juan.rodriguez@eluniversal.com.mx
Contacto con la vida agreste, natural, alegre y norteña es la oferta de este rancho situado cerca del pueblo de Ures.
Fundado alrededor de 1849, ha sido remodelado de acuerdo con el diseño original, además conserva mobiliario de principios y mediados del siglo XX.
Cuenta con su propio lago natural para navegar y pescar (y horas más tarde degustar a tu presa al estilo sonorense).
De hecho, la dueña, María Teresa López, remarca que el rancho se caracteriza por el autoconsumo. El queso, huevo, pollo, pescado y avestruz que se cocinan han sido criados en su propio territorio.
La jornada puede ser de descanso total o actividad continua. El itinerario puede incluir ciclismo de montaña, caminatas, visitas a la presa cercana o un manantial.
El visitante se involucra en las tareas del rancho, como son la ganadería –incluida la ordeña de vacas– la agricultura o alimentación de los animales, cosa que los niños disfrutan de manera especial.
La comida típica de la zona incluye la carne asada –común en todo el norte, famoso por la calidad de sus cortes–, la machaca con sus enormes tortillas de harina, el caldo de queso y los dulces de miel de caña.
Según su propietaria, empezaron a recibir turistas apenas en 2002 y son el único rancho que aparece en la guía de geoturismo de la revista National Geographic.
Cuentan con seis habitaciones dobles y el alojamiento no es como un hotel abierto al cual se puede llegar en cualquier momento, es necesaria la reservación previa.
Dado el movimiento que implica la contratación temporal de cocineras y personal de servicio, atienden sólo a grupos, que pueden ser de ocho a 12 personas. También recomiendan una estadía de dos a cinco noches para participar en las actividades y conocer los alrededores.
Una buena forma de conocer otro México. Alegre, natural, agreste y trabajador.