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El largo andar de un viajero

Olvidémonos de los éxitos de Big Brother y La Academia, pasarán a la historia en un instante. El nuevo hit es un reality show que llevará por nombre "Terminal 2"
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Redacción Destinos
El Universal

Miércoles 21 de mayo de 2008

TUCSON, ARIZONA.— El programa se basará en 12 americanos, viajeros experimentados, sueltos en al aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México y cuya única meta es abordar sus vuelos desde la nueva terminal.

No habrá obstáculos falsos. Los participantes pueden preguntar a quien deseen, checar señalamientos y consultar mapas. Basado en la experiencia de un servidor, un viajero frecuente, los obstáculos reales bastarán. Mi apuesta es que la mitad, uno más o uno menos, logrará viajar.

Mientras otros aeropuertos ofrecen un recinto para salir a su destino, la Terminal 2 ofrece una experiencia inolvidable única de apuesta y adivinación.

Si está en la Terminal 1 sólo preguntando sabrá si su vuelo sale de la Terminal 2. Nadie, ni nada, lo anuncia.

La aventura se incrementa

Para usar el aerotren que va de la Terminal 1 a la 2, se requiere un pase de abordar. Pero, como extranjero no puede conseguirlo en ningún mostrador, ni en la computadora de Aeroméxico, línea a la que acudí.

Un letrero (de los pocos) avisa al viajero que debe usar una de sus terminales para registrarse y poder subir al tren, con sólo presionar su clave, o apellido. Pero... para un vuelo internacional no se puede. Sólo documentan a los pasajeros en vuelos locales.

El personal lo entendió y me permitió subir a lo que parecía ser un cómodo tren. Sin embargo, en los siete minutos de viaje una grabación bilingüe, sin fin, ordenaba tomar asiento e informaba de su llegada a la Terminal 2.

En la mayor parte de los aeropuertos del mundo, hay tren tras tren. Aquí, había uno y pasaba cada 15 minutos.

El concepto del aeropuerto como un reality show sería chistoso si no fuera tan serio.

Además, la Terminal 2 está casi en otra colonia.

¿Quiere más? Trate de entender la política de entrega de la visa de extranjeros, la cual cuesta 25 dólares y es válida para entradas y salidas múltiples por seis meses.

Sin embargo, en la Terminal 2 no es así. Usé mi derecho de quedarme con la visa ante un agente de Gobernación, pues la había obtenido dos meses atrás.

Pero, las interpretaciones de Aeroméxico superan a las leyes de la nación. Al intentar subir al avión, el agente de esta aerolínea insistió que le entregara mi visa. "No", le dije, "hace unas semanas pagué 25 dólares por ella y no me la debe de quitar"!

Su respuesta amable: "La visa, por favor, o aquí te quedas". Anotación final: empleado de Aeroméxico 1, viajero Keith 0.

¿Qué representan 25 dólares? Suficiente quizá para pagar los gastos por inauguraciones de nuevas obras. Más que el efectivo, este incidente encarna las señales mixtas de una obra a medio terminar.

¿Cómo es que el máximo poder de un país puede inaugurar algo así? ¿Que no certifica o avala una obra el sello de aprobación presidencial?

En este caso, ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario.

Keith Rosenblum, escritor de Tucson. keithrosenblum@gmail.com

(La carta fue editada por cuestiones de espacio)


 





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