Por sus cuatro costados, la República mexicana ofrece experiencias vacacionales dignas de reyes y príncipes.
Propiedades exquisitamente decoradas y tours que guiñan el ojo a los viajeros de gustos selectos.
No es el común denominador, pero brillan como esmeraldas y seducen por un bondadoso clima y la calidez del servicio. He aquí una pequeña probada para mirar de reojo "el otro México", el del lujo excéntrico y entender a dónde va el país en su apuesta por diferenciar su oferta a través del mercado premium, que ya compite con Hawai, Las Vegas, Miami y algunas islas del Caribe