedencia dudosa, evitan el arte sacro y a quien le compran se le pide identificación oficial y se corroboran los datos. "Si hay un problema, el vendedor asume los costos".
Esta medida, dijo, se adoptó hace unos años, debido a que antes le compraban a gente extraña del Monte de Piedad y ahora trabajan de manera directa con particulares.
En las paredes de la galería se dejan ver pinturas, bronces, vajillas... todo es parte del negocio donde el costo no es un impedimento para los coleccionistas, quienes pagan elevadas sumas con tal de adquirir un objeto raro y antiguo.
Y más aún, el costo crecerá si el artículo tiene una historia que contar como un hapsicordio inglés (similar al piano) que se fabricó para los príncipes de Inglaterra y que tiene 200 años de antigüedad.