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Viena, para recorrer los pasos de Beethoven

No se pueden dejar de visitar el palacio del Belvedere, el pintoresco Maschmarkt y el Museumsquartier —barrio de los museos—, donde hay obras de Klimt, Kokoschka y Bruegel el Viejo
Viena, para recorrer los pasos de BeethovenViena, para recorrer los pasos de Beethoven
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Idafe Martín Pérez • El Tiempo
El Universal

Lunes 19 de mayo de 2008

Viena, Aust.- El centro de la ciudad, con sus largas y elegantes avenidas, invita a caminar. Allí se encuentran construcciones antiguas al lado de tiendas lujosas.

El edificio de La Ópera de Viena, una de las más importantes del mundo, data de 1869. La capital austriaca ofrece, además del recorrido musical, calles que invitan al paseo, iglesias, museos y una famosa torta de chocolate.

Ludwig Van Beethoven murió el 26 de marzo de 1827 mientras una gigantesca tormenta de nieve dejaba un manto blanco sobre Viena y con ella se iba la vida de uno de los grandes genios de la historia.

Las tardes y noches de tempestad las usaba Beethoven para dedicarse a la composición de sus más gloriosas obras, como los pasajes triunfales de la Novena Sinfonía, convertida hoy en himno de la Unión Europea.

Beethoven murió en un pequeño apartamento en pleno centro de la capital de Austria, justo detrás
de la actual Votivkirche -Iglesia Votiva-, donde vivía desde apenas hace unos meses.

Desde su llegada a Viena, procedente de la ciudad alemana de Bonn, en 1792, el genio sordo vivió en 65 casas distintas porque detestaba que le escucharan y cada pocos meses escapaba de sus curiosos vecinos.

A finales de aquel turbulento siglo XVIII europeo, la corte del imperio austrohúngaro era un formidable mecenas para todo tipo de artistas, que se cobijaban en Viena, capital imperial, bajo el aura de otro artista, este ya consagrado, Wolfgang Amadeus Mozart.

Según las crónicas, una tarde, escuchando al joven Beethoven, Mozart dijo: "recordadlo, algún día el mundo entero hablará de él".

Los austriacos dicen que tienen una capital demasiado grande y majestuosa en comparación con su pequeño país. Sus avenidas, largas y elegantes, invitan al paseo, sus iglesias son museos al aire libre y la ciudad está plagada de estatuas en calles, plazas y parques.

Las huellas de Beethoven

Viena ha cambiado desde la época de Beethoven, pero algunos lugares observan impasibles el paso de los siglos. Cerca de la Griechische Kirche —Iglesia griega—, en el Fleischmarkt —antiguo mercado de la carne— se encuentra el Griechenbeisl, un restaurante que presume de haber cumplido los cinco siglos y haber recibido como cliente al mismísimo Beethoven, que allí se encontraba, ante grandes cervezas y estofados de cordero, con músicos y artistas.

En Viena no es difícil encontrar placas que recuerdan los pasos del compositor. En el barrio de Grinzing se encuentra el número 2 de la plaza Pfarrplatz, donde empezó en 1817 a componer la Novena Sinfonía. Hoy es un café, el Heuriger.

Muy cerca encontramos la iglesia de San Jaime, reconstruida después de que los turcos la destruyeran a finales del siglo XVII, y que marca el lugar hasta donde llegaron las invasiones otomanas en Europa, frenadas precisamente en Viena.

Sin embargo, es difícil encontrar los 65 sitios donde vivió Beethoven, pues cambió de alojamiento casi dos veces al año durante más de tres décadas. En 1806, por ejemplo, abandonó el apartamento que le había ofrecido su mecenas el príncipe Lichnowsky, quien le pidió que actuara ante varios oficiales del ejército francés.

Beethoven se negó y días más tarde le escribió unas letras: “Príncipe, lo que usted es, lo es por la suerte de su nacimiento. Todavía habrá miles de príncipes, pero solo hay un Beethoven”. Esta actitud se debió a sus convicciones republicanas.

Su tercera sinfonía, La Heroica, acabada en mayo de 1804, debía estar dedicada a Napoleón, pero cuando el francés se coronó emperador, el compositor quedó amargamente decepcionado — “no es más que un hombre como los demás, ahora violará los derechos de los hombres y se convertirá en un tirano”— y se ahorró la dedicatoria en la partitura original.

Cuando Napoleón cayó derrotado en España ante las tropas del británico Wellington, Beethoven compuso “La Batalla” en honor de los vencedores.

Honores tras su muerte

Viena no admiró todo el esplendor de la obra de Beethoven mientras el genio vivió. Después de un concierto en 1808, en el que el compositor dirigió la orquesta e interpretó la Quinta y Sexta sinfonías, la “Fantasía Coral” y el “Concierto para Piano número 4”, un crítico musical calificó el espectáculo como “poco satisfactorio”.

La página del periódico de la época se guarda en la Casa de la Música. A Beethoven lo despidieron, el día de su funeral, 30 mil personas y los mejores músicos de la época interpretaron el “Réquiem” de Mozart en la iglesia de los Agustinos.

Junto a otros maestros

Beethoven está enterrado en un espacio reservado para músicos en el Cementerio Central, situado, a pesar de su nombre, en la periferia de Viena, junto a 2.5 millones de sepulturas.
Los vieneses les dicen a sus vecinos suizos que el cementerio es la mitad de grande que la ciudad suiza de Berna, pero el doble de divertido. La tumba del maestro, un obelisco, está junto a las de Mozart y otro de los grandes maestros musicales de la historia, Schubert.

Además de seguir los pasos de Beethoven, en Viena no se pueden dejar de ver lugares como el palacio del Belvedere, el pintoresco Maschmarkt y el Museumsquartier —barrio de los museos—, donde hay obras de Klimt, Kokoschka y Bruegel el Viejo.

Una visita ineludible es la Casa de la Música, un maravilloso y moderno museo con salas tradicionales y otras virtuales. Para acabar la visita a la capital austriaca, nada como subirse a la noria del Pratter y sentirse como el perseguido Orson Welles de “El tercer hombre”.

Si usted va

Un pasaje de ida y vuelta desde Madrid, París o Londres suele costar alrededor de 250 euros (4 mil 225 pesos).
Uno de los hoteles más bellos de Viena es el König von Ungarn, en el número 10 de la calle Schulerstraße. Pero también es uno de los más caros, con habitaciones dobles desde 198 euros (3 mil 346 pesos).

El Hotel Post, en el 24 de Fleischmarkt, ofrece habitaciones dobles por menos de 100 euros (mil 690 pesos)

Los albergues juveniles austriacos —donde no hay límites de edad a pesar de su nombre— son una gran opción debido a que son de los mejores de Europa y no cobran más de 30 euros (507 pesos) la noche (www.iyhf.org). Inf: www.austria-tourism.at. y www.viena.at.

Dónde comer

La oferta gastronómica es extremadamente variada y acorde con los precios de la ciudad, una de las más caras de Europa.

Aunque para dormir en él hay que pagar sumas desorbitadas, merece la pena acercarse hasta la cafetería del hotel Sacher para probar su famosa sachertorte, una tarta de chocolate aclamada desde hace décadas.

vrs/amr


 





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