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EL ALBERTO, Hgo.— El frío de la noche nos envolvía, se escuchaban disparos y un megáfono con voces en inglés. Las 25 personas corríamos detrás del "pollero". A una seña de éste, nos escondimos en unos matorrales.
Una potente luz iluminó el sendero que acabábamos de recorrer y las voces en inglés nos ofrecían agua y comida pero también nos amenazaban.
A una señal del "pollero" corrimos a las camionetas escondidas en una curva de la carretera. Ellas nos llevarían a nuestro destino: una cabaña ecoturística.
La frontera... en Hidalgo
El Alberto es un pequeño poblado cercano a Ixmiquilpan, en Hidalgo. Durante décadas fue expulsor de mano de obra y sus pobladores conocen bien las corretizas de la Border Patrol estadounidense. Ahora, como una forma de turismo de aventura, pero a la vez educativo, organizan caminatas nocturnas que emulan lo que ellos han vivido en el desierto de Arizona.
Aventureros de entre 10 y 50 años viven en cuatro horas de caminata una probadita del escape de las garras de "la migra" entre lodo, piedras y cactus, en una travesía que a veces no parece un simulacro.
No tienen la producción de un parque de diversiones, pero su experiencia personal –muchos siguen cruzando cada año la frontera ilegalmente- es la mejor garantía de la experiencia.
Esto no implica un aliciente a ser ilegal, sino un intento porque el resto del país tomemos conciencia de una realidad nacional que a millones de personas les obliga a buscar trabajo en un medio nada fácil.
Si te animas a hacer la caminata nocturna, no olvides –al igual que los migrantes reales- llevar una mochila con agua, zapatos cómodos y que puedas estropear, además de una chamarra. La caminata dura de nueve de la noche a una de la mañana, tiene un costo de 100 pesos por persona y culmina con un espec- táculo de antorchas iluminando uno de los cerros de la región. Aquí, desafortunadamente, no hallarás un empleo en dólares.