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La visita de Juan Pablo II a Izamal, en 1993, hizo que el pueblo se
pusiera más bonito. Todo se pintó de amarillo y blanco (los colores
vaticanos), mismos que, según los historiadores, se acostumbraban en la
arquitectura colonial de la península.
En esa ocasión, el Papa dio una mega misa en el atrio del ex
convento franciscano de San Antonio de Padua que se cubrió de
multitudes que esperaban su bendición.
Es el segundo atrio más grande del mundo (casi 8 mil metros cuadrados); el primero está, precisamente, en el Vaticano.
Ahí mismo, el Papa coronó a Nuestra Señora de Izamal, la Virgen
milagrosa de la Purísima Concepción, patrona querida de toda la
península yucateca.
Con su portada plateresca el ex convento se paró sobre un importante
centro ceremonial maya. De hecho, toda la ciudad se construyó sobre las
ruinas de una ciudad rodeada de caminos blancos rumbo a los cuatro
puntos cardinales. En los patios de las casas todavía se conservan
vestigios de aquellos edificios.
Qué hacer
Además de ir al templo, conocer el camarín de la Virgen, tomarse fotos
en el atrio y en las escaleras del templo, puedes retratar las calles a
gusto porque no hay cables de luz ni un gramo de basura. O puedes dar
un paseo a bordo de una calesa o rentar una bici.
En el centro cultural los artesanos exponen su trabajo e imparten
talleres de figuras de papel maché, bordados de punto de cruz,
aretitos, pulseras y collares hechos con las espinas del henequén y
talla en madera.
Por la noche regresa al atrio de San Antonio para ver el espectáculo de luz y sonido.
Al día siguiente, visita la estructura piramidal más alta de Yucatán, se llama Kinich Kakmó y mide 35 metros de alto.
Si quieres un guía fuera de lo común, en el número 268 de la calle
31, vive don Antonio, el cronista del pueblo. Cuentos y leyendas son su
especialidad. Camina con él las calles de la llamada "ciudad amarilla",
y te darás cuenta que Izamal no es visita de un solo día.