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¡Ciao, David!

Miguel Ángel le dio vida a un bloque de mármol defectuoso y lo transformó en una de las esculturas más fascinantes. La visita a este hombre de rizos alborotados es clásica, pero no deja de ser imprescindible. Está palomeada en la lista de más de un millón 200 mil viajeros al año
¡Ciao, David!¡Ciao, David!
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  • Sobredosis de belleza  2008-05-27
  • Gretel Zanella
    El Universal

    Sábado 24 de mayo de 2008

    FLORENCIA, It.— El tiempo y la vergüenza no me dejan explicar por qué estuve sólo unas horas en la capital toscana. De no muy buena gana taché en mi lista de deseos las tiendas de ropa, el gusto de sentarme a probar un capuchino, o una copa de masseto en alguna de las enotecas que hay donde quiera que uno lo piense.

    Me negué a retratarme con mis compañeros de tour en cada aparador glamoroso o fachada curiosa que se les ocurriera. Cada quien aprovecha esos momentos como le plazca.

    En la Piazza del Duomo cortamos por lo sano. Ellos, hacia un puesto callejero de chamarras de la selección italiana (a nueve euros la prenda), y yo, rumbo al número 60 de la via Ricasoli.

    Ahí está el hombre "más bueno del mundo", me comentaron antes de venir a Italia. Toda una celebridad. No pensaba irme de Florencia sin antes echarle "los dos ojos".

    Tuve suerte, no fue necesaria una reservación. Tampoco había fila para entrar a la Galería de la Academia.

    Como todos los museos de Florencia, éste requiere tiempo y caminarlo con calma. Ese día fue diferente. Sólo por cumplir, anduve las 11 salas sin detenerme mucho en los cuadros, queriéndome comer de una sola pasada todas esas figuras, todos los colores, todos los nombres, hasta indigestarme de ellas.

    Me grabé el cuadro de Sandro Boticcelli y su Virgen con niño, San Juan y dos ángeles, algunos tapices flamencos y uno de los modelos en yeso del Rapto de las Sabinas (unas muchachas secuestradas por los romanos para poblar la ciudad), de Juan de Bolonia. La escultura original, –dramática y rebosante de vida– se exhibe en la Piazza de la Signoria, a la sombra de la Logia.

    Encuentro con el hombre ideal

    Tras una puerta de cristal se resguarda la sala de Miguel Ángel. Y al fin sucedió.

    Al terminar el pasillo, custodiado por otras esculturas, bajo una cúpula lo vi a lo lejos, de pie en su tribuna.

    Las escenas de los documentales del Discovery Channel y las imágenes de los libros de historia del arte no le hacen justicia. Y no quiero ofender a nadie, pero la desnudez de este hombre me erizó la piel.

    La cámara, desafortunadamente, tuvo que quedarse guardada en el bolso de mano. No está permitido tomar fotografías.

    Me olvidé del tiempo y complací a mis sentidos con observarlo en todos los ángulos posibles.

    Buenas proporciones

    De lejos, las proporciones del "gigante" de Florencia –como lo llamaban– son perfectas, las ideales del hombre. De cerca, las dimensiones anatómicas, ya no son tan armónicas.

    A corta distancia esta escultura de 4.10 metros de alto intimida. Las manos, los pies y la cabeza son mucho más grandes de lo que deberían. Los estudiosos explican que Miguel Ángel los esculpió así a propósito para destacar la fuerza del vencedor de Goliat y futuro rey de Israel.

    Ese poder se concentra, sobre todo, en sus manos con las venas saltadas. En cualquier momento parece que va a mover sus dedos.

    Le di la vuelta completa. Miré las musculosas piernas y el trasero de un hombre que se ejercita.

    Me senté en una banca para seguir admirándolo.

    Una mujer argentina, como si me conociera de toda la vida, se sentó a mi lado para contarme que siempre había creído que el día que viniera a Florencia a ver el David, se soltaría a llorar emocionada. Y ahora que se le había cumplido su sueño estaba bloqueada. "Ni una lágrima me brota, ni aunque me dé de bofetadas".

    Creo que observé la escultura durante una hora, repasando la tensión de su cuello, la mirada y sus rizos alborotados que caen sobre su frente, su ceño fruncido.

    Mis compañeros de tour ya me esperaban en la Piazza del Duomo. Traje conmigo algunos recuerdos, unos lápices, un estuche de tela con los techos de Florencia y un par de separadores. Fascinados, presumieron sus chamarras. "De lo que te perdiste, nos salieron en una ganga". Sí, una ganga con su etiqueta: Made in China.


     





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