De tinte clásico y colonial, como decenas de pueblos a lo largo y ancho del país, pero con decenas de coloridos portales.
Álamos es el pueblo mágico que en otro tiempo se llamó Ostímuri y
más tarde fue Real de los Frailes y Real de Minas de la Purísima
Concepción.
Durante años conservó su trazo urbano y gran parte de sus mansiones se
mantuvieron inalteradas, luego permaneció abandonado para conservar hoy
la tradición de sus balcones, las rejas y las medias lunas que cierran
la parte alta de los zaguanes.
Esas casas señoriales y mansiones antiguas que resguardan más de 300
años de tradición han sido remozadas, además, su gente inyecta vida
gracias a abundantes macetas de bugambilias magenta, rojas o de color
naranja.
La hospitalidad nativa incluye abrir las puertas de sus casas para que
los paseantes aprecien la distribución interior y el decorado con
muebles de época.
Oriundos de estas tierras son los "frijoles saltarines". La tradición
dice que Álamos es su capital y aunque sí brincan no son frijoles sino
larvas de una pequeña polilla que deposita sus huevos en la flor de un
arbusto.
Uno de los hoteles más tradicionales es el María Félix de ambiente
colonial, típico de una provincia y donde de niña vivió La Dona La
alberca es pequeña pero acogedora tiene jardines, palapas y gimnasio,
así como áreas para lectura. Luego puedes dar un paseo a caballo, cazar
o practicar pesca deportiva.