A la usanza antigua, artesanos giran y golpean con cierto ritmo, uno
tras otro, un pedazo de metal al rojo vivo que llaman tejo, para crear
los famosos casos.
Adelgazan y eliminan los llamados cantos, y sin necesidad de realizar
uniones o soldaduras remachan sus asas en Santa Clara del Cobre.
Ahí descubres un lugar donde el hombre y el fuego transforman el
cobre en arte, y en cada local y taller artesanal, se puede apreciar un
legado cultural que se manifiesta en las más variadas piezas:
miniaturas, floreros, casos, jarras, charolas y joyería, a escasos 18
kilómetros de Pátzcuaro.
Los artesanos consideran que su trabajo carece de reglas para
crear, sólo requiere de un compromiso con la naturaleza, de tiempo,
habilidad y perseverancia para controlar el color, textura y brillo del
cobre.
Las técnicas que utilizan son resultado de una herencia prehispánica y
colonial, como el repujado, martillado, cincelado, pulido, plateado y
esmaltado. El precio varía de acuerdo a la calidad y tiempo de trabajo.
Al calor del metal
Actualmente, para crear ollas grandes, primero funden el cobre en un
pozo a flor de tierra llamado cendrada, luego utilizan cenizas de
carbón y leña de encino para la fragua, y avivan el fuego con fuelles
de mano, activados, en algunos casos, por niños. Con base en este
proceso obtienen planchas de metal que cortan con cincel. las giran con
pinzas y golpean sobre un yunque con marros.
Emplean moldes llamados bigornias para darle forma especial al
martillado, y candongas para ahondarlo, cinceles para puntear y
remachar asas, y punzones para marcar, perforar y crear textura, en
piezas que por su belleza trascienden a nivel internacional.
Un pueblo con historia
Antiguamente este poblado indígena se llamó Xacuaro, y por cédula
real en 1553 se fundó como Santa Clara de los Cobres, en memoria de la
santa italiana fundadora de la orden de religiosas clarisas. Su
denominación aún permanece gracias a su actividad cuprífera, a pesar de
que en 1858, se le llamó Santa Clara de Portugal; y en 1932, Villa
Escalante en recuerdo a un revolucionario.
Existen vestigios de indígenas de etnia purépecha, que antes de la
llegada de los españoles, además de producir objetos ornamentales,
fabricaban hachas y puntas de coas, instrumentos de labranza. Posterior
a la conquista, Vasco de Quiroga trajo españoles para introducir nuevas
técnicas .
Se afirma que el Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, fue sacristán
de su parroquia en 1788, y que después de la primera Feria Nacional del
Cobre en 1965, ahí se elaboró el pebetero de los Juegos Olímpicos de
1968.
Museo al aire libre
Aquí todo está cerca, es un sitio que quedó atrapado en el pasado y
conserva su estilo arquitectónico colonial, rodeado de paisajes de
bosques de encino y pino. Las viejas casonas se distinguen por los
muros de adobe encalados y guardapolvos color ladrillo con techos de
dos aguas con tejas de barro.
En las calles uno puede encontrar todo tipo de artesanías.
Su Museo Nacional del Cobre cuenta con dos salas, en la primera se
exhiben piezas galardonadas en la Feria Nacional del Cobre, en
distintos años. En la segunda, se imparten talleres de elaboración de
artesanías a través del martillado.