TOKIO.— En el internado de Edelstein los alumnos usan brillo labial, la
directora tiene debilidad por historietas homoeróticas y hay sólo una
materia: cómo atender a las visitas femeninas.
Este es el tema del
café escolar de Tokio, el último de una serie de restaurantes en Japón
donde los clientes y mozos interpretan temas de las historietas o
cómics “manga”.
Mozos con manos manicuradas y suaves voces
pretendían ser estudiantes adolescentes, conversando y coqueteando con
mujeres japonesas bien vestidas que interpretaban los personajes de
benefactoras que visitaban la escuela. Ya para el mes de enero, el
café, que abrió a fines de 2007, estaba repleto de clientes riendo
tontamente.
Edelstein está basado en una de las historietas
favoritas de su gerente, Emiko Sakamaki, de 27 años. Se trata de un
cómic clásico de la década de 1970 acerca de relaciones entre chicos en
una escuela alemana.
Los visitantes del café Edelstein tienen en
común la pasión por las historias manga sobre romances entre hombres,
un género que está disfrutando de un gran renacimiento en Japón.
La
mayoría de las historias de amor manga muestran a personajes masculinos
soñadores, que lucen un poco como mujeres. El mismo ideal de belleza
guía a Sakamaki cuando selecciona a los meseros que hablan sobre sus
supuestas tareas escolares y estudios en Edelstein.
“Yo estoy en
el club de arreglos florales”, susurra uno de ellos, de cabello largo y
aspecto de niña, levantando la vista del libro de poesía alemana que
lee.
Picante amor de chicos
Los cafés de
juegos de roles para hombres son populares en Japón desde hace tiempo.
La mayoría gira alrededor de meseras vestidas como criadas francesas y
están dirigidos a los “otaku”: fanáticos de las historietas y películas
de animación.
Una de las razones por las que el juego de roles y
los disfraces son tan populares en Japón es que permiten a las personas
escapar del extremo control y rígidas normas diarias de la sociedad,
afirman antropólogos.
El mercado otaku, desde películas de
animación a juegos de computadora y accesorios, totalizó 187 mil
millones de yenes (unos 190 mil millones de pesos) en 2007, según la
compañía de investigación sobre entretenimiento Media Create.
Pero
recientemente, el negocio descubrió otro tipo de consumidor japonés: la
fanática femenina, quien tiende a ser más bonita, a la moda y sociable
que su homólogo masculino.
Una de las características de las otaku es su amor por las historietas, especialmente de amor entre chicos.
“Existen
dos razones por las que este lugar es tan popular. Primero, este
ambiente de café para mujeres casi no existe en Tokio”, dijo Sakamaki,
quien también inventó el primer “café mayordomo” para mujeres en la
ciudad.
“Segundo, ahora hay muchas chicas a las que les gustan
las películas de animación y las historietas”, añadió. En Japón se
publican mensualmente unas 150 historietas manga de amor entre chicos,
según Eureka, una revista literaria.
En la sección para mujeres
de la librería Aoyama, a la vuelta de la esquina de Edelstein, los
últimos títulos están apilados entre libros con cubiertas rosadas que
prometen dulces historias sobre estrellas del pop y atletas.
Quienes sean sensibles, mejor eviten mirar más de cerca.
La nueva generación de manga tiene dibujos con extremos detalles, con frecuencia de violentas escenas de sexo.
Sakamaki ve al género como una forma de escape.
“Este
tipo de personas no existe en la realidad, sólo existe en historietas”,
comentó, refiriéndose tanto al manga como al tipo de atmósfera que
intenta crear en Edelstein. “En las historietas, hermosos y frágiles
chicos son a veces colocados cerca de la muerte. Eso les da un aire
sombrío y los hace más hermosos”, agregó.
“Chicas podridas”
Mientras
tomaban cerveza y comían cerdo frito en un bar del ruidoso distrito de
Shibuya de Tokio, tres japoneses de unos 30 años hablaban sobre otaku
masculinos y femeninos, o “fujoshi” como se llaman también a estas
mujeres: “chicas podridas”.
Los tres se describen como otaku,
pero sin embargo ninguno encaja en el estereotipo de “geeky”, un
obsesivo entusiasta de las computadoras. Dos son editores de una
revista. La otra es una asistente en una galería propiedad de una marca
de ropa. Kana Satomi, la asistente de 28 años, recordó una reciente
visita al café Edelstein: “Fui con un grupo de amigas y hablábamos con
los mozos y entre nosotras diciendo, ¿viste eso? eso fue lindo’, ese
tipo de cosas”, comentó.
El otaku masculino, al contrario, tiende a evitar la comunicación todo lo que pueda.
Takashi
Kudo, de 30 años, compartió su teoría sobre el repentino entusiasmo
sobre las otaku: “Se convirtieron en un negocio inmenso, y luego ese
marketing llegó a un límite. Entonces las compañías se preguntaron qué
podían hacer para seguir creciendo”, comentó. “Y luego descubrieron que
las fujoshi también pueden ser un gran negocio”, añadió.
Sakamaki,
la directora del café escolar que ha aprovechado ese mercado con tanto
éxito, ya planea su próxima idea: un café ambientado en el Japón de la
década de 1920.
Eso coincidiría con otra tendencia entre los jóvenes: la nostalgia del Japón previo a la guerra.