FLORENCIA, It.— La capital de la Toscana atonta a quien la visita
por primera vez. El exceso de arte y belleza, la arquitectura y la
cantidad de turistas te pueden hacer delirar.
Algo más intenso le ocurrió al novelista Stendhal cuando visitó la
iglesia de la Santa Croce: mareos, dolor de cabeza y un desmayo. Él fue
la primera víctima registrada del síndrome que lleva su nombre. De
hecho, hay médicos en los hospitales florentinos que se especializan en
este mal.
Con poco tiempo para respirar la esencia de la ciudad y mucho
afán por vivirla toda, es muy probable sufrir una congestión en el
alma.
Se puede elegir un tour que en cuatro horas te satura la
cabeza de Florencia o ir por cuenta propia, despacio, aunque únicamente
te lleves la experiencia "bien vivida" de uno o dos lugares.
Los pequeños detalles llenan grandes huecos: una copa en la
enoteca Fouri Porta, regresarse a casa con un par de botellas de vino
toscano, alquilar una motoneta y dar un paseo por las estrechísimas
calles, ir en pareja a colgarle un candado de amor a una escultura del
Ponte Vecchio, visitar las peleterías donde, además de ofrecer una
demostración de la elaboración de sus productos, revelan algunos tips
para identificar piel genuina. Una advertencia: los precios aquí y en
las joyerías del Puente Viejo son groseramente escandalosos.
Ya en la cúpula del Duomo o en la Campanario puedes observar la ciudad
desde las alturas. Suspira y, por un segundo, siente que has dominado
Florencia.