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Sobredosis de belleza

Es una ciudad hecha a mano, de calles estrechas y repletas de tesoros. Pero cuidado, hay médicos que aseguran que el arte en exceso puede resultar nocivo para la salud
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Gretel Zanella
El Universal

Lunes 02 de junio de 2008


FLORENCIA, It.— La capital de la Toscana atonta a quien la visita por primera vez. El exceso de arte y belleza, la arquitectura y la cantidad de turistas te pueden hacer delirar.

Algo más intenso le ocurrió al novelista Stendhal cuando visitó la iglesia de la Santa Croce: mareos, dolor de cabeza y un desmayo. Él fue la primera víctima registrada del síndrome que lleva su nombre. De hecho, hay médicos en los hospitales florentinos que se especializan en este mal.

Con poco tiempo para respirar la esencia de la ciudad y mucho afán por vivirla toda, es muy probable sufrir una congestión en el alma.

Se puede elegir un tour que en cuatro horas te satura la cabeza de Florencia o ir por cuenta propia, despacio, aunque únicamente te lleves la experiencia "bien vivida" de uno o dos lugares.

Los pequeños detalles llenan grandes huecos: una copa en la enoteca Fouri Porta, regresarse a casa con un par de botellas de vino toscano, alquilar una motoneta y dar un paseo por las estrechísimas calles, ir en pareja a colgarle un candado de amor a una escultura del Ponte Vecchio, visitar las peleterías donde, además de ofrecer una demostración de la elaboración de sus productos, revelan algunos tips para identificar piel genuina. Una advertencia: los precios aquí y en las joyerías del Puente Viejo son groseramente escandalosos.

Ya en la cúpula del Duomo o en la Campanario puedes observar la ciudad desde las alturas. Suspira y, por un segundo, siente que has dominado Florencia.


 





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