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Prepárate para vivir el tour que para muchos es, junto con el rafting en el río Copalita, el top de la aventura huatulqueña.
Dura casi lo mismo que una jornada laboral: siete horas y media. Lo
primero es atravesar las faldas de la Sierra Madre del sur, ascender
por una carretera de montañas con panorámicas que bordean el
desfiladero.
El primer punto es Santa María Xadani, un pequeño y pintoresco pueblo
con una iglesia de la época virreinal, que durante 400 años ha
permanecido aislado de la modernidad.
Luego te esperan las aguas que el río Copalita moldeó para dar vida a las cascadas de Llano Grande.
Entre la vegetación y el murmullo del agua puedes elegir entre nadar o
afianzarte con uñas y dientes a una soga para cruzar la cascada al más
puro estilo Tarzán.
¡Lánzate!
El primero en el intento es el guía. Se sostiene de la cuerda de nylon
náutico de una pulgada que soporta hasta 200 kilos, va sujetada entre
los árboles pero tu acceso se limita a que no "sumas" su follaje. Del
otro lado termina la emoción pero tienes hasta una hora para intentarlo
de nuevo.
El paseo continúa ahora en una propiedad construida a finales del siglo
XIX: una casa de campo que fungió como centro de una antigua y rústica
plantación de café. En otro tiempo la producción del aromático grano
fue importante para la zona aunque hoy está enfocada a la producción de
café orgánico.
Sus propietarios, la familia alemana Scherenberg, conserva mobiliario
de antaño como planchas de carbón y hornos de leña donde incluso ahora
las mujeres preparan a los visitantes deliciosos guisos.
El menú varía pero incluye ensalada, plato fuerte a base de pollo, cerdo o res, arroz, frijoles y tortilllas de comal.
Para bajar la panza, hay una caminata para conocer la flora y fauna local.
En una jaula de 60 metros de diámetro por seis de altura, cubierta toda
por malla metálica se pasean a sus anchas palomas, faisanes,
chachalacas (una especie de faisán pero en versión del sureste, aunque
más grande y feroz), incluso un venadito enfermo de 60 centímetros.
Se va también a un santuario de mariposas creado para contribuir a la
conservación, la procreación y el cuidado de estos insectos.
Mantiene alrededor de 50 clases de mariposas endémicas que nacen en
diferentes épocas del año y gran variedad de plantas típicas de la
región que les sirven de albergue y alimento, a la vez.
Todas las etapas de la oruga a la mariposa se pueden observar
en las 11 ventanas del laboratorio fuera de la jaula. La comunidad de
Llano Grande es responsable del manejo y administración de este
proyecto.