Bueno, bonito y barato, ese es el reclamo. La cena perfecta, con
pescado fresco y dos platos, en el corazón de Manhattan por el precio
de 15 dólares. Esta opción sólo puede encontrarse en China
town, el barrio neoyorquino de las ofertas y las oportunidades, aunque
también de las falsificaciones, la economía sumergida y la inmigración
ilegal. Un destino obligado para los turistas que visitan Nueva York.
Barrio en contínua expansión
Chinatown se extiende por las zona metropolitana de Manhattan
porque las leyes urbanísticas de la ciudad no permiten las
edificaciones altas en esa parte de la isla. De este modo, los límites
del barrio están en continua expansión, aunque actualmente las
fronteras de la zona china se sitúan en las calles Delancey por el
norte, East Broadway y Worth por el sur, Allen al este y Broadway al
oeste.
La mayoría de las estimaciones que se realizan sobre su población
hablan de una franja entre los 150 mil y los 300 mil residentes, aunque
otras muchas aseguran que la cifra asciende hasta casi los 400 mil
teniendo en cuenta la gran cantidad de inmigrantes ilegales que no
figuran en el censo.
A pesar del nombre con que se conoce al barrio, a muchos se les
escapa la gran diversidad cultural interna de una zona cuyos habitantes
proceden de diferentes países asiáticos, por lo que no se habla un
único idioma.
Chinatown crece a un ritmo imparable. En los 80 absorbió Little Italy,
en los 90 comenzó a extenderse hacia Lower East Side, y desde hace unos
años amenaza con hacer desaparecer la sección conocida como Nolita y
penetrar en el SOHO.
El aumento en el precio de los alquileres a obligado a los
residentes a buscar casas más baratas en otras zonas. Los que se
quedaron en Manhattan soportan pésimas condiciones en los viejos
apartamentos de la zona, donde conviven decenas de personas en el mismo
piso.
Sus habitantes se han mudado a otros barrios en busca de mejores
trabajos y viviendas, concretamente a Flushing (Queens), Sunset Park
(Brooklyn), y Edison (Nueva Jersey).
Tras las flasificaciones
La popularidad del barrio Chino en el extranjero ha crecido
enormemente en los últimos años por el auge de la venta de carteras,
bolsos, relojes y ropa de marca falsificadas. Las firmas de lujo
perjudicadas por esta práctica han tratado por todos los medios de
frenar la venta de copias por la vía legal, pero ha sido casi
imposible.
El alcalde neoyorquino Michael Bloomberg creó en 2006 la
oficina especial de Vigilancia para intentar evitar este tipo de
fraudes y ha clausurado más de una decena de establecimientos e
impuesto multas de miles de dólares a los propietarios. Pero continúan
impasibles los negocios.
Y es que comprar estos artículos furtivamente en los locales es una
aventura que los amantes del barrio se esfuerzan por no perder, pues
forman parte de su encanto.