La fotografía puede ser totalmente testimonial. Con las imágenes de
nuestra cámara podemos intentar dar la visión más objetiva posible de
los hechos que estamos atestiguando.
Pero también puede engañar. Al tener frente a tus ojos un pedazo de
papel impreso –o una imagen en la pantalla de la computadora– puedes
perder la referencia del tamaño real de las cosas que muestra la
imagen.
En el caso de la primera foto, vemos unos frutos colgados de una
rama. ¿Son del tamaño de una sandía, de una nuez o de una canica?
Quizá tomaste una foto similar y al enseñarla a los amigos encuentras que no pudiste comunicar lo que estaba frente a tus ojos.
Si agregas a la imagen una referencia –un ser humano, o un objeto cuyo
tamaño sea conocido por la mayor parte de la gente–, entonces darás una
certeza mayor a la imagen.
La segunda foto muestra los mismos frutos en la palma de la mano,
puedes entonces, por el tamaño, suponer que se trata de granos de café.
Lo mismo pasa si fotografías un árbol. Nadie sabrá si era un bonsai
o un enorme baobab a menos que coloques a una persona cerca para tener
un parámetro de comparación.
Error muy común por ejemplo, en quienes plasman al árbol del tule.
El impresionante tamaño del gigante oaxaqueño sólo se apreciará en una
fotografía al compararlo con las personas que lo visitan.
Experimenta, la vida siempre da un pretexto para retratarla.