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La Unión Europea estudia implementar como requisito de entrada y salida
de su territorio la identificación mediante huellas digitales y
fotografías a todo turista y viajero, así como ya se estila en Estados
Unidos y en Japón. La idea es contar en un año con una base de datos de
aproximadamente 10 millones de personas, que pueda ser compartida con
"países amigos", que también estén luchando contra el terrorismo.
La iniciativa es parte de un plan más amplio de cooperación entre
América y Europa para seguir la pista a grupos terroristas, ya que la
base de datos que se arme estaría siendo constantemente cruzada con
datos de vuelo, operaciones financieras y números de tarjetas de
crédito.
"Es la única manera de estar completamente seguro de que la gente es
identificable. Con los datos biométricos de los viajeros será mucho más
fácil rastrear potenciales terroristas", señaló una fuente cercana al
proyecto.
Aun cuando los tiempos y la logística del plan están sujetos a la
aprobación del Parlamento, hay opositores al mismo, como la diputada
alemana Sophie in’t Veld, quien ve en la medida una grave violación a
la privacidad de las personas.
"La pregunta es: ¿esto nos hará más seguros?", señaló. El debate de
fondo es el de la libertad, no el del terrorismo. "¿Cómo se van a
prevenir y castigar los abusos en el uso de esa información?"
Por el contrario, Estados Unidos reaccionó favorablemente al plan.
De ser aprobada, la colecta de huellas y fotografías se sumaría a la
ya vigente regla que deben cumplir las aerolíneas de todo el mundo que
entran y salen de Estados Unidos, de enviar por anticipado a las
autoridades estadounidenses los nombres y datos de las personas
transportadas, lo que fue imitado por la Unión Europea en noviembre.
El siguiente paso sería prerregistrar la llegada de los turistas a
territorio europeo, desde el puerto de embarque de los viajeros, sean o
no países que exigen visa a quienes ingresan a su territorio.
Una exigencia más que de momento los europeos no planean aprobar,
aunque Estados Unidos apoya con entusiasmo, es permitir que policías
estadounidenses vuelen armados y uniformados dentro de las cabinas de
los aviones que vuelen entre su país y cualquier otro de la Unión
Europea. De momento lo único que han implementado algunas aerolíneas
del viejo continente es que viajen a bordo oficiales armados, pero sin
uniforme.