TUCSON, ARIZONA.— El programa se basará en 12 americanos, viajeros
experimentados, sueltos en al aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de
México y cuya única meta es abordar sus vuelos desde la nueva terminal.
No habrá obstáculos falsos. Los participantes pueden preguntar
a quien deseen, checar señalamientos y consultar mapas. Basado en la
experiencia de un servidor, un viajero frecuente, los obstáculos reales
bastarán. Mi apuesta es que la mitad, uno más o uno menos, logrará
viajar.
Mientras otros aeropuertos ofrecen un recinto para salir a su
destino, la Terminal 2 ofrece una experiencia inolvidable única de
apuesta y adivinación.
Si está en la Terminal 1 sólo preguntando sabrá si su vuelo sale de la Terminal 2. Nadie, ni nada, lo anuncia.
La aventura se incrementa
Para usar el aerotren que va de la Terminal 1 a la 2, se
requiere un pase de abordar. Pero, como extranjero no puede conseguirlo
en ningún mostrador, ni en la computadora de Aeroméxico, línea a la que
acudí.
Un letrero (de los pocos) avisa al viajero que debe usar una de
sus terminales para registrarse y poder subir al tren, con sólo
presionar su clave, o apellido. Pero... para un vuelo internacional no
se puede. Sólo documentan a los pasajeros en vuelos locales.
El personal lo entendió y me permitió subir a lo que parecía
ser un cómodo tren. Sin embargo, en los siete minutos de viaje una
grabación bilingüe, sin fin, ordenaba tomar asiento e informaba de su
llegada a la Terminal 2.
En la mayor parte de los aeropuertos del mundo, hay tren tras tren. Aquí, había uno y pasaba cada 15 minutos.
El concepto del aeropuerto como un reality show sería chistoso si no fuera tan serio.
Además, la Terminal 2 está casi en otra colonia.
¿Quiere más? Trate de entender la política de entrega de la visa
de extranjeros, la cual cuesta 25 dólares y es válida para entradas y
salidas múltiples por seis meses.
Sin embargo, en la Terminal 2 no es así. Usé mi derecho de quedarme con
la visa ante un agente de Gobernación, pues la había obtenido dos meses
atrás.
Pero, las interpretaciones de Aeroméxico superan a las leyes de
la nación. Al intentar subir al avión, el agente de esta aerolínea
insistió que le entregara mi visa. "No", le dije, "hace unas semanas
pagué 25 dólares por ella y no me la debe de quitar"!
Su respuesta amable: "La visa, por favor, o aquí te quedas". Anotación final: empleado de Aeroméxico 1, viajero Keith 0.
¿Qué representan 25 dólares? Suficiente quizá para pagar los gastos por
inauguraciones de nuevas obras. Más que el efectivo, este incidente
encarna las señales mixtas de una obra a medio terminar.
¿Cómo es que el máximo poder de un país puede inaugurar algo así? ¿Que
no certifica o avala una obra el sello de aprobación presidencial?
En este caso, ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario.
Keith Rosenblum, escritor de
Tucson. keithrosenblum@gmail.com
(La carta fue editada por cuestiones de espacio)