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El toque de Santa Clara del Cobre

A 18 kilómetros de Pátzcuaro, le da brillo a su habilidad artesanal
El toque de Santa Clara del CobreEl toque de Santa Clara del Cobre
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Arturo Soto Gálvez
El Universal

Viernes 23 de mayo de 2008

A la usanza antigua, artesanos giran y golpean con cierto ritmo, uno tras otro, un pedazo de metal al rojo vivo que llaman tejo, para crear los famosos casos.

Adelgazan y eliminan los llamados cantos, y sin necesidad de realizar uniones o soldaduras remachan sus asas en Santa Clara del Cobre.

Ahí descubres un lugar donde el hombre y el fuego transforman el cobre en arte, y en cada local y taller artesanal, se puede apreciar un legado cultural que se manifiesta en las más variadas piezas: miniaturas, floreros, casos, jarras, charolas y joyería, a escasos 18 kilómetros de Pátzcuaro.

Los artesanos consideran que su trabajo carece de reglas para crear, sólo requiere de un compromiso con la naturaleza, de tiempo, habilidad y perseverancia para controlar el color, textura y brillo del cobre.

Las técnicas que utilizan son resultado de una herencia prehispánica y colonial, como el repujado, martillado, cincelado, pulido, plateado y esmaltado. El precio varía de acuerdo a la calidad y tiempo de trabajo.

Al calor del metal

Actualmente, para crear ollas grandes, primero funden el cobre en un pozo a flor de tierra llamado cendrada, luego utilizan cenizas de carbón y leña de encino para la fragua, y avivan el fuego con fuelles de mano, activados, en algunos casos, por niños. Con base en este proceso obtienen planchas de metal que cortan con cincel. las giran con pinzas y golpean sobre un yunque con marros.

Emplean moldes llamados bigornias para darle forma especial al martillado, y candongas para ahondarlo, cinceles para puntear y remachar asas, y punzones para marcar, perforar y crear textura, en piezas que por su belleza trascienden a nivel internacional.

Un pueblo con historia

Antiguamente este poblado indígena se llamó Xacuaro, y por cédula real en 1553 se fundó como Santa Clara de los Cobres, en memoria de la santa italiana fundadora de la orden de religiosas clarisas. Su denominación aún permanece gracias a su actividad cuprífera, a pesar de que en 1858, se le llamó Santa Clara de Portugal; y en 1932, Villa Escalante en recuerdo a un revolucionario.

Existen vestigios de indígenas de etnia purépecha, que antes de la llegada de los españoles, además de producir objetos ornamentales, fabricaban hachas y puntas de coas, instrumentos de labranza. Posterior a la conquista, Vasco de Quiroga trajo españoles para introducir nuevas técnicas .

Se afirma que el Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, fue sacristán de su parroquia en 1788, y que después de la primera Feria Nacional del Cobre en 1965, ahí se elaboró el pebetero de los Juegos Olímpicos de 1968.

Museo al aire libre

Aquí todo está cerca, es un sitio que quedó atrapado en el pasado y conserva su estilo arquitectónico colonial, rodeado de paisajes de bosques de encino y pino. Las viejas casonas se distinguen por los muros de adobe encalados y guardapolvos color ladrillo con techos de dos aguas con tejas de barro.

En las calles uno puede encontrar todo tipo de artesanías.

Su Museo Nacional del Cobre cuenta con dos salas, en la primera se exhiben piezas galardonadas en la Feria Nacional del Cobre, en distintos años. En la segunda, se imparten talleres de elaboración de artesanías a través del martillado.


 





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