En el Valle del Silicio, un optimismo inquebrantable sostiene que
una combinación adecuada de dinero, inteligencia y poderío cibernético
puede resolver cualquier problema. Mike Homer, un tenaz ejecutivo de
Netscape Communications en los 90, y sus amigos, ciertamente avalaban
esa creencia.
Esto los llevó hace dos años a donar cientos de
miles de dólares y poderosas computadoras a la Universidad de
California en San Francisco, donde algunos de los mejores
investigadores de Estados Unidos intentan resolver los misterios
médicos más insondables.
Sin embargo, el grupo está recibiendo
una lección sobre los límites de la tecnología y del dinero. En mayo
pasado, Homer, de 50 años, se enteró de que padece la enfermedad de
Creutzfeldt-Jakob, un raro padecimiento que carcome el cerebro que a
veces se relaciona con el llamado mal de las vacas locas.
No
tiene cura. Bajo diferentes circunstancias, lecciones similares se
aprendieron el año pasado cuando operaciones de búsqueda y rescate
apoyadas por vastos recursos tecnológicos, usando el poder de la
computación distribuida, resultaron infructuosas en la búsqueda de un
experto en informática perdido en el océano y un aventurero cuyo avión
desapareció en el desierto.
Pero en vez de desalentar a la gente
involucrada, estos fracasos han generado una creencia incluso más
fuerte de que si la persona no puede ser curada o ayudada, entonces la
tecnología diseñada o refinada para ese propósito al menos ayudará a un
sector más amplio de la sociedad.
El Valle del Silicio tiene una
larga historia de optimismo: la creencia de que su tecnología puede
desafiar las leyes de la naturaleza. “No puedes ser un innovador o un
empresario a menos que seas un optimista”, indicó Paul Saffo,
especialista en tecnología. “Debes ser optimista con base en la lógica
y la experiencia.
La mayor parte de las ideas fracasan, al igual
que la mayoría de las compañías y de los empresarios”. Sin embargo,
Andrew Keen, escritor, empresario y crítico social, fustiga a quienes
llama “utópicos digitales”. “Esto pone en evidencia las fortalezas y
debilidades del mundo tecnológico”, indicó Keen.
“El optimismo,
la convicción, la vitalidad son cualidades clásicas estadounidenses que
han ayudado al Valle del Silicio a lograr tanto. Pero hay también un
aspecto absurdo. Las personas son indulgentes, carecen de perspectiva y
creen que pueden hacer cualquier cosa.
Pero hay algunas cosas que
no se pueden hacer”. La esposa de Homer, Kristina, dijo que, en cuanto
se enteró del padecimiento, empezó a trabajar en combatir el problema.
“Vivimos en el Valle del Silicio. Lo imposible sucede todo el tiempo”.
La
campaña “Lucha por Mike” de la Universidad de California ha recaudado 7
millones de dólares, aunque sus objetivos están cambiando. Doctores del
campus de San Francisco consideran que los recursos podrían ayudar a
curar otros males neurológicos como el Alzhemier y la enfermedad de Lou
Gehrig.
“Probablemente no habrá un milagro para Mike”, señaló Ron
Conway, inversionista en tecnología quien, junto con William V.
Campbell, presidente de la firma Intuit y también amigo cercano de
Homer, ha encabezado el esfuerzo. “La campaña ahora se dirige a cómo
podemos salvar a otros”. (Traducción: Gregorio Narváez).