El teléfono celular es la nueva forma de convocar a la acción. El
escalofriante aullido de un lobo mexicano tiene un doble propósito como
timbre y como recordatorio de la destrucción de su hábitat. La campaña
de Barack Obama ofrece mensajes de texto con actualizaciones, fondos de
pantalla y timbres.
A menudo considerados como una plataforma para socializar o como
novedades que quitan el tiempo, los teléfonos celulares también
representan una oportunidad única para promover el bien social.
Portátiles y personales, estos dispositivos ofrecen un discreto
canal para que la gente reciba información y funcionan como plataformas
de transmisión para reunir a activistas con ideas afines en torno a
intereses compartidos.
En partes del mundo donde las líneas telefónicas terrestres y
las conexiones de banda ancha son escasas, los teléfonos celulares han
sido utilizados para el monitoreo de elecciones; para promover el
desarrollo bancario y económico en áreas rurales marginadas, o para
recordarle a pacientes con VIH que tomen sus medicamentos.
También en Estados Unidos los teléfonos celulares están comenzando a cobrar popularidad como agentes del cambio.
El uso de mensajes de texto en Estados Unidos ha aumentado
marcadamente, de 65 millones de personas que enviaron o recibieron
mensajes en enero de 2006, a 108 millones en enero pasado, de acuerdo
con M:Metrics.
Al mismo tiempo, “la gente está inundada de correos
electrónicos. Les llegan por todos lados”, comentó Katrin Verclas,
cofundadora de MobileActive.org, una red dirigida a organizaciones que se enfocan en utilizar los teléfonos celulares para generar un impacto social.
El activismo por teléfono celular abarca una amplia gama. Le ofrece a
la gente el lujo de recibir información con la que puede actuar
inmediatamente, sin la necesidad de tener que regresar a sus hogares a
revisar sus computadoras.
Asimismo, ofrece un canal privado que podría ser un buen medio para conectarse con la gente en relación a temas delicados.
SexInfo, por ejemplo, una línea de mensajería de texto lanzada
en San Francisco, es un esfuerzo por llegar a los adolescentes con
posibles dudas sobre temas de los que no pueden hablar libremente.
La Corporación de Desarrollo de la Comunidad Asiática, con sede
en Boston, ideó una tecnología llamada Speakeasy que convierte a los
voluntarios con conocimientos de una lengua extranjera y con un celular
en una red de traductores.
“Se trata de la gente, básicamente de grupos basados en la
comunidad que le dan un mejor uso a su capital social para hacer el
bien”, comentó Jeremy Liu, director ejecutivo de la corporación.
“Actualmente la gente habla mucho sobre el capital social, pero todo es
abstracto, y esto lo vuelve muy concreto”.
El activismo mediante los teléfonos celulares es una fuerza social poderosa en todo el mundo.
Por ejemplo, cuando una supuesta conversación inadecuada entre
la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal-Arroyo, y un funcionario
electoral se hizo pública, se convirtió en un popular timbre para
teléfono.
Otro ejemplo es el Proyecto Masiluleke, lanzado por Pop!Tech
Accelerator, que se centra en encontrar maneras sutiles y privadas de
recordarle a la gente de Sudáfrica que debe hacerse exámenes de VIH.
El servicio en desarrollo incluirá la información en mensajes
de texto. En todos lados, desde Montenegro hasta Nigeria,
organizaciones no gubernamentales están utilizando los mensajes de
texto para monitorear elecciones.
Pero este movimiento también tiene algo de diversión. Cada vez
que un teléfono aulle, croe o ladre con uno de los timbres gratuitos
del centro de Diversidad Biológica, la gente pensará en la difícil
situación de la rana chiricahuensis, o quizá sólo revise sus mensajes.
(*)Carolyn Y. Johnson / Traducción: Mariana Toledo