BUENOS AIRES.— El patrimonio cromático de La Boca, templo del fútbol
y cuna del tango, se ha ido degradando con los años para atraer con
colores histriónicos la mirada del turista que la visita para
deleitarse con sus fachada de más de cuatro colores.
Tras investigar el tema durante 20 años, la arquitecta argentina María
Emilia Rabuini concluyó que en La Boca existieron dos paletas de
colores muy marcadas: la de los barcos y la del célebre pintor Benito
Quinquela Martín (1890-1977), quien vivió y trabajó allí, además de
dedicarle gran parte de sus obras.
Rabuini, quien a través del cateo y el análisis de documentación y de
cuadros de Quinquela y de pintores del siglo XIX como Alfredo Lazzari,
comprobó que "la paleta de hoy día no respeta la historia porque son
colores llamativos sin valor estético y formas geométricas por el
simple hecho de atraer al turista".
Las paletas de colores originales de este barrio porteño, mucho más
suaves que los que ahora predominan, se deben básicamente a la voluntad
de los inmigrantes italianos y de otros países europeos de crear una
identidad y una cultura propias en su nuevo lugar de residencia.
Sólo eran restos de pintura
La variedad de tonos de numerosos edificios de La Boca también obedeció
a que los vecinos pintaban las fachadas de los inquilinatos en los que
vivían con los restos de las pinturas que dejaban los barcos en el
puerto de la ciudad.
"La paleta de los barcos ofrecía unos colores menos saturados y con
tonos menos vibrantes y se localizaba principalmente en el corazón del
barrio, mientras que la de Quinquela apostaba por colores más
vibrantes", explicó la arquitecta.
La resonancia de los colores de los barcos llegó a tal punto que el
equipo de fútbol Boca Juniors optó por lucir el azul y oro de la
bandera de un barco de origen sueco que amarró en el puerto hace más de
un siglo.
A pesar de las diferencias, Rabuini observó que en ambas paletas, la de
los barcos del siglo XIX y la de Quinquela Martín de principios del XX,
"los colores verdes, ocres, rosados y azules eran los más recurrentes
con diferentes grados de saturación".
Con este estudio, que apuesta por la recuperación cromática de La Boca,
Rabuini pretende "identificar a los inmigrantes y poner en valor el
optimismo que mostraban al darle identidad a sus casas".
El espíritu italiano que inundó el barrio quedó reflejado en 1930 en un
artículo en la revista Caras y caretas. "Al llegar a la Boca, vuestros
cinco sentidos os gritan como el guarda de un tren: Génova! Es inútil
que veáis banderas argentinas y escudos de la patria; Génova! Las
palabras, los olores, los sabores, todo en fin, os produce la sensación
pictórica, panorámica, superficial, de encontrarnos en Génova. La Boca
es Génova, si... pero por fuera!".
Estas coincidencias con algunas ciudades europeas se deben a que a
principios de siglo llegaba al puerto de Buenos Aires una limitada
cantidad de pigmentos, todos de Europa.
La paleta actual de este barrio, que recientemente cumplió 129 años,
también se ha visto influida por la inmigración, "pero ya no europea
sino latinoamericana y por lo tanto se observan colores mucho más
saturados", concretó.
"No podemos coartar la libertad expresiva, los nuevos vecinos tienen
todo su derecho al manejo libre del color, pero sería sensato que
pudiésemos enseñar la rica historia del mismo para tomar conciencia que
es un barrio con un enorme potencial histórico cultural", señaló la
especialista Rabuini.
Así, la arquitecta apuesta por que "en las zonas históricas se respeten
los colores originales, en el corazón del barrio la paleta de los
barcos y en los sectores de intervención del maestro Quiqnuela sus
colores".
La paleta de colores de este artista, conocido como el pintor de La
Boca, puede contemplarse en el museo que lleva su nombre en el famoso
barrio boquense. (EFE/Reportajes)