La compañía iRobot
reportó que ha vendido más de 2.5 millones de sus productos robóticos
para el hogar, entre los que se incluyen las aspiradoras Roomba, los
limpiadores de pisos, de albercas y de tuberías, Scooba, Verro, y Looj;
y los robots de vigilancia para el hogar, ConnectR.
La Feria del Juguete
de este año introdujo varios juguetes electrónicos, entre los que se
incluyen el Elmo Live, que está animado electrónicamente y puede actuar
cuentos, y Kota, el Triceratops, de Playskool, un dinosaurio bebé de
tamaño real, dirigido a niños en edad preescolar, que reacciona al
tacto moviendo la cabeza, la cola y los cuernos y que emite un rugido
amigable cuando se le habla, por un costo de 300 dólares.
También está el
automóvil Lexus LS 460 L de primera generación, con su “Sistema
avanzado de orientación de estacionamiento”, y el LawnBott LB3500 de KA
Home Robotics, al que se le puede indicar cuándo y qué lugares podar
desde un teléfono celular o PDA.
De hecho, el límite entre aparatos electrodomésticos e inteligencia artificial es cada vez más borroso.
De acuerdo con el
experto en robótica, Daniel H. Wilson, para que una máquina sea
clasificada como robot sólo debe tener la capacidad de percibir el
entorno, “pensar” qué hacer y actuar en el mundo físico.
Ese proceso de
percibir-pensar-actuar es “una definición bastante amplia”, admitió
Wilson en una reciente entrevista. “Pero estamos rodeados por todas
estas máquinas que están tomando decisiones sin intervención humana. No
es necesario que se muevan para ser robots, pueden enviar órdenes al
mundo real”.
Según ese criterio,
incluso una alarma contra incendios es un tipo de inteligencia
artificial. Al igual que los frenos ABS de su automóvil.
En su libro “Cómo
Construir un Ejército Robot”, Wilson toma como ejemplo a robots comunes
que pueden encontrarse en un hogar actual para convertirlos en aliados
en la nueva lucha contra los villanos de la cultura pop (zombies,
hombres lobo y el gran tiburón blanco).
Las instrucciones en
tono de broma incluyen añadir un bidón de gasolina a su Roomba para
convertirla en una mina terrestre móvil, o enviar bichos voladores en
miniatura, como la libélula robot manejada a control remoto, FlyTech
Dragonfly de Wowwee, con sensores infrarrojos de navegación, para hacer
recorridos de reconocimiento en áreas hostiles.
Pero la realidad es
que el propósito de Wilson va mucho más allá del humor. “Su objetivo
real es enseñarle a la gente sobre los robots”, dijo el joven de 29
años originario de Portland, Oregon, quien terminó en 2005 su doctorado
en el Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon. Para ser
sinceros, Wilson no cree que los robots sean una amenaza potencial para
la raza humana. Sino todo lo contrario.
Para su proyecto de
tesis, Wilson diseñó un ambiente robotizado que monitoreaba a una
persona mayor en una habitación, una especie de enfermera robot, según
él mismo.
Sin embargo, sugiere
que su ambiente inteligente podría quitarle el empleo al personal que
trabaja en esta área. “No quiero reemplazar a nadie. Los lazos sociales
pueden mantener viva a la gente. Pero mucha gente miente sobre lo que
puede y no puede hacer, y con mi proyecto los trabajadores sociales
tendrán un panorama mucho más preciso. Ese es un tema importante de la
robótica: respetar el contacto humano”.
No hay duda de que
el contacto humano es sumamente importante, pero la gente también puede
sentir un gran apego hacia sus amigos mecánicos, sólo pregúntele a
cualquier niño con un Tamagotchi o Furby.
El AIBO de Sony, un
perro electrónico que puede reconocer el rostro de su dueño, fue
utilizado en un estudio realizado por la Escuela de Medicina
Veterinaria de la Universidad Purdue, el cual reveló que las mascotas
robóticas pueden resultar igual de benéficas para los adultos mayores
que los animales de carne y hueso.
Algo que disuelve
aun más la línea entre juguete tierno y ayudante mecánico es el robot
experimental en miniatura, Keepon, que se asemeja a un par de pelotas
de tenis, una sobre otra, con un par de ojos que “miran” fijamente y
que se mueve en respuesta a su ambiente. Este robot no sólo es una
novedad: el Keepon está siendo utilizado para enseñarle a niños
autistas a mantener el contacto visual con los demás.
“Esa es la cosa con
los robots”, comentó Wilson. “A simple vista son sólo bonitos, pero
existe una amplia explicación de cómo y por qué fueron desarrollados.
Detrás de un robot existe una enorme estela de documentos técnicos, sin
importar lo lindo que sea”. (Traducción: Mariana Toledo).
alcr