BEIJING.— En tiempo de un peso devaluado, China podría postularse
perfectamente para ser la sucesora de Miami como paraíso de las compras
para los golpeados bolsillos argentinos. Si bien las más de 14 horas de
viaje en avión que hay que hacer partiendo de Tijuana (en viaje directo
desde el 27 de mayo), son capaces de desalentar al más adicto al
shopping (a las compras), ciudades como Shangai y Beijing ofrecen el
atractivo de comprar barato.
Básicamente, en China existen tres tipos de comercios que se
diferencian no sólo por los precios y la calidad de los productos que
ofrecen, sino también por el público al que están dirigidos.
Un primer grupo son las tiendas oficiales de las grandes marcas
internacionales que trabajan con los mismos precios que en Europa o
Estados Unidos, y que generalmente se encuentran en los grandes
shopping centers y las calles comerciales más importantes de la ciudad.
Otro grupo lo constituyen los comercios de marcas y productos chinos
dirigidos al público local, que por lo común están agrupados en
arterias comerciales menos glamorosas y en zonas alejadas del centro de
la ciudad.
Piratería para extranjeros
Por último se encuentran los negocios que trabajan con artículos
falsificados, copias e imitaciones de las grandes marcas, que en muchos
casos constituyen el principal atractivo para los consumidores
extranjeros. La leyenda que circula entre los compradores de todo el
mundo es que los productos que se venden a precios casi irrisorios en
estos comercios —como una cartera de una primerísima marca italiana a
unos mil o el último modelo de las zapatillas más caras a 700 pesos— en
realidad son los mismos que después se comercializan en los shoppings
de Europa o EU por un valor diez o 20 veces mayor, ya que todos se
fabrican en China. La diferencia es porque las plantas chinas que
trabajan para las grandes marcas internacionales desvian parte de la
producción al mercado interno. Sin embargo, para alcanzar una buena
negociación es clave atenerse a una serie de consejos.
El regateo, indispensable
Generalmente, los productos no tienen precio y cuando se le pregunta al
vendedor, la cifra inicial es muchísimo más alta que la que se puede
obtener tras una negociación. La mejor regla es tomar el número que
pide de entrada el vendedor y dividirlo por seis para, a partir de esa
base, ponerse a negociar, pero aceptando muy pequeñas alzas. La clave
es perderle el miedo al regateo y apenas moverse de la primera oferta.
Todas las negociaciones se hacen en la moneda local, el yuan, que
cotiza en torno de los 7.2 yuan por dólar.