El Hospital Clínico de Barcelona presentó hoy una nueva técnica que
permite reconstruir el pecho a mujeres que han padecido cáncer de mama,
con injertos de grasa del propio cuerpo que se implantan sin nuevas
cicatrices.
El jefe del servicio de Cirugía Plástica de ese centro médico, Joan
Fontdevila, presentó el nuevo método quirúrgico en una conferencia de
prensa.
Según Fontdevila, la nueva técnica es mucho más sencilla que las
empleadas hasta ahora para reparar las mamas afectadas por un tumor,
como la obtención de tejido de grandes zonas del cuerpo para llevar a
cabo una reconstrucción o bien la utilización de prótesis.
Explicó que se trata de una técnica similar a la liposucción, en la que
el cirujano obtiene grasa de debajo de la piel con la ayuda de unas
cánulas (tubos pequeños) especiales, en cualquier zona del cuerpo, lo
que deja unas cicatrices de menos de tres milímetros.
Una vez extraída la grasa, se procesa en el quirófano para purificarla,
separándola de los hematíes y el plasma, y se inyecta posteriormente en
el pecho afectado por la mastectomía, sin necesidad de realizar una
nueva cicatriz.
La operación dura unas dos horas y el tiempo de recuperación es mucho
menor, lo que mejora el estado de las pacientes, que ya han debido
soportar cirugías para extraer el cáncer y también tratamientos
agresivos de quimio o radioterapia.
El doctor precisó que en una reconstrucción tradicional se debe
destruir una zona del abdomen o los muslos para `trasladar` la grasa
extraída al pecho, con muchas horas de quirófano y grandes cicatrices.
Si embargo, "con la incorporación de esta técnica ya es posible hablar
de regeneración de tejidos dañados o ausentes", dado que la grasa del
cuerpo contiene células madre, lo que permite aprovechar sus virtudes y
efectos beneficiosos a la hora de reparar las mamas.
Los casos intervenidos en el Hospital Clínico permitieron constatar que
los beneficios que se obtienen van más allá del restablecimiento del
volumen mamario, ya que no sólo mejora la calidad de la piel alterada
por la radioterapia y las cicatrices de la mastectomía, sino que además
permite refinar los resultados obtenidos con otras técnicas de
reconstrucción mamaria.
El equipo de cirugía plástica del hospital comenzó a trabajar en la
aplicación de los injertos de grasa a nivel facial en el año 2001,
basándose en la experiencia del doctor Sydey Coleman, de Nueva York.
Tras los primeros resultados, el doctor Fontdevila y su equipo
iniciaron un proyecto de investigación financiado por el Fondo de
Investigación Sanitaria sobre la aplicación de este método en la
regeneración de las secuelas faciales de los pacientes con Sida.
Después de cuatro años de estudio, las conclusiones, que fueron
expuestas el pasado mayo en el congreso de la American Society of
Aesthetic Plastic Surgery en San Diego (Estados Unidos), confirman que
los injertos de grasa tienen un "gran potencial regenerador y sus
efectos se mantienen de forma duradera en el tiempo, al contrario de lo
que se creía anteriormente".
Según Fontdevila, con este nuevo método de regeneración se podría
atender al 80% de las pacientes afectadas de cáncer de mama que han
padecido cirugía conservadora, y a un porcentaje por concretar en otros
tipos de cirugía más radical.
Esta técnica tiene el inconveniente de que no se puede realizar hasta
pasados entre tres y nueve meses de la operación para extirpar el tumor
o una vez finalizadas las sesiones de quimio y radioterapia.
En la rueda de prensa también participó Silvia Rivas, paciente intervenida mediante esta técnica, y que valoró como positiva.