Rosalía P. Sánchez
El Universal
Lunes 24 de marzo de 2008
He comenzado a viajar por algunas partes del mundo. Hace años soñaba
con hacerlo, pero se me hacía imposible creer que podría conocer otros
lugares tan inimaginables fuera de la República mexicana.
Esta vez les contaré que en mi viaje a Sudamérica, tuve una
experiencia muy grata: conocí las inmensas cataratas de Iguazú, tanto
del lado argentino como del brasileño.
En el tour que contraté nos llevaron por carretera. Yo esperaba
ver las cataratas con la vista hacia arriba, buscaba por la ventanilla
indicios de ellas. Ni idea tenía de cómo serían.
Creí que nunca llegaríamos, pues el camino se me hizo muy largo, creo que fue por la ansiedad de verlas.
Al llegar a un punto donde se detuvo el autobús, seguí sin saber
donde podrían estar, nada a la vista. Luego de caminar buen tramo por
unos senderos hechos de madera, al fin llegamos. Sin esperarlo, de
repente, las encontré.
Son grandes y diferentes torrentes que caen con una fuerza increíble,
un espectáculo maravilloso de grandes cortinas de agua que se mezclan
en lo que se conoce como "La garganta del diablo".
No me cansé de admirarlas. Después de contemplarlas a placer y
sin prisa, nos llevaron por otro sendero hacia abajo, donde parece que
el agua cae con mucha más fuerza. Desde ahí es otra vista bellísima, y
luego nos subimos al barco, "al bautizo", como le llaman.
Sin esperarlo, nos empapó hasta los huesos uno de los brazos de
las cataratas. Experimenté el vigor del agua, pero también mucho frío.
Es un agua bendita que me maravilló y sorprendió.
En ese momento entendí por qué debemos cuidar y evitar que se contamine ese lugar.
Sin dudar, regresaría a vivir de nuevo esta experiencia.
Iguazú es una de tantas maravillas naturales del mundo, estar ahí en
persona supera las expectativas. Ustedes también traten de asistir a
este espectáculo natural, nunca se arrepentirán, en verdad se los digo
es único.
Más detalles
Las cataratas, con forma de herradura de caballo. se localizan en el
Parque Nacional Iguazú, en Argentina, y el Parque Nacional do Iguaçu,
en Brasil.
Tienen una altura máxima de 82 metros y una anchura de cuatro
kilómetros. Esta última supera cuatro veces más a la de las cataratas
del Niágara.