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Tranquilidad norteña

En Álamos, Sonora, hay veladas, caza, pesca y paseos a caballo
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Isela Serrano
El Universal

Jueves 03 de abril de 2008

De tinte clásico y colonial, como decenas de pueblos a lo largo y ancho del país, pero con decenas de coloridos portales.

Álamos es el pueblo mágico que en otro tiempo se llamó Ostímuri y más tarde fue Real de los Frailes y Real de Minas de la Purísima Concepción.

Durante años conservó su trazo urbano y gran parte de sus mansiones se mantuvieron inalteradas, luego permaneció abandonado para conservar hoy la tradición de sus balcones, las rejas y las medias lunas que cierran la parte alta de los zaguanes.

Esas casas señoriales y mansiones antiguas que resguardan más de 300 años de tradición han sido remozadas, además, su gente inyecta vida gracias a abundantes macetas de bugambilias magenta, rojas o de color naranja.

La hospitalidad nativa incluye abrir las puertas de sus casas para que los paseantes aprecien la distribución interior y el decorado con muebles de época.

Oriundos de estas tierras son los "frijoles saltarines". La tradición dice que Álamos es su capital y aunque sí brincan no son frijoles sino larvas de una pequeña polilla que deposita sus huevos en la flor de un arbusto.

Uno de los hoteles más tradicionales es el María Félix de ambiente colonial, típico de una provincia y donde de niña vivió La Dona La alberca es pequeña pero acogedora tiene jardines, palapas y gimnasio, así como áreas para lectura. Luego puedes dar un paseo a caballo, cazar o practicar pesca deportiva.


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